Compañeros, compañeras, camaradas, amigo Víctor:
Desde la Organización del Partido Comunista de España en Extremadura queremos sumarnos al homenaje popular a Víctor Chamorro, un referente para las personas que hoy luchamos por una región digna en donde no tengan cabida ni el clientelismo, ni el caciquismo que Víctor ha retratado tan bien en sus obras.
Hay una faceta de Víctor Chamorro que es importante señalar, más allá de la novelista: la de historiador. Un historiador atípico, un historiador que busca contar una historia poética de Extremadura, como una historia que emerge de sus entrañas, antes que una historia científica. Ha sido uno de los pocos en acometer la infausta tarea de contar la historia total de Extremadura en su temprana Historia de Extremadura en siete volúmenes (descatalogada, prácticamente inencontrable), así como ofrecer una versión más accesible en su Erase una vez Extremadura.
El papel de Víctor Chamorro en este aspecto, aunque menospreciado por culpa del tiempo y el escaso interés institucional y editorial en estos menesteres, es fundamental. Porque, aunque nos siga haciendo falta una historia técnica pero accesible, él ha escrito ya la historia poética de Extremadura. Una historia poética que, no hay que equivocarse, no es romántica, no romantiza, como un López Prudencio hiciera en su momento, a la «raza extremeña», sino que habla de esta tierra y su pueblo desde la entraña creadora de gente que ha sido pobre, que se le ha obligado a ser pobre, y que ha sabido, con su genio y su habilidad, a pesar de todo y contra todo pronóstico, salir adelante. Eso significa «poético»: la capacidad de hacer los pensamientos realidad, de convertir la voluntad en materia. La visión histórica de Chamorro sobre Extremadura es la de un pueblo que se pone a sí mismo a pesar del asedio del hambre, de la miseria y del saqueo.
La historia que nos cuenta Víctor Chamorro en sus obras es la del pueblo. Claro que hay historia política, historia de tejemanejes, historia de grandes obras, de grandes leyes, y de grandes disputas. Pero también están en sus textos las historias de las supersticiones y de las costumbres de la gente normal que sobrevivía (sobrevive) en el campo extremeño: lo de tirar al santo a la alberca si no llovía, lo de las disputas regionales con la Mesta, lo de los repartos de tierras y las tiranías de los curas y los terratenientes, lo de la solidaridad entre campesinos cuando había hambre… Es historia documentada en los textos y en la arqueología, es historia real, pero que se lee como una novela (que roza hasta lo inverosímil). Es historia, pero es historia que se vive —se lee— como memoria.
El homenaje que se hace a Víctor Chamorro es un homenaje justo y necesario, pero debería ser, además, un homenaje «militante». Un homenaje que recuperara su trabajo, y que profundizara en sus propuestas, y que lo hiciera accesible, y que tratara de completar, de ampliar, de contar más allá de sus páginas, esa historia del hummus de la historia, esa historia global de los extremeños y las extremeñas, que no es otra cosa que la historia de los pobres del mundo; somos ejemplo de saqueo y de explotación, pero no conocemos lo que nos han saqueado y explotado.
La obra de Víctor Chamorro ha sido un punto de partida, que han acompañado otros, pero que al que no se ha dado pábulo ni espacio; valga este homenaje para seguir desbrozando la memoria de esa otra Extremadura que busca abrirse paso hacia atrás, para conocer su historia, y hacia adelante, para hacerse futuro.
Compañero Víctor, gracias por compartir tu pan con el pueblo extremeño.







