Parto de la desventaja de haber conocido al pintor del cartel de Semana Santa de Sevilla. Algo que advierto para que se tenga en cuenta antes de cualquier juicio. Sobre esta cuestión, constato que es un artista con un ego que no cabe en la ciudad y que su intención de reivindicación social es cero.
La Sevilla rancia se rebela. Como si el pintor no lo hubiera previsto. Que la polémica marca la información sevillana. Como si el pintor no contara con ello.
En esta polémica lo más destacado es desvelar quién es la Sevilla “siempre así” y cómo establece su dominio cultural.
La derecha sevillana (sobre todo en el mandato maldito y corto de Zoido), entiende que Sevilla “son sus Hermandades”. Y funcionan presupuesto tras presupuesto municipal, Distrito a Distrito, como si el tejido social fueran sus Hermandades.
Pese a que antropólogos como Isidoro Moreno (ex P.T.E.) nos enseñaba el origen popular de estas Hermandades, su desarrollo no tiene nada de popular. Es verdad, existen Hermandades cuyo origen fueron “Los Negritos”, “Los Panaderos”, o el tremendo arrastre popular de entidades como La Macarena, hoy podemos decir que sus estructuras están colonizadas, como durante el franquismo, por la casta o caspa sevillana.
Con el franquismo estas entidades estaban dominadas por militares asesinos y toreros adictos al régimen, y a otras cosas. Para quien no lo conozca, decir que dos de la Hermandades se llaman San Gonzalo (por Gonzalo Queipo de Llano) y otra Santa Genoveva (por la mujer de Gonzalo Queipo de Llano).
Hoy es el mundo de la empresa y profesionales “de prestigio” la que marca un mundo de contactos sociales e influencias, que es en lo que consiste. Como me decía alguien del PP hace años, si no estás en el Consejo de Cofradías ni tienes contactos ni eres nadie.
Un mundo parecido al que los antropólogos definen como “sociedades de los grandes hombres”. Aquellas tribus en las que alguien acumulaba riquezas durante un tiempo para poder dar una fiesta pantagruélica en la que demostraba a su pueblo quién era él. Una práctica que significaba gastar sus reservas. En Sevilla no. Para eso está el dinero público, sobre todo el del Ayuntamiento. Y otras acciones que no requieren mayor esfuerzo, como nombrar las calles de la ciudad.
Gracias a la actuación de estos “grandes hombres”, el callejero de la ciudad tiene un problema, que está lleno de vírgenes, cristos, santos, capataces de Hermandades y hermanos mayores,….. Ni siquiera en Bombay, con millones de dioses, tienen un problema como en Sevilla. Increíble cómo una religión monoteísta es capaz de llenar calles y calles con sus movidas. Cuando la ley de Memoria Histórica exigía el cambio de nombre de calles protagonizadas por franquistas, en el Distrito Casco Antiguo había que cambiar el nombre de una calle. La derecha vecinal proponía Virgen del Carmen Coronada. Dijimos que ya existía en una calle dedicada a la Virgen del Carmen. La respuesta fue que no es lo mismo Virgen del Carmen que Virgen del Carmen Coronada. Todavía me da vueltas la cabeza.
El poder económico y social en Sevilla ha creado estas estructuras en las que pretenden encuadrar al pueblo. Dirigida por gente, a veces de una clase media aspiracional, que pretenden establecer el canon de ciudad, el canon de costumbres, en lo que se debe gastar el dinero público. Subalternos del verdadero poder, el que maneja el fútbol (Del Nido, dirigente de Fuerza Nueva), la Feria (cada día menos popular, más rígida, más de traje y corbata), y la Semana Santa. Lo simbólico utilizado como elemento de poder.
Pero en todas las ciudades se establece esta hegemonía cultural, que políticos afines desarrollan dando por hecho que es lo popular. Los andalucistas lo hicieron en Jerez con la red de peñas flamencas. Aunque el resultado ha sido mejor, no solo porque Jerez sí ha cuidado el flamenco, sino porque Sevilla ha roto con su tradición en la Alameda o Triana, quedando un residuo para los turistas. En otras es el fútbol, la fiesta patronal…. Importante analizar estas estructuras que parecen en su mayoría alimentar un poder conservador en pueblos y ciudades.
Frente a esta Sevilla, siempre ha existido la “otra Sevilla”, en la que estamos todas las demás. Una ciudad que ha producido pictórica, escultórica, poética, o musicalmente verdaderas maravillas, las oculta. Mi padre decía de mí que soy de la “cáscara amarga”, una expresión sevillana que se extiende a todo lo que no es rancio.
Si en lo musical, es la ciudad de Smash, Triana, Alameda o Silvio; si hoy tenemos a SFDK, a Mala Rodríguez o a Narco; o se nos olvida que aquí se desarrolla lo que llega con Derby Motoreta o Califato ¾. Que se nos olvida el flamenco, que vemos cómo los grandes van pasando y no se le cuida (preguntarle a José de la Tomasa y a tantos otros) y los cambiamos por el flamenco para turistas de la Bienal. Pues la derechona dice, “toma Siempre Así (que hay que ser cutre para llamarse así), o José Manuel Soto”.
En esta ciudad se oculta lo mejor. Se exilia. Se reconoce fuera, pero nunca en la ciudad. Es un mensaje del poder que dice como en la puerta del infierno de Dante: “abandonad toda esperanza”.
En estas fechas se muestra una exposición del grupo de artistas conocidos como “Estampa Popular”. Un grupo de artistas gráficos, muchos vinculados al PCE, todos antifranquistas, que en los 60 realizaron un trabajo gráfico que no sólo se desarrolló en Sevilla, en los que estaban artistas cordobeses, valencianos, madrileños o vizcaínos, como Agustín Ibarrola. En Sevilla, nos mezclábamos con algunos de ellos: Paco Cortijo, Paco Cuadrado o Cristóbal Aguilar.
La ciudad no se da por enterada. Su apuesta por el costumbrismo y el gusto mea pilas lo tapa todo.
La operación del cartel de Salustiano no es sino mínimamente provocador. De hecho, tenemos en la imaginería religiosa cristos tan desnudos y tan guapos como éste. No me resisto a aconsejar que busquéis en internet El Resucitado de Conil de la Frontera. El autor ha medido el nivel de provocación hasta ponerle la misma dimensión al taparrabos que tiene el cristo de El Cachorro. El rojo no tiene ningún significado político, ya que lo utiliza como fondo en todos y cada uno de sus cuadros desde hace décadas. El realismo fotográfico hoy no aporta nada en la pintura. Por no hablar de lo floja que es la figura. Este cartel no aporta nada a la pintura contemporánea. El artista aprovecha para colar su marketing: les dice a los periodistas que el rojo que utiliza se conoce como “rojo Salustiano”, algo que sólo él hace; inventa una trayectoria internacional que sólo cuenta con algunas exposiciones colectivas….
Marqueting que sólo ha de tener en cuenta que cualquier salida del plato costumbrista provoca irritación; provocación muy medida, sin salirse del canon imaginero sevillano; y el gusto por ser un maldito, que da mucha publicidad.
Este cartel deja intacta la Sevilla rancia, no hace nada por mejorar la ocultación de la revolución cultural que bucea por debajo de la superficie. Es pura auto propaganda.
Nos dedicaremos a hacer salir a la superficie la ciudad oculta.







