En sueños veo que mi hijo viene por el camino, vuelve a casa, le veo en la puerta y entra para abrazarnos todos con él. Entonces abro los ojos, creo que aún siento su calor, y me doy cuenta que está lejos, la distancia me aplasta el pecho, y en un arranque de furia, de ira, apretando los dientes y cerrando los ojos, concentrado en mi ser maldigo con todas mis fuerzas a los ladrones de España. Los ladrones que han robado el futuro, que se han llevado los miles de millones, los cientos de miles de millones que debían servir para que los jóvenes se pudiesen labrar su vida aquí: 800.000 mil jóvenes se han tenido que marchar por el mundo para empezar nuevamente. Todas las mañanas maldigo a los canallas que han echado a mi hijo de nuestro lado, a los cientos de miles de hijos porque les han robado su país y su futuro. Una de las dos Españas es ladrona, una de las dos Españas nos rompe el corazón. En un cine en que ponían un documental sobre la juventud española que había ido a trabajar a los países más lejanos porque el latrocinio aquí les impedía vivir, en un momento en que se permitió intervenir, grité a la gente que asistía que todos los días me acordaba de mi hijo al despertarme, y de la canalla que nos había obligado a que se marchase y había robado y destrozado nuestro país, y concluía: ¡a la cárcel con ellos! ¡a la cárcel!, la gente aplaudía y aplaudía conforme hablaba, ¡manifestaros! ¡organizaros!, ¡sumaros a las Marchas de la Dignidad!, ¡tenemos que conseguir que cambie el país para que nuestros hijos vuelvan! ¡para que nuestro futuro vuelva! ¡que no se escapen los ladrones!. Días después Madrid se iba a ver envuelta en la mayor concentración que había conocido. Desde entonces el enemigo ha trabajado muy bien dentro y fuera de las organizaciones políticas, sindicales, sociales, ha conseguido frenar, dividir, desorientar, y que nuestro futuro lo dejemos ir por derroteros sin rumbo.
¿Pero en qué punto estamos hoy?: la desmovilización es general, las organizaciones políticas que se dicen de la izquierda han vuelto la cabeza a la pantalla electoral, han olvidado a la gente, negocian acuerdos en algún caso con la parte delegada para el asunto de los mismísimos que hicieron reformas laborales, cambiaron fundamentos de la Constitución, entregaron la soberanía y la capacidad de decidir a la banca alemana, privatizaron la enseñanza, la sanidad, convirtieron el trabajo en trabajo basura, enterraron los salarios, y buscan acuerdos con esa gente de espaldas a las reivindicaciones sociales, a eso le han llamado la segunda transición hablan y hablan de la futura formación de gobierno. Todo apunta a que lo que la reacción ha conseguido se quedará en la base de la sociedad que continúa. Gracias a la solución que le han dado a Rita Barbera, (presidenta de la Comunidad Valenciana, donde según los cálculos han robado 45.000 millones de euros), ya sabemos para qué sirve el Senado: no es un cementerio de elefantes como se venía diciendo.
En ningún discurso hay una sola palabra de recuerdo a la clase trabajadora emigrante. Los ladrones no han ido a la cárcel, los vemos todos los días, no devuelven lo robado, se les protege con la ley.
A mí hijo emigrante y a mi hija que puede que tenga que emigrar, les leo el poema de Bertolt Brecht “Sobre la denominación de emigrantes”:
“Siempre me pareció falso el nombre que nos han dado: emigrantes. // Pero emigración significa éxodo. Y nosotros // no hemos salido voluntariamente // eligiendo otro país. No inmigramos a otro país // para en él establecernos, mejor si es para siempre. // Nosotros hemos huido. Expulsados somos, desterrados. // Y no es hogar, es exilio el país que nos acoge. // Inquietos estamos, si podemos junto a las fronteras, // esperando el día de la vuelta, a cada recien llegado, // febriles, preguntando, no olvidando nada, a nada renunciando, // no perdonando nada de lo que ocurrió, no perdonando. // ¡Ah, no nos engaña la inquietud del Sund! Llegan gritos // hasta nuestros refugios. Nosotros mismos // casi somos como rumores de crímenes que pasaron // la frontera. Cada uno // de los que vamos con los zapatos rotos entre la multitud // la ignominia mostramos que hoy mancha a nuestra tierra. // Pero ninguno de nosotros // se quedará aquí. La última palabra // aún no ha sido dicha.”







