Seguridad Social, prestación de desempleo y vacaciones, con 11 años de retraso

Por fin, trabajo decente y derechos reconocidos para las trabajadoras domésticas

El 96% de las trabajadoras son mujeres, muchas de ellas migrantes. Sostienen la vida pero 1 de cada 3 viven por debajo del nivel de la pobreza.

A petición del Ministerio de Trabajo y Economía Social hoy, 9 de junio, se ha ratificado, en el Congreso de los Diputados, el Convenio de la OIT sobre el trabajo decente para las trabajadoras domésticas. En Italia y Portugal dicho convenio lleva en vigor desde 2013 y 2015. En el caso español su ratificación se lleva postergando desde 2011, año en el que se aprobó.

Las trabajadoras domésticas —el 96% de las personas que se dedican al trabajo doméstico son mujeres— en el periodo más duro de la pandemia y el confinamiento fueron consideradas trabajadoras esenciales, esto como mínimo sirve para reflexionar sobre cuál es la importancia y el valor que aporta este trabajo a la sociedad.

Los datos son categóricos, 1/3 de las trabajadoras domésticas viven por debajo del umbral de la pobreza y 1/6 de las mujeres trabajadoras del hogar apenas gana 16 euros al día. Aparte de tratarse de un sector profundamente feminizado, también está formado por un porcentaje muy elevado de mujeres migrantes. La situación de estas mujeres es especialmente sangrante, dado que en muchas ocasiones su situación administrativa irregular las obliga a aceptar condiciones más precarias si cabe en sus contratos de trabajo. Algunas incluso carecen de él.

Una y otra vez, las propias trabajadoras recuerdan que su regularización administrativa es la piedra angular imprescindible para que sus condiciones mejoren sustantivamente. Paralelamente a la ratificación de este convenio, continúa la recogida de firmas para la Iniciativa Legislativa Popular Regularización Ya que, como su propio nombre indica, lucha por la regularización de las personas migrantes. “Somos personas, tus vecinos y vecinas, somos las y los trabajadores esenciales, porque queremos contribuir al sostenimiento de la sociedad en condiciones dignas; porque merecemos estar en el radar de las políticas públicas que nos afectan a todas. Por memoria, por historia, por derecho propio y por justicia social”, afirman desde el manifiesto que han colgado en su página web.

El capital siempre ha hecho una distinción —en ningún caso de manera inocente— entre el trabajo reproductivo y el trabajo productivo, entendiendo el trabajo productivo como aquel que aporta un valor añadido, material si se quiere, a la sociedad (especialmente bienes y servicios), y el trabajo reproductivo como aquel que se da por supuesto y se desarrolla en la esfera privada de la vida: cuidar, alimentar, criar, consolar, escuchar…

El trabajo doméstico, históricamente denigrado, es, sin embargo, la condición de posibilidad para que todo lo demás se pueda dar. No se puede ir a trabajar (en el sentido más clásico del término) si no se tiene ropa limpia, si no se hacen como mínimo tres comidas diarias, si no se duermen las horas necesarias y un largo etcétera de tareas que históricamente han desempeñado las mujeres.

Derechos

Gracias a la lucha incansable del movimiento feminista somos conscientes de que el trabajo doméstico literalmente sostiene la vida. Los derechos nunca llueven del cielo, y la ratificación de este convenio en el Congreso ha sido posible gracias a la lucha organizada de los sindicatos de trabajadoras domésticas, especialmente el Servicio Doméstico Activo (SEDOAC), Territorio Doméstico y el Sindicato de trabajadoras del hogar y de los cuidados (SINTRAHOCU).

La firma de este convenio supone un avance de derechos para las trabajadoras que se materializará en lo siguiente. A partir de ahora las trabajadoras domésticas se incorporan plenamente al Régimen General de la Seguridad Social, es decir, se suprimen los “sistemas especiales” que vulneran el derecho a una prestación por desempleo.

La falta de cobertura de desempleo es una diferencia de enorme gravedad porque no solo impedía una cobertura imprescindible en términos económicos y sociales, sino que también el acceso a otros beneficios vinculados a la prestación por desempleo, como por ejemplo el derecho a transitar a un subsidio asistencial por extinción de la prestación de desempleo contributivo.

La ratificación de este convenio también supone el fin del despido por desistimiento, esta figura jurídica permitía al empleador, por voluntad propia y sin alegar causas adicionales, dar por finalizado el contrato, sin tener la obligatoriedad de justificarlo. El desistimiento se podía producir en cualquier momento que el empleador lo considerase oportuno. En la práctica, esto tenía efectos semejantes al despido libre.

Tal y como gritábamos en las calles el 8 de marzo de 2018 “si ellas paran se para el mundo”. Ese “ellas” no es algo abstracto o inmaterial. Se trata de las mujeres que sostienen todo a cambio de muy poco, devolviendo la humanidad que nos roba un sistema que nos enfrenta entre nosotros haciéndonos peores.

Hoy es, por tanto, un día de celebración. La lucha organizada de las trabajadoras domésticas ha tenido una respuesta institucional que supone un avance de derechos para toda la sociedad. Los derechos se conquistan con organización, militancia y feminismo así lo han demostrado una vez más las trabajadoras domésticas. ¡Que viva la lucha de las mujeres! y ¡Que viva la lucha de la clase obrera!

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