Tres años de retraso respecto a Europa -algo habitual en este país-, pero al fin se hace justicia con uno de los músicos más grandes y generosos de este país: Jorge Pardo, quien ha recibido el Premio Nacional de las Músicas Actuales 2015, concedido por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. Se le reconoce, para justificar tal galardón, “su talento como intérprete y compositor”, su empeño de muchos años para “establecer puentes entre la tradición hispana, sobre todo la flamenca, con otras músicas del mundo” o su “capacidad para convertir el instrumento en voz poética”. Jorge Pardo toca los saxos (sobre todo barítono y soprano) y la flauta travesera. No canta, pero cuando sopla esos instrumento de viento se convierten en voces con una hondura sin igual.
En el 2012 recibió el premio al Mejor Músico Europeo de Jazz por parte de la Academia Francesa de Jazz y eso fue motivo para darle el protagonismo en esta sección. Hoy vuelve con merecido honor. Ya en aquél artículo de marzo de 2012 hacía referencia a su proyecto “Huellas”, que se quedó en una producción menor por falta de presupuesto, pero que salió adelante gracias a esos amigos y colegas con los que lleva tantos años creando melodías y armonías que cabalgan entre el jazz y el flamenco. Mencionaba discos en los que Jorge Pardo me ha hecho disfrutar, como son ‘Live in America’ siendo parte de la banda de Paco de Lucía; o con el pianista Chano Domínguez recreando diez piezas de Paco de Lucía. También esos dos soberbios discos titulados ‘Jazzpaña’, donde el flamenco se hermana con el jazz a través de una Big Band dirigida por Vince Mendoza.
En declaraciones a El País (27 de octubre de 2015), al conocer su elección, declara que “lo que más me gusta del premio es la justificación que han dado para dármelo”. Es una mención a su “magisterio e inspiración que supone para las nuevas generaciones de músicos. (…) Me encanta que reconozcan mi labor de acercamiento a las nuevas generaciones y el interés por lo que estamos haciendo los músicos de mi generación, que no tocamos la guitarra ni cantamos, pero somos flamencos como el que más”. Ese día, por ejemplo, iba camino de los ensayos en el Auditorio Nacional de Música. Allí, él y el guitarrista flamenco Niño Josele (otro gran talento que ha estado en esta sección) acompañarían a uno de los más longevos y reputados pianistas del jazz actual, Chick Corea.
Dice de él, que es un músico impuro. Eso es lo que le engrandece. No pone ninguna barrera a sus trabajos, a sus colaboraciones, a sus conciertos. Con él, la flauta travesera y los saxofones suenan flamenco por cada orificio. Su estilo es sutil, melódico, agresivo, imaginativo, embaucador. Ataca las notas con igual maestría en los pasajes tiernos como en los ásperos. Un enamorado del jazz progresivo y del flamenco renovador. Vive de tocar en directo, porque sabe que de los discos se malvive en este país tan proclive a la piratería y a la cicatera programación musical de las emisoras. Es uno de esos músicos de sesión, que como el baterista Tino di Giraldo o el bajista Carles Benavent -por nombrar a dos que han dado forma a la renovación del flamenco y el jazz en España- están en decenas de grabaciones.
Si algún lector desconoce la obra de Jorge Pardo, le recomiendo que escuche con atención ‘Veloz hacia su sino’, un disco de 1993 publicado por el sello Nuevos Medios. Una obra maestra del jazz-flamenco que gana enteros con el tiempo.







