Actriz y activista

Pamela Palenciano: «El amor romántico es un opio brutal para las mujeres»

“La igualdad de género es incompatible con el capitalismo. El patriarcado debe acabar junto al capitalismo»

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Si es amor, no duele
Pamela Palenciano | Iván LarreynagaAlfaguara

Pamela Palenciano lleva más de 15 años trabajando sobre la violencia de género. Primero desde la fotografía. Luego desarrollando el discurso durante los años que vivió en El Salvador. Y finalmente con la versión teatralizada de ese monólogo, “No sólo duelen los golpes”, con el que desde hace seis años recorre institutos y teatros de todo el Estado. También ha publicado el libro “El amor no duele” en la colección juvenil de Alfaguara. En ambos denuncia la violencia más invisible, la cotidiana, la que el sistema normaliza, la que domina y mina psíquicamente, la que aísla, empequeñece y anula a las mujeres que la sufren. La historia parte de su primera relación de pareja, que fue de los 12 a los 18 años, para mostrar todos los malos tratos recibidos y asumibles en el imaginario de amor romántico construido y utilizado por el heteropatriarcado.

Pamela tardó años en reconocer que había sido víctima de violencia de género. Nunca es fácil. Por eso, para abordar el tema tan fuerte lo hace con la herramienta política que es el humor, dice que la ayuda a poner espejos y porque es la forma “digerible” de llegar a la gente.

Mundo Obrero: A pesar del humor que le pones, tu monólogo se parece más una sesión intensiva de terapia colectiva para detectar la violencia de género y reaccionar antes ella.
Pamela Palenciano:
Me ha gustado lo de terapia colectiva. Yo cuando empecé a sanarme no lo hice sola. Me he ido sanando conociendo a otras mujeres, creciendo en grupo, en colectivo. Eso me dio mucha más fuerza, había más espejos y te sentías menos sola.

De hecho, este es un proyecto colectivo. Somos tres personas en el equipo: Celia que es agente de igualdad y profesora de un máster de violencia de género en la UNED, Iván, que hace toda la parte de producción, administración y muchas otras cosas, y yo.

Pero la intención ha sido siempre la misma. Denunciar. Y más que denunciar a Antonio, el maltratador, denunciar el sistema patriarcal capitalista. Siempre ha habido la intención de contar hacia afuera. Pero el discurso ha evolucionado a medida que yo he ido creciendo a nivel no sólo por la edad, sino a nivel emocional, teórico, espiritual, porque he ido sanando con mucha gente.

M.O.: ¿Por el feedback recibido de estos años que llevas viajando con tú monólogo, hasta qué punto crees que las mujeres son conscientes de estar sufriendo violencia de género? ¿Cuesta mucho aceptar que tú estás sufriendo, en alguna medida, esa violencia?
P.P.:
Si estás en una situación de violencia siempre lo sabes. Siempre sabes que algo va mal. Evidentemente, no quieres aceptar lo de violencia porque está asociado a algo negativo y no te gusta verte como una víctima. Hay una voz interior que te trata de callar, por parte del maltratador, pero siempre lo sabes. Cuando muchas lo ven, sobre todo las adolescentes que lo suelen detectar más rápido porque hay menos filtros y menos resistencia entonces lloran o se enfadan, el proceso que cada una pasa cuando descubre esto, cuando se te cae el telón y ves lo que hay.

Pones tanta energía en una relación para que vaya bien y que de repente venga alguien y te diga que lo que tú crees que está bien es violencia, pues no te gusta, es complicado.

Pero a quien más incomoda el discurso es a los chicos, porque ataca a los privilegios. Y quien más privilegios tiene más atacado se siente. Pero esa es la idea, no atacar a la persona sino atacar a los privilegios para acabar con ellos.

M.O.: En ese sentido, sueles decir que imitar a un tío es cuestionar muchas cosas del sistema. Y que tú no te ríes de los tíos sino del sistema.
P.P.:
Si es cuestión del sistema, de la masculinidad hegemónica y de la feminidad hegemónica. Quien tenga la masculinidad hegemónica encima, como tío se va a sentir atacado, pero esa es la intención. En el humor más fácil y chabacano de las stand comedy ¿de qué se ríen los humoristas? Y digo los humoristas porque son prácticamente hombres. Pues se ríen de los que están por debajo de ellos que son las mujeres, los homosexuales, lo maricones, los negros, los niños. Ese humor es muy fácil de hacer.

Las que hacemos humor feminista, que somos muchas, lo hacemos desde dentro hacia arriba. Primero me río de mí y luego de quien está encima de mí. Es una teoría muy bufonesca. Los bufones se reían del poder a diferencia del payaso.

M.O.: En tus monólogos no sólo hablas de violencia de género, también lo haces de dominación, de patriarcado, de los privilegios que el capitalismo da a unos pocos, que siempre son los hombres blancos heterosexuales ya sea en la cotidianidad o en la distopía de Cuentos de una Criada, de Margaret Atwood. ¿Es compatible la igualdad de género y el capitalismo?
P.P.:
No. Es imposible. La igualdad de género es incompatible con el capitalismo. El patriarcado debe acabar junto al capitalismo. Por más que las mujeres estemos llegando a lugares que mis abuelas no llegaron a ver, tanto en política como en decisión ejecutiva o en espacio de poder, para mí eso no es igualdad. Hay un feminismo de la igualdad que cree que hemos llegado a un lugar que está muy bien y que hay que aplaudir. Yo digo, bueno, todo lo que es avanzar está bien pero muchas feministas pensamos que eso crea un espejismo de la igualdad en el que hacemos creer a las adolescentes que realmente hay una sociedad igualitaria, cuando no es así. Y que aquí al no llevar burka o nikad impuesto por nuestra civilización o cultura, nos creemos muy libres, pero tenemos otro montón de cargas encima, como la feminidad hegemónica que son burkas invisibles al final. Yo no concibo una diversidad equitativa en el mundo en la que siga habiendo capitalismo. Es que este sistema liberal no da mucho chance.

M.O.: Si todos somos víctimas de los estereotipos que nos han vendido con tanto éxito. ¿Qué responsabilidad tiene el sistema y qué responsabilidad tiene cada uno?
P.P.:
Responsables somos todas y todos. El sistema no está hecho por un monstruo sino por personas que contribuimos a él. Pero eso es muy difícil de asumir Es más fácil decir que es culpa de la sociedad, mirando hacia arriba o buscando responsabilidad en los medios o en la política. Efectivamente, quien más poder tiene más la está cagado, pero todos contribuimos a que esto pase.

M.O.: ¿Cómo romper con los privilegios y los estereotipos?
P.P.:
No es fácil porque requiere mucho más tiempo y energía en la vida, mucha más confianza, más apertura, a veces mucho descoloque, mucho, sobre si lo estás haciendo bien o no. Pero no veo otra posibilidad. Yo a los hombres que tienen que perder privilegios les comento que hay algunos hombres, como mi pareja Iván que dice: “yo hago más que digo”. Hacer cosas que contribuyan a un cambio real y profundo. Y hacerlo desde lo doméstico, desde una revolución que no está a la vista. Porque parece que la revolución se hace hacia afuera, pero desde lo privado, lo doméstico, se pueden hacer cosas muy subversivas.

Lo intentamos de la mejor forma que podemos, con incoherencias y con muchas cosas que nos confluctúan a veces, pero hemos metido mucho curro, muchas terapia y mucha humildad por parte de los dos.

M.O.: ¿Qué es el amor romántico?
P.P.:
El amor romántico es un opio brutal sobre todo para las mujeres. Por construcción social de identidad para nosotras el amor está en el centro y para los hombres está en la periferia como una identidad más que se convierte en algo fuerte, para ellos, pero no es lo prioritario. Para nosotras sí. Y ya no sólo el amor romántico en pareja sino el amor en general, el ser buena hija, buena hermana, buena colega. Y nos sentimos culpables si traicionamos o decepcionamos a alguien.
Es muy muy peligroso porque los mensajes del amor que nos han vendido es el de que todo lo puede y es como que siempre tienes que perdonar cosas que son imperdonables e innegociables. No sólo pasa en una relación de pareja sino también en la familia. Tu padre te ha dado palizas toda tu vida pero tía, es tu padre y te quiere y el pobre, como le pegaron mucho de pequeño pues aprendió eso, entonces entiéndelo porque es que es tu padre. Desde ese amor primario, que supuestamente debe ser un referente de seguridad y confianza y de cercanía, desde la infancia aprendes formas de amor donde cabe la violencia. Entonces ya estás preparada y preparado para que la violencia, los chantajes, la manipulación… se cuele en todas tus relaciones; en las más cercanas, en las laborales, en las de amistad.

M.O.: ¿Cómo valoras la Huelga Feminista del 8-M? ¿Y cuál crees que es el principal objetivo a conseguir?
P.P.:
Lo más positivo va a ser la enorme visibilización. Si particularizamos no es tan fácil. Muchas temen perder el trabajo. A muchas que no se han planteado el feminismo, no les puedes decir que planten el delantal en el balcón y dejen de hacer porque les puede suponer un problema dentro de su casa. Pero a nivel masivo sí va a ser un pelotazo.

Y si conseguimos que los aliados feministas hombres, no vengan a la mani y quede todo lleno de mujeres lesbianas y trans, y se pueda dar una mayor visión desde la feminidad, eso puede ser muy gordo.

Lo importante es que ahora la revolución feminista está ya en los institutos, no sólo en la Universidad. Ya hay chavalas jóvenes que en lugar de tener de referencia un grupo de música, tienen a Frida Khalo o al feminismo. Eso es fuerza.

También me ha parecido importante que en los ejes de violencia se haya sacado el tema de la protección a mujeres que tienen hijos con sus maltratadores y que pasan verdaderas torturas porque la ley les sigue obligando a llevar a sus hijos e hijas con padres abusadores y maltratadores a los que no quieren ver. Juana Rivas ha meneado algo importante que llevaba pasando hace años.

Y luego ya cuando pase el 8 de marzo nos seguiremos reuniendo y debatiendo.

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