El acuerdo nuclear con Irán, un paso decisivo para la paz

El gobierno israelí, encabezado por Benjamín Netanyahu, se queda solo en el empeño por atizar las diferencias entre Irán y Occidente.

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Después de 18 meses de intensas negociaciones diplomáticas, las negociaciones entre los cinco estados del Consejo de Seguridad (EEUU, China, Francia, Reino Unido y Rusia) más Alemania (P5+1) e Irán, concluyeron con un preacuerdo a culminar en el mes de junio sobre el programa nuclear iraní.

El memorando determina que Irán reducirá paulatinamente su posesión de uranio enriquecido, de las 10 toneladas que actualmente tiene a 300 kilos –los cuales serán concentrados en una sola planta y puestos bajo supervisión de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), junto con las centrifugadoras y otros instrumentos de enriquecimiento del mineral, que el resto será diluido o llevado al extranjero y que la planta de desarrollo nuclear de Fordow será convertida en un centro de investigación científico y tecnológico. Estados Unidos y la Unión Europea, por su parte, se comprometen a dejar sin efecto las sanciones económicas impuestas a Teherán en cuanto la AIEA verifique el cumplimiento de las condiciones y plazos. Ambas partes, asimismo, se comprometen a promover la colaboración internacional en energía atómica civil y seguridad nuclear.

Por tanto, deben quedar atrás las sanciones económicas e incluso los planes para una hipotética acción militar norteamericana sobre las plantas nucleares con el apoyo incondicional del gobierno de Israel.

El embargo económico de la Unión Europea y las sanciones económicas de los EEUU a Irán, (decisiones que nunca se deberían haber adoptado ante la voluntad soberana de un país, que quiere desarrollar de forma pacífica su programa nuclear), se han mostrado inútiles para evitar el programa nuclear, pero han creado serios contratiempos a las personas iraníes que sufrieron de forma innecesaria dificultades económicas.

Pero, mucho más peligroso para la paz mundial es el operativo (todavía en vigor) de los EEUU de atacar Irán con armas nucleares y convencionales preparado desde 2005.

En aquel año, el vicepresidente Dick Cheney, ordenó a USSTRATCOM (Comando estratégico) elaborar “un plan de contingencia” que prevé un asalto aéreo a gran escala contra Irán empleando armas nucleares y convencionales. Ese plan va más allá del diseñado por el Pentágono con la administración del Presidente G.W.Bush en el 2001, de no descartar “ataques preventivos nucleares” contra Rusia, China o Corea del Norte.

El plan de 2005, incluía más de 450 objetivos estratégicos en Irán, que sin duda supondrían una hecatombe nuclear dado el actual poder de las llamadas minibombas nucleares norteamericanas, seis veces más potentes que la bomba de Hiroshima.

Desgraciadamente, la administración del Presidente Obama ha respaldado el uso preventivo de las armas nucleares y en más de una ocasión, no ha descartado su utilización en el caso de un conflicto armado, que ponga en peligro a Israel.

Mientras que el programa nuclear iraní descarta su uso para desarrollar armas nucleares, el estado de Israel, incumpliendo todos los tratados de no proliferación de armas nucleares, cuenta con armamento nuclear desde los años 60 del pasado siglo, sin haber sido por ello objeto de ninguna sanción económica ni amenaza militar.

Desgraciadamente, y a pesar del preacuerdo alcanzado en Lausana por el P5+1 con Irán, la reacción del gobierno de Israel, a través de su primer ministro Netanyahu, vuelve a ser una amenaza para la estabilidad y la paz en la región, al amenazar militarmente a Irán.

Esas amenazas, presionan a la administración de Obama que, lejos de descartar definitivamente el uso militar frente a Iran, en declaraciones recientes del jefe del Estado Mayor Conjunto de los Estados Unidos, general Martin Dempsey y del secretario de Defensa, Ashton Carter, califican de “intacta” la opción militar contra Iran caso de fracasar la vía diplomática para impedir que Teherán construya armas nucleares.

“La opción militar, planteada por el Presidente Obama para impulsar una solución diplomática, sigue intacta si falla el camino diplomático a fin de asegurar que Irán no alcance el arma nuclear”, aseguró Dempsey.

Esas declaraciones, empañan el éxito del acuerdo alcanzado, que en sí mismo no sólo resuelve conforme a los Tratados Internacionales el programa nuclear iraní, sino que permite jugar a Irán un papel fundamental en una región del mundo tan desgarrada por la crisis.

El preacuerdo de Lausana deja dos perdedores, que harán cuanto esté a su alcance para obstaculizar su desarrollo y concreción.

Por una parte, el gobierno israelí, encabezado por Benjamín Netanyahu, se queda solo en el empeño por atizar las diferencias entre Irán y Occidente, y por lograr que Europa y Estados Unidos emprendieran una agresión contra Teherán con el pretexto de la proliferación nuclear. La derrota para Netanyahu resulta más dramática si se recuerda que éste se empleó a fondo, y más allá de las reglas básicas de la convivencia entre gobiernos, para azuzar a la derecha estadunidense en contra del acuerdo.

El otro gran derrotado es el sector de la industria armamentista de Estados Unidos, que ve disiparse las oportunidades de negocio que se le habrían presentado en caso de que la tensión prebélica en el Golfo Pérsico se hubiese disparado hasta una confrontación abierta.

La vía diplomática ha dado un paso decisivo para la Paz que sin duda se consolidará con el acuerdo definitivo el próximo junio entre el P5+1 e Irán, permitiendo a la República Islámica de Irán jugar un papel de estabilidad en la región y de contención al gobierno de extrema derecha de Netanyahu.

Entretanto, y ante las reiteradas amenazas de Israel a Irán, el preacuerdo de Lausana ha permitido a Rusia vender el sistema antiaéreo S-300 a Irán, uno de los sistemas interceptadores más eficaces del mundo, que hará mucho más difícil, sino imposible, cualquier plan de agresión del gobierno de Israel.

El siguiente paso, debería ser la promoción de un compromiso internacional para declarar Oriente Próximo Zona Libre de Armas Nucleares. Para ello, la Unión Europea debería liderar las iniciativas en la región en colaboración con las Naciones Unidas para lograr una contribución definitiva a la Paz y al desarme.

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