El Ayuntamiento y la Junta de Andalucía han hecho una inversión millonaria para traer y albergar la gala de entrega anual de los Premios Grammy Latinos a la ciudad de Sevilla. En concreto, el gobierno autonómico en manos del PP ha gastado 22 millones de euros. Su justificación: el impacto económico positivo que tendrá en la ciudad.
Según cifran sus responsables, estos tendrán un retorno de más de 50 millones de euros, además de servir para colocar a Sevilla en el «escaparate global» y fortalecer su imagen de marca internacional. Pero, ¿a quién beneficia esto realmente? Evidentemente, a la «primera industria» de Sevilla, la del turismo.
De un tiempo a esta parte, las políticas municipales han estado volcadas a la promoción turística como motor del desarrollo económico de la ciudad, un proceso de décadas que tras la gran recesión se vio acentuado tanto con gobiernos del PSOE como del PP. Pero el turismo, cada vez más, se integra en un circuito capitalista global. Las cadenas de hoteles de lujo son una de las líneas de negocio de fondos de inversión transnacionales y qué decir de las aerolíneas, empresas de cruceros, plataformas de alquiler turístico y otros servicios asociados.
Apartamentos turísticos que encarecen la vivienda y expulsan a los vecinos
Igualmente, existen evidencias de que la mayoría de los pisos turísticos no están en mano de pequeños propietarios, sino de grandes tenedores y empresas dedicadas al alquiler vacacional que expulsan a las y los habitantes de la ciudad mientras viven de las rentas.
Recogiendo las migajas del turismo están los establecimientos de hostelería, que ofrecen una forma de consumir viable a costa de explotar intensivamente el espacio público y que es insostenible para el ciudadano de a pie. El debate actual sobre los veladores en Sevilla y en otras ciudades es buena señal de esto.
Pero, dirán algunos, el turismo y la hostelería crean empleo y riqueza. Relativamente, empleo estacional y precario, condiciones laborales dignas de décadas anteriores, autoexplotación en el caso de los autónomos y sueldos que no llegan al mínimo con jornadas larguísimas.
Concluyendo, la inversión para traer los Grammy a Sevilla es una redistribución de lo común, de lo público, hacía una minoría que ostentan el poder económico en esta ciudad, formada por grandes empresarios y monopolios a costa de las arcas públicas y del derecho a la ciudad de sus habitantes. Esta redistribución inversa asociada al turismo es una constate en las políticas de promoción económica de la ciudad y se basa en un “sentido común” que asocia turismo a empleo y riqueza. Ya sabemos qué empleo y quién acapara esa riqueza.







