Al borde de la mayoría absoluta, el día 25 de enero vivimos una larga victoria de Syriza, que expresa un simbólico triunfo de los y las que estamos en contra de la política de austeridad que han reducido nuestros países al hambre, a la miseria, a la injusticia y a la desigualdad.
Los y las que estábamos en Atenas esa noche en la Plaza de la Universidad, con banderas en las que abundaba el rojo e incluida una tricolor, esas más o menos 10.000 personas, multitud realmente heterogénea, por la edad o la nacionalidad, pero homogénea en las inmensas sonrisas que tenían nuestras caras, disfrutamos de un momento histórico.
En una época de desprecio a la democracia, al ser humano, donde sólo mandan los mercados y el imperialismo, que una fuerza política de izquierdas pueda imponerse en las urnas es un hito. Ni las presiones de Draghi, ni de Merkel, Lagarde y el resto de pistoleros de la Troika doblegaron a todo un pueblo.
Esta victoria supone de alguna manera una especie de levantamiento democrático contra las políticas de austeridad que la UE neoliberal ha aplicado sin piedad: Primero los bancos, da igual que la gente coma o no. Y estas políticas han sido fervientemente apoyadas por Nueva Democracia y PASOK de la mano, los conservadores y la socialdemocracia entregada a las multinacionales. Es un éxito sin precedentes que esperemos que sí cree precedentes.
Las mentiras del famoso anti europeísmo de Syriza no han sido creídas, ni por los y las griegas ni por la izquierda europea. ¿Cómo va a ser antieuropeista Tsipras, que fue nuestro candidato a la Presidencia de la Comisión Europea? Las mentiras tienen un límite en la inteligencia de las personas. Pese al feroz control de los medios de comunicación vertiendo mentira tras mentira, los griegos se despertaron el día 26 con un primer ministro sin corbata, sin crucifijo en su juramento y que inmediatamente fue al memorial dedicado a 200 griegos que murieron luchando contra los nazis a depositar flores…
Y ahora queda lo más gordo que es cumplir el programa. Es cierto que visto de fuera parece chocante el pacto con el Partido de derechas griego Griegos independientes. Pero en el pacto no se ha tocado una coma del programa, lo que se consigue es una estabilidad en el Gobierno imposible con 149 votos, y con un acuerdo en las líneas económicas que vemos reflejado desde ya: cese de las privatizaciones de las eléctricas, aeropuertos y el puerto del Pireo; aumento del salario mínimo de 586€ a 751 (100 € por encima del SMI en España)… Y así al menos frenan el hambre, la pobreza energética y la sangría de pérdidas de dinero y puestos de trabajo con las privatizaciones. Son medidas que los y las griegas notarán desde el primer momento.
El efecto dominó en Europa va a darse de una forma clara. Lo que el gobierno griego hace es actuar contundentemente. Las movilizaciones se tienen que dar en su apoyo y también pensando en nosotros, no sólo como solidaridad. Hay que hacer un fuerte trabajo común en el sur para solucionar el tema de la deuda que no es griego, es también español, portugués, italiano…estudiar qué parte es ilegítima y tener tiempo de crear empleo, infraestructuras, servicios públicos y luego hablamos de la deuda con un plan común de la izquierda europea.
Sólo con esas actuaciones se saldrá adelante. Ya hemos visto que las medidas de austeridad no sirven. El dogma de la Europa liberal y de la libre concurrencia ha muerto.
El futuro que nos aguarda es apasionante, aunque es cierto que alguna cuestión chirría y resulta difícil de entender excepto en el marco de una Syriza formada por muchas tendencias a las que hay que contentar, y las víctimas somos siempre las mujeres. Syriza tiene un elenco de mujeres de una preparación extraordinaria, tenemos a la nueva presidenta del parlamento Zoe Constantopoulou o a Rena Dourou gobernadora de la región de Átika. Y a otras muchas que podría citar con nombres y apellidos. Algunas, seis, han accedido al puesto de viceministras cuando deberían ser ministras. Esperemos que esta situación se solucione cuanto antes, primero por derecho propio de las mujeres de Syriza, y segundo porque en la izquierda esa imagen nos hace mucho daño y nos quita credibilidad.






