El nuevo pacto sobre migración y asilo de la UE es la constatación de la normalización de las crisis migratorias y su repuesta frente a ellas.
Las últimas crisis migratorias están condicionadas indudablemente por las guerras acaecidas en África, Oriente próximo y el este de Europa, además de la permanencia de conflictos sociales y armados en países de Latinoamérica, a los que en las últimas décadas se suma la inseguridad de la población causada por la irrupción del crimen organizado.
Cabe decir que las soluciones político–jurídicas excepcionales deben tener una naturaleza precisamente excepcional, nunca deben convertirse una solución jurídica permanente a las crisis del momento. Es una constatación del fracaso de la política migratoria de la UE.
El punto de inflexión de las actuales crisis migratorias empezó con las llamadas primaveras árabes y las guerras consecuentes, como la guerra de Libia desde el 2011, en las que la Unión Europea jugó un papel trascendental para generar el conflicto, negándose a asumir la responsabilidad por los daños humanos causados. Igualmente, la pugna de la OTAN contra Rusia produce una nueva guerra en la Europa del Este que trae ecos del peligro e impredecible conflicto de bloques de la Guerra Fría.
La guerra ya no es un medio para la consecución del poder desde un punto de vista estratégico, sino una permanente táctica para el engorde y fortalecimiento de la industria militar. Una forma de monopolizar recursos económicos, financieros y naturales en favor de las potencias capitalistas del mundo y de sus multinacionales.
La guerra se ha convertido en una constante para el modelo capitalista en su etapa imperialista. En la guerra se pierde, se pierde la humanidad.
Igual encontramos guerras en el África subsahariana en la que se enfrentan grupos apoyados por potencias europeas. Además, tenemos la delincuencia organizada fruto del narcotráfico y el híbrido de este negocio ilegal con paramilitares y narco-Estados, existentes en América Latina. El negocio del narcotráfico se ha transformado en una forma de financiación de la guerra desde un punto de vista militar, paramilitar y de la delincuencia organizada que se alimenta de la falta de educación.
Vivimos en un mundo en guerras y es normal que las personas huyan de su país de origen en busca de una vida mejor huyendo de la miseria, el hambre, la falta de oportunidades y mismo sentimiento de preservar la vida. A esto hay añadir el efecto del cambio climático del planeta que convierte en inhabitables territorios que antes eran plenamente aptos para el establecimiento y desarrollo de poblaciones.
Los mecanismos para controlar los flujos migratorios no sirven. Los grandes flujos migratorios provienen de países en guerra y ya no se pueden diferenciar quién huye por su condición política o por hambre. El sistema ha colapsado. El instrumento del asilo se ha convertido en una herramienta meramente instrumental para garantizar una permanencia legal provisional en la UE de sus solicitantes.
La UE y la política del retorno “voluntario”
El nuevo pacto sobre migración y asilo de la UE establece medidas como el procedimiento de retorno en frontera en el que las solicitudes de asilo que hayan sido rechazadas se les aplicaría inmediatamente el retorno “voluntario”, sin una previa readmisión a trámite de las solicitudes.
Igual, dentro de la gestión de la política de retorno, se establece el internamiento de los solicitantes de asilo “por motivos de seguridad y orden público”. Esto contradice flagrantemente la normativa (artículo 83 TFUE) y jurisprudencia del TJUE (Gran Sala del Tribunal de Justicia de la Unión Europea en sentencia de 22 de mayo de 2012, nº C-348/2009) que establece que este concepto jurídico indeterminado cabe solo en caso de narcotráfico, terrorismo, trata de seres humanos con fines de explotación sexual de mujeres y niños, trafico ilícito de armas, blanqueo de capitales, corrupción, etc. Así, desde la política, se están equiparando a los solicitantes de asilo (que pueden tener o no su solicitud fundamentada en la necesidad de refugio) a la delincuencia organizada a nivel mundial. Esto con el objetivo de garantizar el retorno.
De esta forma, FRONTEX funciona como una herramienta esencial para garantizar el llamado retorno, que en realidad se convierte en una expulsión automática y bajo coacción de los solicitantes de asilo. Con FRONTEX se militariza la herramienta de asilo para las personas que buscan refugio en la UE. Así, FRONTEX y el internamiento de los solicitantes de asilo en cárceles sin haber cometido un delito ni con un previo pronunciamiento judicial criminaliza a los solicitantes de asilo.
Socios extracomunitarios para hacer el trabajo sucio
Otra herramienta para frenar los flujos migratorios que se desarrolla a través de la solicitud de asilo, es la colaboración con “socios” extracomunitarios como los países balcánicos, Turquía y Marruecos. Estos países utilizan medidas para frenar la migración violando los derechos humanos. La UE los financia para que estos países hagan el trabajo sucio. Un ejemplo fue la masacre de Melilla.
Italia ha firmado un acuerdo con Albania para crear allí dos centros de retención de inmigrantes solicitantes de asilo. Reino Unido tiene un centro de retención en Ruanda
Bajo el paraguas de esta practica de colaboración, Italia ha firmado recientemente un acuerdo con Albania para crear dos centros de retención de inmigrantes solicitantes de asilo, rescatados por la propia Italia para internarlos en suelo albanés. Algo parecido al centro de retención del Reino Unido en Ruanda.
No obstante, es curioso cómo a través de la Directiva de Protección temporal de la UE se han acogido a más de 5 millones de ucranianos que han contado con toda la protección necesaria para su asentamiento en los Estados miembros. No se ha hecho lo mismo con quienes huían de otros Estados como Libia, Siria, o Palestina. En conclusión, estas nuevas medidas se van a concretar en un nuevo reglamento sobre la gestión del asilo y la migración en sustitución de las normas de Dublín, pero intencionalmente no se aplicará a ciudadanos de países en la que la UE sea aliada política y militarmente o donde tenga intereses geoestratégicos, como en Ucrania.
Los Estados de la UE no se han puesto de acuerdo sobre este nuevo reglamento, pero en base al nuevo pacto del 2020 y las prácticas avaladas por las instituciones de la UE como el retorno “voluntario”, devolución en caliente, centros de internamiento de extranjeros, colaboración con países extracomunitarios que violan los derechos humanos, todo conduce a una criminalización de los solicitantes de asilo.
Estas medidas configuran una indudable violación de los derechos humanos y el derecho internacional humanitario constituido desde la antigüedad como un mecanismo para la protección de los civiles en situaciones de guerra. En el pacto mundial sobre refugiados no se le da cobertura al retorno automático de lo solicitantes de asilo, a la militarización de las fronteras para garantizar, en realidad, la expulsión de las personas refugiadas y de ninguna manera al internamiento de los migrantes que buscan refugio.
La UE, como una Unión de mercaderes, demuestra su verdadera esencia en la que los intereses del capital priman sobre las personas.








