“En esta obra -la Revolución de Octubre- nos referenciamos en Lenin”
Ginés Fernández
“El sentido del comunismo, el sentido de la revolución es permanecer”
Gionvanna Venegas
“El comunismo es la idea más hermosa que ha alumbrado el ser humano”
Álvaro Aguilera
“Octubre va a convertirse en el faro que alumbra al movimiento obrero”
“La Revolución se convierte en el polo de referencia en torno al cual todas las opciones políticas se definen”
Fernando Hernández Sánchez
El pasado 27 de octubre tuvo lugar en Madrid el Primer Foro de Mundo Obrero. La presentación corrió a cargo de Ginés Fernández, director de Mundo Obrero, quien dio a conocer los objetivos del Foro como “un espacio para el debate y la reflexión del conjunto de la organización, un ámbito de participación sobre temas fundamentales de la política del Partido” y que arranca su primera edición anticipando el próximo aniversario de la Revolución Rusa de 1917, bajo el lema “La Revolución de Octubre, una perspectiva histórica”, gracias al impulso de la iniciativa “Espacio 2017”.
Fernández, quien animó al estudio y al análisis de la obra de Lenin y la Revolución de Octubre a través de las diferentes ediciones previstas para el Foro, explicó que se ha concebido como una herramienta capaz de desarrollarse en los diferentes territorios: “Quisiera hacer en este marco una serie de consideraciones, no tanto sobre la Revolución de Octubre sino sobre la reflexión de que toda obra tuvo un autor y, en esta obra -la Revolución de Octubre- nos referenciamos en Lenin”.
Por su parte, Giovanna Venegas en representación de “Espacio 2017”, relató el nacimiento de esta iniciativa gracias al impulso de la Agrupación de Técnicos y Profesionales del PCM, para conmemorar el centenario de la revolución soviética y aglutinar a todos los movimientos y actores interesados, con el objetivo de despertar y hacer partícipes de este proyecto a cuantas personas se sientan identificadas con la ideología y valores comunistas. “Espacio 2017” nace como un proyecto para continuar más allá de la celebración del centenario de la revolución porque “el sentido del comunismo, el sentido de la revolución es permanecer”.
La representante de la comisión, también tuvo unas palabras de agradecimiento para el PCM y el PCE por el apoyo recibido para seguir “sembrando” en las diferentes federaciones e ir aglutinando el trabajo en común de las mismas, donde todos y todas nos sintamos partícipes de este proyecto; uniendo esfuerzos y aunando luchas para trabajar en el trasfondo que subyace tras la revolución rusa: un profundo cuestionamiento del capitalismo y de las grandes diferencias sociales donde debemos “asumir que queremos ser comunistas y queremos un mundo mejor”.
El Secretario General del PCM, Álvaro Aguilera, destacó en relación al Foro la intención de que vaya permeando entre la militancia que el último jueves de cada mes tendrá lugar una charla o debate sobre temas de actualidad e importancia política. Durante su intervención, Aguilera señaló los que, a su juicio, serán los grandes retos que esperan a lo largo del próximo año, como la necesidad de “conmemorar la revolución y el proceso histórico más interesante de emancipación que se ha producido en la historia de la humanidad” o luchar contra los intentos que previsiblemente tendrán lugar para criminalizar el comunismo, el proceso de la revolución soviética y sus logros, donde sin duda “será necesario confrontar y dar una batalla ideológica” que habrá que trasladar a la sociedad. De igual modo, Aguilera quiso reivindicar el espacio histórico de 1917 para vincularlo con el presente y el futuro para recuperar la capacidad de dirigir los procesos hacia la mayoría social. “El comunismo es la idea más hermosa que ha alumbrado el ser humano y es nuestra tarea hacer entender a la mayoría social que es así”, declaró.
La intervención central de este primer acto del Foro de Mundo Obrero, fue la desarrollada por el historiador Fernando Hernández Sánchez, quien comenzaría afirmando que la historia siempre interroga al presente y la Revolución de Octubre lo hizo en su momento como lo sigue interrogando hoy en día. Para Hernández Sánchez, se trata del acontecimiento que da lugar al nacimiento del siglo veinte, el cual comienza política y socialmente en 1917. Se produce en un contexto muy convulso, globalizado y donde la revolución va a estallar en su eslabón más débil. Elementos como la oligarquía, una monarquía casi teocrática, atraso, feudalismo, grandes desigualdades y varias derrotas militares encadenadas (desde 1914) marcan su inicio. Octubre va a convertirse en el faro que alumbra al movimiento obrero, fundamentalmente en los países occidentales que van a ver en ella la concreción de algo que llevan tiempo buscando y que la socialdemocracia mayoritaria y tradicional -para conservar sus posiciones adquiridas- había negado en 1914: la posibilidad de oponerse a la guerra, repartir la tierra a los campesinos y tomar el poder político para ejercer el poder en nombre de una clase.
En torno a 1923 -prosigue- entramos en una fase en la que se produce un alto en el esfuerzo de expansión de la revolución más allá de la Rusia soviética; paradójicamente, la revolución queda constreñida a sus fronteras en lo material, pero ideológicamente trasciende, vuela y acaba por implantarse en la conciencia, estrategia y tácticas de aquellos que en la izquierda de cada país van a constituir los partidos comunistas, como también en la conciencia como peligro de las clases dirigentes en los países del mundo capitalista; el experimento socialista se convierte en los años veinte en algo que va a definir el tablero político entre 1925 y las vísperas de la Segunda Guerra Mundial. La revolución se convierte en el polo de referencia en torno al cual todas las opciones políticas se definen.
La percepción de que los fascismos se estaban extendiendo en Europa como un peligro es la que va a llevar a uno de los grandes giros del movimiento revolucionario en 1935, que consistió en romper el aislamiento con la intención de frenar al fascismo con la colaboración de otros sectores, de las clases populares o de los movimientos de izquierda que no estaban dispuestos a dejarse barrer. Para el historiador, éste fue uno de los momentos más esplendorosos de la política del siglo XX, la conocida como política de los Frentes Populares. En primer lugar, porque logra ampliar la base del movimiento popular mucho más allá de los límites de la clase; en segundo lugar porque aunque sin romper con el marco del estado capitalista, los gobiernos del Frente Popular dan la capacidad de interlocución y la capacidad de control de la decisión a beneficio de una clase. Conquistas fundamentales de lo que hoy conocemos como el estado de bienestar se deben al impulso propiciado por los gobiernos de los Frentes Populares.
A continuación, Hernández Sánchez hizo un repaso por los elementos que culturalmente también le debemos a aquella época como el concepto de militancia, la incorporación de los jóvenes a la misma o la feminización de los partidos políticos, constituyendo las mujeres a partir de 1937 el porcentaje fundamental de nuevas integraciones en las filas del PCE. Son todos estos elementos, actuando conjuntamente, quienes otorgan personalidad propia al movimiento revolucionario. Entre 1945 y 1947, encuentra otro momento de esplendor, cuando los comunistas en occidente se integran en los movimientos de reconstrucción nacional.
A partir del año 68 en adelante, comienza una etapa más oscura donde -en palabras de Fernando Hernández- hay un proceso de glaciación que los partidos comunistas deberían evitar, no pudiendo ser partidos conservadores puesto que “cuando uno se dedica a conservar el status quo, aunque sea un estatus adquirido por uno mismo, acaba convirtiéndose en freno de la relación dialéctica con su propia sociedad”. De este modo, en los años 60 parece que el comunismo va avanzando a nivel mundial pero en su epicentro, en el lugar donde había sido la revolución inicial se va produciendo un proceso de anquilosamiento, que va a producir una ruptura desgarradora para la izquierda occidental, la llamada Primavera de Praga en 1968. Los años posteriores a 1980 son terribles en el sentido de que la solución del capitalismo avanzado a la crisis del petróleo del 73 va a ser acentuar el proceso de acumulación, el proceso de concentración de la riqueza de los mecanismos redistributivos del estado de bienestar.
Sobre la lucha de clases y la lucha hegemónica, Fernando Hernández Sánchez estima que cuando se acusa a la izquierda de utilizar un lenguaje belicista sobre la lucha de clases y la lucha por la hegemonía, hay que recordar que nadie como la derecha para eso, citando seguidamente a Margaret Thatcher: “Yo creo en la lucha de clases, y además la voy ganando”.
Continuando su intervención, Hernández Sánchez se traslada a los años 90, concretamente a 1993, del que afirma “no fue el final de la historia, fue el final de la prehistoria”. Decía Marx que cuando se implantara el capitalismo a nivel mundial la prehistoria humana habría acabado, aunque lograron desarticular prácticamente lo que eran los fundamentos de lo que había dado lugar al movimiento obrero organizado, a sus expresiones políticas y, por lo tanto, a los estados que habían ejercido el poder en su nombre. Fue la época de la desindustrialización, de la deslocalización industrial, de la desproletarización y de la atomización de la clase trabajadora. El objetivo era pulverizar a la clase trabajadora y a sus organizaciones, empezando por los sindicatos. Ahora bien, llega el 2008 y queda patente que el capitalismo no era “la mayor felicidad para el mayor número”, sino que es un sistema que se basa en la apropiación del beneficio por la minoría, en el aplastamiento de la mayoría y en la sucesión de crisis cíclicas cada período determinado.
Hernández Sánchez concluye aquí el recorrido o aproximación histórica en su intervención, para plantear una fase de análisis: la pregunta sigue siendo la misma que se hacían en la Rusia soviética: “¿Qué hacer?”. Estamos en un momento –prosigue- en el que han vuelto a surgir de forma muy virulenta aspectos como la polarización social, la pauperización de amplias capas de la población, la explotación del trabajo precario, dando lugar incluso a la aparición de lo que podríamos llamar el “precariado” como sector de la clase trabajadora. Estamos viviendo un período convulso en el que todo está por definir.
Fernando Hernández Sánchez quiso finalizar su intervención con una metáfora, relatando que en los primeros años del austericidio en Grecia, durante las movilizaciones que por aquel entonces ya se habían vuelto habituales en la Plaza Sintagma “donde se expresaba con total intensidad aquello que conocemos como lucha de clases”, llamó la atención mediática un perro callejero, de nombre Lukanikos. El animal se hizo famoso por permanecer en todas las manifestaciones en primera línea y defender a los manifestantes de la policía. Tal fue el impacto de su insistente presencia que la revista Times le nombró personaje del año. Lukanikos moriría en una casa de acogida a consecuencia de golpes propinados por la policía y la inhalación de gases lacrimógenos. Para Hernández Sánchez, la metáfora de Lukanikos, un perro callejero, mestizo y cimarrón es que supo elegir a la gente con la que alinearse, que supo elegir el lugar adecuado, Lukanikos representa este movimiento mestizo y combinado, que no tiene un perfil determinado pero que agrupa unas ideas muy distintas y que “eso sí, sabe elegir el lugar adecuado en la lucha por la libertad y en la lucha por la igualdad”.
El acto finalizó con la intervención del público asistente en un turno de preguntas.
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SOBRE LA FIGURA Y LA OBRA DE LENIN
Francisco Fernández Buey responde a preguntas de Marta Camps Calvet sobre la figura y la obra de Lenin. Entrevista realizada en mayo de 2003 y que fue publicada en abril de 2013 en la revista Mientras Tanto (http://goo.gl/7XWuJp)
¿Qué nuevas aportaciones hizo Lenin respecto a la teoría de Marx y Engels? Sobre todo en lo que se refiere a la idea de partido.
Yo creo que la aportación principal de Lenin es, en primer lugar, una aplicación de la teoría económica, como decía Marx, de la ciencia económica, al análisis de las condiciones económico-sociales de la Rusia de comienzos de siglo. Este punto es importante, porque probablemente la primera aportación substancial de Lenin es su análisis del desarrollo del capitalismo en Rusia, y este análisis está muy inspirado en el punto de vista económico de Marx. Y esto es anterior a cualquier juicio que hagamos sobre otras aportaciones. La segunda, y yo creo que la más importante, digamos que es su teoría política. En Marx hay muchos apuntes, muchas consideraciones, muchas cosas interesantes para una teoría del partido, pero Marx no tuvo partido, y este es un punto importante; conoció, pues, la Liga de los Comunistas, estuvo allí unos meses; conoció la Primera Internacional, pero ésta tampoco era un partido en un sentido propio, y, por lo tanto, Lenin es probablemente de los primeros que se han planteado el asunto específico de lo que podía ser un partido político socialdemócrata, que era la palabra que se usaba inicialmente en 1903, en 1905, y esto yo diría que muy adaptado a las características específicas de la situación rusa de la época. Hay otras aportaciones a la teoría marxista del partido; por ejemplo, la de Rosa Luxemburg. Pero la de Lenin es una consideración del partido específicamente adaptada a las condiciones del absolutismo zarista de la época, a la necesidad de un partido clandestino y con una organización profesional muy específica; esto no estaba en Marx. Esta es una novedad, quiero decir radical; esto no estaba en la obra de Marx.
Lenin afirma: “Sin teoría revolucionaria no hay movimiento revolucionario”; ¿piensa que la izquierda actual tiene construida o está construyendo una teoría que pueda dar lugar a transformaciones económico-sociales? ¿O contrariamente piensa que la izquierda, utilizando palabras de Lenin, actúa por espontaneísmo?
Yo creo que es verdad que sin teoría revolucionaria no hay movimiento revolucionario. Creo que la izquierda no tiene aún, bien, que la izquierda sin comillas, que la izquierda de verdad, que la izquierda que se opone de verdad al capitalismo, no tiene aún una teoría; tiene teorías en plural, en competición y discusión; no tiene una teoría revolucionaria. Esto está claro; tiene una importante capacidad de análisis de las contradicciones del sistema, pero no tiene una teoría revolucionaria, y la prueba de esto es que hoy en día la palabra revolución ha desaparecido de la mente de casi todo el mundo. A veces se habla de revolución o de revolucionarios retóricamente, en contextos digamos que no tienen gran cosa que ver con lo que se dirá a continuación sobre lo que hemos de hacer. Por lo tanto, desde mi punto de vista estamos en una fase, o la izquierda está en una fase, más bien de resistencia, no de elaboración de una teoría revolucionaria. La prueba de ello es que la palabra equivalente hoy en día a revolución o a revolucionario es desobediencia, civil o no civil, pero desobediencia. Solamente de manera muy minoritaria, y normalmente cuando es de manera muy minoritaria con más voluntad que teoría, por decirlo así, se podría hablar de carácter revolucionario. Espontaneísmo no estoy seguro, no creo que la izquierda actual sea muy espontaneísta, la verdad, al menos en Europa; es más bien conformista más que espontaneísta.







