No a la guerra, no al militarismo

Refugiados de Ucrania
Foto: es.weforum.org

La guerra en Ucrania es el producto de décadas de conflictos por el reparto del mundo. La mayor obligación de la izquierda es sacar a la luz las razones de fondo de esta guerra, el papel de las distintas potencias y cuáles son los intereses de la clase trabajadora y de los pueblos, sin permitir…

La guerra en Ucrania es el producto de décadas de conflictos por el reparto del mundo. La mayor obligación de la izquierda es sacar a la luz las razones de fondo de esta guerra, el papel de las distintas potencias y cuáles son los intereses de la clase trabajadora y de los pueblos, sin permitir que se nos manipule para utilizarnos en una escalada militarista.

En primer lugar, hemos de mostrar nuestra solidaridad con el pueblo y la clase trabajadora de Ucrania, que es la primera víctima, y exigir el cese de la guerra y la retirada de las tropas rusas.

Hay que garantizar el asilo en condiciones dignas a todas aquellas personas que están huyendo de la guerra en Ucrania y de todas las guerras y la miseria.

También es necesario mostrar nuestra solidaridad con el pueblo ruso, con su clase trabajadora y con todos aquellos sectores que sufren la explotación, la desigualdad y un gobierno cada vez más autoritario. Y levantar un movimiento mundial que respalde y dé aliento a la oposición a la guerra en Rusia. La extensión de ese movimiento sería el principal factor que podría frenar a Putin. No hay que confundir a los pueblos con sus gobiernos, a la clase trabajadora y a la clase capitalista. No tienen los mismos intereses. Ningún pueblo tiene interés en oprimir a otro.

No debemos dejarnos engañar por la opinión
dominante en los medios de que el único responsable
de esta situación es el gobierno ruso

Los gobiernos de Estados Unidos no han dudado en hacer lo que hoy reprochan al de Putin cada vez que ha convenido a sus intereses geoestratégicos y económicos.
¿Ha hecho Estados Unidos todo lo que estaba en su mano para evitar la guerra? No. Pudo aceptar un estatuto de neutralidad para Ucrania que posiblemente hubiera evitado el estallido de esta guerra.

¿Por qué Estados Unidos ha actuado así? Estamos ante una lucha entre las distintas potencias imperialistas por el reparto del mundo. Desde la caída de la URSS se lanzaron a una carrera para tomar el control del máximo de países del antiguo bloque del Este, de sus recursos y de sus mercados, con sucesivas ampliaciones de la OTAN, sembrando las condiciones para un conflicto a gran escala.

Eso no exonera a Putin pero sí permite ver que la OTAN ha alimentado las condiciones para este conflicto. ¿Qué logra Estados Unidos? Unificar, al menos por ahora, al conjunto de los Estados de Europa tras su hegemonía mediante la OTAN, una organización militar a la que están logrando cubrir de una falsa pátina de defensora de la democracia. En la medida en que Estados Unidos ha perdido peso en el escenario mundial, en particular por el crecimiento económico y estratégico de China, necesita más que nunca asegurar su dominio sobre Europa. Washington siempre ha visto como una amenaza la posibilidad de una colaboración entre Rusia y la Unión Europea.

Que denunciemos la actuación del gobierno ruso
no implica que apoyemos al gobierno ucraniano

Hay que diferenciar entre el pueblo y el gobierno, entre la clase trabajadora y la clase dirigente. Los oligarcas ucranianos no son mejores que los rusos ni el gobierno ucraniano mejor que el ruso. Desde 2014, aprovechando un levantamiento social contra la política gubernamental, las fuerzas de extrema derecha impusieron un retroceso drástico en los derechos democráticos. Se prohibió al Partido Comunista, se asesinó a activistas de izquierdas y se reprimieron los derechos democráticos, en particular de la parte de la población de origen ruso. Esa persecución dio una excusa y una base de apoyo a Putin para intervenir y alimentó una guerra que ya ha costado miles de muertos. Debemos apoyar al pueblo frente al invasor pero también sus plenos derechos democráticos, incluido el de autodeterminación.

Es comprensible que el envío de armas sea visto con simpatía por muchas personas, pues les anima el justo deseo de que el pueblo ucraniano pueda defenderse de esta agresión. El pueblo ucraniano tiene derecho a defenderse frente al invasor pero ¿se puede garantizar que estas armas van a estar en manos de un Estado y unas fuerzas que defiendan los derechos democráticos?

Hay que denunciar la responsabilidad de la Unión Europea

La UE actúa como un lobby de las grandes corporaciones y un garante de sus intereses, alimentando la desigualdad social que es el caldo de cultivo para el crecimiento de las ideas xenófobas y el nacional patriotismo reaccionario que crece en todos los países de la UE, no sólo en Rusia y en Ucrania. Su política hacia Ucrania ha propiciado el conflicto, pues se le puso como condición para entrar en la UE renunciar a cualquier acuerdo de libre comercio con Rusia, en lugar de buscar una salida que pudiera compatibilizar ambas cooperaciones.

Hay que denunciar la utilización de este conflicto
para fortalecer el militarismo de los países de la UE

El gobierno alemán ya ha anunciado 100.000 millones en gasto militar y eso arrastrará a todos los países europeos a seguir el mismo camino. Tenemos que deshacernos de la subordinación al imperialismo de Estados Unidos, abandonando la OTAN, pero no para crear un imperialismo europeo.

La guerra ya se ha convertido en el argumento para un retroceso en la política económica y social, igual que en el terreno de los derechos democráticos. Por muy criticables que puedan ser los canales oficiales rusos, la solución no es prohibirlos sino informar bien desde el resto. Y la inmensa mayoría de los principales medios de comunicación están dando una visión sesgada del conflicto, eludiendo las explicaciones de fondo y empujando a dar un respaldo acrítico a la OTAN.

Los planes de ajuste van a querer cargar las consecuencias
de la guerra sobre las espaldas de la clase trabajadora

El presidente Pedro Sánchez, en su discurso sobre el envío de armas a Ucrania, planteó un «Plan Nacional de Respuesta al Impacto de la Guerra» que incluirá “el impulso de un pacto de rentas que proporcione estabilidad desde la perspectiva de los costes salariales y los beneficios empresariales”. En la práctica, eso supondrá que la clase trabajadora pague las consecuencias de la crisis que se avecina, pues la patronal ya ha dejado claro su rechazo a subidas de salarios que mantengan el poder adquisitivo. La izquierda sindical y política debe preparase para desenmascarar esos planes y plantear una alternativa.

Este conflicto es el producto tanto del fracaso del régimen burocrático de la URSS como del fracaso de la restauración capitalista con el saqueo de los recursos públicos por parte de la oligarquía, en Rusia y en Ucrania, como en el conjunto de los antiguos países del Este, alentado por las grandes potencias. También del fracaso de la socialdemocracia que hoy vuelve a apoyar una nueva escalada militarista.
El reto de la izquierda es convertir la actual crisis en una oportunidad para elevar la conciencia de la clase trabajadora, uniéndonos por encima de las fronteras tras un programa y una organización común que defienda nuestros derechos, la superación del capitalismo y su reemplazo por una sociedad socialista y democrática para la cooperación entre los pueblos.

En el conjunto de la izquierda transformadora hay distintos puntos de vista sobre esta situación. Es fundamental que se establezcan cauces democráticos comunes para debatir estas cuestiones, en la dirección y sobre todo con la militancia. La guerra, los recortes que se avecinan y los retrocesos en los derechos democráticos nos deben impulsar a construir una alternativa que una a toda la izquierda a la izquierda del PSOE, con libertad de crítica y métodos democráticos.

Fuente: porelsocialismo.net

porelsocialismo.net

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