El Manifiesto comunista sigue sorprendiendo a cualquier persona que lo lea por vez primera con ojos limpios o que lo relea por segunda, tercera o décima vez (seguro que observa detalles y argumentos en los que no había reparado). Sorprende, decía, por la belleza de algunas de sus imágenes -empezando por sus palabras iniciales-, por muchas de sus ideas-fuerza e hipótesis generales, por su capacidad crítica, por los argumentos exhibidos en varios apartados, por la complejidad-oscuridad para nosotros, para mí en concreto, de algunas de sus afirmaciones, por las excelencias del autor como escritor y, en fin, por la veracidad de algunas de sus predicciones y descripciones, más ahora que en el momento en que fue publicado (hace ahora 170 años). En definitiva, un clásico del pensamiento del que podemos seguir estirando y aprendiendo. Me propongo acercarme a este clásico, a este “material” de la tradición y del pensamiento revolucionario de todos los tiempos presentando y comentando algunos textos de dos de sus grandes lectores-intérpretes: Manuel Sacristán y Francisco Fernández Buey, y señalando, en una entrega posterior, las tesis, reflexiones y fragmentos que a mí personalmente me siguen perturbando, interesando e incluso inquietando.






