Miguel Gallego Porro, un luchador infatigable de Extremadura

Otro luchador infatigable que nos deja en este tiempo canalla. Esta vez le ha tocado a Miguel Gallego Porro, un militante comunista forjado en los años de la clandestinidad. Conocido en todos los ambientes combativos de Extremadura, siempre que pudo nunca faltó a una manifestación o reunión en donde aportaba la sabiduría que dan los años de lucha abnegada en defensa de los intereses de la clase obrera.

Miguel nació en 1939 en el seno de una familia humilde. Sus padres eran pastores en la dura Extremadura de los años de la posguerra. Los militares fascistas que se habían sublevado habían recibido apoyo y financiación de caciques y terratenientes que, como recompensa, contaban con carta blanca para imponer a los trabajadores y a las trabajadoras jornadas inhumanas de sol a sol.

Miguel empieza pronto a trabajar en las labores del pastoreo junto a su familia. Las desigualdades sociales van modelando su pensamiento, haciéndole adquirir conciencia de clase que le llevaría a empezar a militar muy joven, a los 15 o 16 años. A través del contacto con la cuadrilla en la que trabajaba, en una finca en la localidad pacense de Medellín, pide el ingreso en las filas comunistas. «Tú no tienes edad todavía, tienes que ingresar en las Juventudes Comunistas», le dijeron los trabajadores organizados en el PCE.

UN LUCHADOR NATO

Desde entonces defendería siempre las ideas comunistas. Participó activamente en la huelga del arroz, la primera de las grandes luchas en las vegas del Guadiana en 1961. «Aquella huelga fue un acto de fuerza de alcance regional, un desafío al poder y al despotismo de los terratenientes que, valiéndose de la patente de corso que les otorgaba la dictadura, trataban a los trabajadores poco mejor que a los animales», escribiría Miguel en uno de sus libros.

Fue uno de los dirigentes del PCE en Don Benito durante los años sesenta, cuando el Comité Regional de Extremadura estaba en esa población. Manolo Cañada recuerda que hace unos años fue junto a Miguel a ver a Pedro Berrocal a su casa. Berrocal, otro histórico de los comunistas extremeños, que compartió con él la militancia y la responsabilidad, recordaba la visita de Julián Grimau a Don Benito a principios de los sesenta y el encargo a Juan Penena: «Vas a llevar a un camarada a Santa Amalia. Pero tienes que seguir las reglas. Le vas a llevar en el sillín pero no te puedes dar la vuelta, no puedes verle la cara». Aquel camarada era Julián Grimau.

En 1971 emigró a Benidorm. «Me fui con una cuadrilla, me asenté allí. El partido allí no existía. Cuando llegué a Benidorm lo busqué. Me tropecé con un conductor de autobuses con el que trabé confianza. Tanta que le pregunté por el Partido Comunista. En Benidorm había emigrantes de todas partes. Era una ciudad turística y el partido estaba en el verano pero no en el invierno. Constituimos el comité local en una furgoneta. Y luego entramos en contacto con la dirección provincial de Alicante. Conseguimos extender el Partido a Villajoyosa, Altea y hasta treinta pueblos». Allí nacerían las primeras Comisiones Obreras en la construcción y en la hostelería. Las primeras huelgas y los primeros convenios. «En la construcción íbamos piquetes de trescientos», recordaba Miguel.

De vuelta a Extremadura, continuó la militancia comunista. Participó activamente en muchas de las movilizaciones reivindicando una tierra digna en la que los extremeños y las extremeñas podamos vivir. Tenía citas fijas a las que nunca faltaba, como el 1º de Mayo o la marcha anual al campo de concentración de Castuera.

En 2007 encabezó la lista de Izquierda Unida a las elecciones municipales en Don Benito. Eran tiempos duros donde el bipartidismo se lo comía todo pero Miguel no dudó en dar un paso al frente. Siempre que podía aportar no dudaba en hacerlo, mostrando una generosidad infinita.

A Miguel le gustaba mucho filosofar, conversar y escribir. En los últimos años combinó la lucha con la escritura. Cuatro libros: Manada sin jefe, Vivencias (hombres y mujeres del campo), Los disfraces del mal y El honor de los pueblos, sobre el crimen de Don Benito, cuando en 1902 un cacique despechado violó y asesinó a la joven Inés María. «Los escritores creamos mundos maravillosos», decía con ironía.

Tenía pleno convencimiento en los ideales emancipadores del comunismo y prestaba atención especial a la juventud, a la que siempre animaba a seguir en la lucha. Miguel, eres ejemplo porque nunca claudicaste ante tanto caciquismo y clientelismo como se ve de manera evidente estos días en nuestra tierra. Tu memoria nos acompañará siempre.

ETIQUETAS:

Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.