Tras un 2022 récord, Endesa continúa este 2023 aumentando sus beneficios a costa de saquear el bolsillo de los consumidores. La antigua energética era una empresa pública española y la privatizaron el PSOE y el PP entre los años 1988 y 2003. Hoy es propiedad de Enel, empresa privada de la que participa el Estado italiano.
Según los datos publicados este martes, Endesa ha disparado su beneficio neto ordinario hasta marzo con un incremento de casi 76%, hasta los 594 millones de euros. Estos indecentes beneficios son a pesar del pago de 208 millones de euros por el nuevo impuesto a las grandes energéticas, tasa a la que se opusieron las empresas del oligpolio electrico y de la que llegaron a decir que no podrían abonarlo.
De los datos aportados por la compañía se desprende que el resultado bruto de explotación (Ebitda) de Endesa se disparó un 60% en los tres primeros meses del año, hasta alcanzar los 1.462 millones, tanto por la citada mejora en la comercialización de electricidad y gas como en la evolución de sus negocios de generación térmica (gas y carbón), nuclear y renovable.
En este último caso, la producción se disparó un 32%, rebajando el coste de suministro a sus clientes y, por tanto, ensanchando el margen de beneficio: el 77% de las ventas a precio fijo ya las puede cubrir con generación verde propia, la más barata, una cifra que subirá hasta el 95% en 2025. En el último año, la empresa que dirige José Bogas ha agregado 900 megavatios (MW) de potencia renovable, en gran medida fotovoltaica, hasta alcanzar los 9,3 gigavatios (GW). En todo 2023 serán 1,1 GW los que se añadan a su cartera.







