Salvo los poderosos, los ciudadanos de todo el mundo deberían reclamar en una campaña sin fin la libertad inmediata de Julian Assange porque el mundo entero sabe cuál fue el aporte extraordinario e impagable realizado por WikiLeaks para la libertad de información en el planeta. Especialmente en la denuncia internacional de los crímenes de guerra realizados por EEUU: encubrimiento de torturas y asesinato de 15.000 civiles de manera deliberada en Iraq y Afganistán, etc. Otras informaciones hechas públicas por WikiLeaks difundían más de 400.000 documentos secretos sobre Iraq, Afganistán, Kenia, donde se había violado el derecho y cometido delitos internacionales, etc.
Su aporte inmenso a la libertad de expresión y a un mundo más justo donde deben ser perseguidos el totalitarismo y los crímenes de guerra que practican los países más poderosos, le hizo acreedor de múltiples premios internacionales de derechos humanos y por la paz en el mundo, aunque ya casi nadie se acuerda, fue el héroe admirado y reconocido de todos nosotros.
Pero su caza se convirtió en objetivo prioritario de EEUU con el propósito de criminalizar el periodismo libre y no domesticado por el poder. También para advertir a otros periodistas de lo que les puede ocurrir si se publican informaciones sobre los crímenes del imperialismo en el mundo. Se urdió una trama para detenerle en Suecia que buscó su linchamiento mediático y destrozar su reputación, y se le acusó falsamente de ‘abuso sexual y violación menor’. La trama era tan falsa que nada más concederse la extradición a Londres, la causa judicial se archivó.
En Londres pudo refugiarse durante siete años en la embajada de Ecuador gracias a la protección que le ofreció el presidente Rafael Correa, pero el traidor Lenin Moreno lo entregó a la policía británica violando gravemente el derecho de asilo. La situación de Assange desde entonces es dramática. Está encarcelado en la prisión de Belmarsh, el ‘Guantánamo británico’, y solo pueden verlo sus abogados y su mujer. Los grandes medios de comunicación se han olvidado de él porque denunciar lo que están haciéndole es desafiar a EEUU. El imperialismo, burlado y enfurecido por las publicaciones de Julian Assange en WikiLeaks, le pide una condena de 175 años de cárcel, lo que equivale a una muerte en vida, o la silla eléctrica.
Todas las organizaciones de derechos humanos se oponen a la extradición, sin embargo echamos de menos en España una campaña organizada que exija su libertad inmediata. Si Assange es extraditado, se cometerá una injusticia de dimensiones siderales, y todos seremos menos libres. La comunidad internacional no puede abandonarlo, se deben sumar apoyos, escribirle cartas, presionar a diputados y jueces británicos, denunciar su situación a través de actos y redes sociales. Siempre se pueden hacer cosas contra los gigantes. Una fuerte campaña internacional impidió que Franco fusilara a cinco de los nueve condenados a muerte en 1975. Todas las organizaciones progresistas y de izquierdas deben sumarse a las asociaciones de derechos humanos internacionales para aumentar esa campaña que debe romper el silencio sobre esta injusta causa judicial, pura lawfare, detener una inmensa injusticia y lograr la libertad de Julian Assange. En el futuro se le levantarán estatuas a Julian Assange en las plazas públicas de muchas ciudades del mundo en señal de reconocimiento, esperemos que no sea a cambio del sacrificio de su propia vida con el silencio cómplice de muchos medios de comunicación y el olvido de muchos que antes le aplaudieron.








