Las huelgas de la primavera de 1962

Hay una lumbre en Asturias

Solo en Asturias hubo 356 trabajadores detenidos y 126 mineros deportados, las empresas mineras despidieron a 198 trabajadores
Huelgas de 1962 en Asturias

Este 2022 se cumplen 60 años de aquella primera oleada de huelgas que calentó España entera entre el 7 de abril y el 7 de junio de 1962. Las conmemoraciones se han centrado en Asturias y León, aunque por su importancia deberían tener un mayor reconocimiento estatal. El descontento en las minas asturianas y el despido a un grupo de picadores del grupo Nicolasa, de la fábrica de Mieres, sería la chispa que encendió esta movilización. Un movimiento que podría haber sido considerado espontáneo, se convirtió en una gran movilización obrera alentada por los comunistas y otros sectores antifranquistas, en especial por cristianos progresistas. Si comenzó con unas decenas de trabajadores en huelga, se amplió a decenas de miles en Asturias y, finalmente, a varios cientos de miles en toda España. Las huelgas tuvieron una gran repercusión internacional, con seguimiento de la prensa extranjera y movilizaciones de apoyo por todo el mundo; justo cuando el gobierno de la Dictadura intentaba dar una imagen aperturista del régimen. Hay que recordar que después de las huelgas tendría lugar el contubernio de Munich, a principios de junio de 1962, entre otros acontecimientos políticos de aquel año que marcaron la Historia del largo final de la Dictadura.

Una oportunidad para crecer y unir a las fuerzas de oposición

El papel del PCE y su militancia fue fundamental en la extensión, propaganda y organización de las huelgas. Tras años de dura persecución, los y las comunistas nuevamente fueron quienes vieron en esta movilización una forma de desarrollar no solo la oposición al régimen, sino la unión con otros sectores y el desarrollo de Comisiones Obreras. Desde Radio España Independiente se alentaba la movilización, convirtiendo a La Pirenaica en la voz de la huelga, frente a la censura del régimen. El PCE lanzaría la consigna: Asturias marcaba el camino. Al PCE se unieron otros grupos izquierdistas y la iglesia de base, junto a los comerciantes e incluso de personas afines al régimen; fueron fundamentales en el sostenimiento de una huelga que duró más de dos meses y afectaba a la subsistencia de miles de familias. También resaltar que, frente al sectarismo anticomunista, los socialistas también se sumaron a la huelga por ser un movimiento masivo. El PCE supo ver en la oleada huelguista de la primavera de 1962, la oportunidad para plantear la situación de los trabajadores y trabajadoras, volviendo a colocar al movimiento obrero en el centro de la cuestión para dar respaldo y extensión a las movilizaciones y buscar la unidad del conjunto de las fuerzas de oposición.

Fundamental también fue el apoyo de los intelectuales; cientos de ellos -y no solo de la izquierda sino también de la derecha moderada- firmaron manifiestos en apoyo de la libertad de huelga y prensa y en protesta por la represión a los huelguistas.

Una vez más, no se podrían entender estas huelgas sin el papel de las mujeres, que en la primavera de 1962 dieron un paso más organizando piquetes que se enfrentaban a los esquiroles y lanzaban maíz a quienes querían volver al trabajo. A las huelgas mineras de 1962 se les llamó las huelgas del silencio, porque uno de los métodos empleados era que al entrar a trabajar en la casa de aseos, donde se tenían que cambiar de ropa, los trabajadores se quedaban callados, sentados sin cambiarse ni entrar a trabajar para así dificultar a la empresa y a la policía la detención de los instigadores. La situación era tan extrema, que se tuvo que combinar la huelga total con paros por turnos que paralizaban igualmente la producción de carbón. Huelgas de brazos caídos.

El ministro Secretario General del Movimiento y delegado nacional de sindicatos tuvo que negociar con los huelguistas de las minas asturianas en la mismísima sede del sindicato vertical en Oviedo. La única ocasión en que el régimen franquista negocio acuerdos con la oposición: el carbón nacional era la materia prima fundamental en la industria, comunicaciones y hogares. Por eso el régimen cedió y aceptó las pretensiones de los huelguistas.

Las huelgas de 1962 y sus sucesivos rebrotes, ya son parte de la Historia del movimiento obrero y en especial del mito de los mineros. El puño candil en mano que pintó Picasso en 1963, el poema de Rafael Alberti: Mi mano y mi corazón, ¡Contigo!, que Asturias grita, como ayer: ¡Viva el Nalón y viva la dinamita! Y siempre cómo no la canción de Chicho Sánchez Ferlosio Hay una lumbre en Asturias. Aquella primavera cantar el Asturias Patria Querida era un himno subversivo, por el que podrías ser detenido, como le sucedió al joven estudiante Manuel Vásquez Montalbán.

Tras las huelgas de la primavera de ese año y las conquistas laborales conseguidas, siguió la represión e incumplimientos, volviendo nuevamente los mineros a movilizarse al final del verano de ese mismo año y a partir de entonces, año a año y de forma intermitente hasta el final del franquismo y la Transición. Solo en Asturias hubo 356 trabajadores detenidos y 126 mineros deportados, las empresas mineras despidieron a 198 trabajadores. Aquellos hombres y mujeres de las Huelgas de 1962 son una referencia, una luz en la oscuridad de la Dictadura.

Historiador

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