La tarea de construir la Utopía, que surge desde hace ya siglos, llegó intacta hasta nuestros días. La necesidad de construirla no es menguante, al contrario, nos llama a la puerta, empuja, es latente, su llama sigue viva. Nunca está oculta, aunque las aguas puedan parecer calmadas.
A ojos de una minoría, la utopía no es necesaria, no es más que es un deseo, un anhelo de los muchos para destruir la estabilidad y el bienestar de los pocos. Están convencidos de que el estado de las cosas no debe cambiar y también se engañan a ellos mismos, argumentando en contra de ella como un imposible, como una idea infantil, idealista y alejada de la realidad, confundiéndola continuamente con una quimera lejana, difícil y ubicada en el espectro de lo no posible.
A ojos de los sin poder, de los sin voz, la utopía parece inalcanzable y es en este punto donde se tiende a caer en la resignación, en asumir que el mundo funciona así y no se puede cambiar, y está diseñado por un ser que se dejó la humanidad por el camino, o mejor dicho, dentro del ser mismo, existe un grado de autodestrucción que el reino animal no ostenta.
En muchas sociedades, es la religión la que sustituye a la tarea de construir una realidad distinta, sirve de consuelo de penas y de alivio, y forma parte de las vidas, alejando la conciencia de las masas, enmascarando la realidad creando un mundo ilusorio. Según Marx, el hombre hace la religión, crea un reflejo de sí mismo, es la conciencia tergiversada del mundo, la realización fantástica del ser humano, y por esto es necesario superar la religión, lo que él denomina la queja de criatura en pena, ese sentimiento de un mundo sin escrúpulos, embrutecido. Es por tanto necesario abandonar un estado de cosas que necesita de las ilusiones y centrarse en construir un mundo no ilusorio, real, y que así el ser humano gire en torno a la razón.
Sociedad alternativa
Abandonando por tanto la idea de las religiones, es necesario y urgente dar pequeños pasos para ir hacia otra sociedad. ¿Cómo se empieza en la tarea de construir una alternativa? No es tarea fácil, aquí esbozo algunas ideas:
Para pensar en una nueva sociedad, no debemos enfocarnos solo en el futuro. El futuro es porvenir, nunca viene. La sociedad alternativa ya debe ir construyéndose en el presente, conviviendo con nuestro día a día.
Hay que plantearla como un horizonte, un camino a seguir radicalmente distinto al mundo actual.
La utopía debe nacer de la idea de frenar el accionar erróneo del ser humano. Debe convertirse en un nuevo accionar, contrario al funcionamiento del sistema, un contraejemplo a la regla universal y hegemónica del capital.
Una sociedad opuesta a las bases capitalistas actuales, que obligue al ser humano a vivir sin malograr el planeta Tierra.
Un nuevo sistema que abandone la condena impuesta hacia las grandes mayorías para poder subsistir. Las coordenadas Norte-Sur, primer mundo-tercer mundo, no tendrían ninguna razón de ser.
Es organizarse desde el antipoder, vencer las subalternidades unilaterales que se han creado. Es un reinicio, un cambio de reglas, un volver a empezar, conservando lo más valioso que ha dado cada civilización en la Historia de la Humanidad.
Es la idea de la sociedad sin clases ni patrones, una sociedad cimentada en la educación, el pensamiento a través de la filosofía, el conocimiento de las artes, las ciencias, la historia, que aprecie el tiempo libre para el enriquecimiento del ser humano. Pensar en el común antes que en el individuo, creer en la importancia de lo público, debatir ideas y proponer soluciones sin miedo.
Es en definitiva, no conformarse con el progreso sino hablar abiertamente de una revolución, más necesaria que nunca.







