¿Cómo se debe articular la unidad popular? ¿Cómo combinar al mismo tiempo el trabajo electoral y la movilización? ¿Qué grado de autonomía deben tener los movimientos sociales? A éstas y otras cuestiones han intentado responder activistas referentes en diversas luchas durante la charla Unidad popular y movilización continuada celebrada ayer en la Fiesta del PCE, abordando temas que requieren claras respuestas en estos tiempos.
Agustín Moreno, activista de la Marea Verde por la Educación, expuso en una intervención ordenada y precisa los objetivos transformadores que toda fuerza de progreso debía tener como meta así como los riesgos que en estas próximas semanas hasta la contienda electoral, acechan a esas fuerzas de progreso.
El objetivo primero de toda fuerza de progreso es acabar con los gobiernos neoliberales y la exigencia primera para esas fuerzas es la unidad. Moreno hizo hincapié en la necesidad de que los movimientos sociales mantengan su autonomía, para evitar, como ocurrió en el pasado, gobiernos amigos que se convierten en enemigos.
Entre las propuestas programáticas emanadas del movimiento de la Marea Verde avanzó por supuesto las relativas al ámbito propio de ese movimiento, a saber, la derogación de lasLOMCE y de las privatizaciones. Junto a ellos, expuso también las propuestas de un programa de mínimos, de un decálogo con un alcance más allá de las elecciones que incluye entre otras la derogación de la reforma laboral; el derecho a techo; educación pública; sanidad pública; fiscalidad progresiva, etc.
Para Moreno existen sin embargo una serie de riesgos a corto-medio plazo que amenazan a las fuerzas de progreso. Además de constatar un cierto reflujo en el proceso de movilización, que el atribuye a la llamada doctrina del Shock, a una merma en la capacidad de reacción ante los ataques del adversario, enumeró cuatro elementos de riesgo que pueden poner en riesgo el impulso movilizador:
1. Riesgo de que la contienda electoral que se avecina subsuma a la calle, y sustituya a la movilización.
2. Riesgo de que la unidad popular no fragüe por culpa de cálculos electorales estrechos.
3. Riesgo de que por causa de las elecciones catalanas el 27-S, el centro de gravedad pase las cuestiones sociales a las cuestiones territoriales e identitarias.
4. Riesgo de que a las fuerzas de cambio no le den los votos, no obtengan el respaldo electoral suficiente y se desinflen las expectativas de cambio.
Si algo ha sido común en las bocas de los participantes, ésa ha sido la necesidad de “mantener la movilización” y que la lucha en la calle (las EuroMarchas, la jornada de lucha del 22 de octubre o marcha feminista del 7 de noviembre) no sea un movimiento más en la lucha electoral, porque “con los votos no se cambia todo de un día para otro”, ha señalado el valenciano Vicenç Mauri, sindicalista y activista de las Marchas de la Dignidad.
En cuanto a la unidad electoral, la “horizontalidad, asamblearia, diversa y con el respeto a la diferencia” han sido los principios que han tomado como fundamentales en estos espacios, con la salida popular (es decir, a favor de las clases populares) a la crisis o restaurar la soberanía de los pueblos como objetivos concretos para acabar con el sistema capitalista como horizonte a largo plazo.
Por su parte, Luis Zarapúz, activista por el derecho a la vivienda, ha recordado la importancia de “organizar a la gente a partir de sus necesidades concretas”, así como “la participación de los no tan habituales en política: jóvenes, personas en riesgo de exclusión social…”, pues son los que más sufren las contradicciones del sistema capitalista.
Otra de las luchas más simbólicas ha sido la llevada a cabo por unos servicios públicos y de calidad. Anna Dassy, quien ha recordado que “han cambiado el método, pero la privatización sigue, por eso es más necesario aún seguir luchando, para que no parezca que los conflictos sociales no existen”.
¿Y cómo engarzar todas estas luchas y actores políticos con sus naturales diferencias? Mauri ha destacado el ejemplo de las Marchas de la Dignidad, donde se redactó un programa de mínimos, diez puntos donde entraban las principales reivindicaciones populares: defender la educación y sanidad pública, derogar las reformas laborales, empleos dignos y no precarios, no al pago de la deuda ilegítima, por los igualdad real de la mujer y el hombre, contra la guerra y la OTAN…
Finalmente, y durante las intervenciones de una sala curiosa ante temas poco tratados, se destacó la importancia de trabajar en las Marchas de la Dignidad como espacio de unidad en la calle, y que tienen en las citadas Euro Marchas y el 22 de octubre sus hitos en la primera parte del curso político. Tenemos los instrumentos, pero está todo por hacer.







