Más represión

El caso 13 rosas, una situación actual de represión contra el comunismo en España

Se cumplen 10 años desde el asalto policial al Centro Social 13 Rosas, sede del PCE en Alcalá de Henares, que se saldó con la detención de dos militantes y 5 heridos
Elena y Jesús Centro Social 13 Rosas

En febrero de 2014 la Juventud Comunista en Alcalá de Henares organizó un seminario sobre las inminentes reformas represivas que el Gobierno de Mariano Rajoy iba a implementar: la reforma del Código Penal y la conocida como ley Mordaza. Tras esta charla, en el Centro Social, se celebró un evento de autofinanciación en solidaridad con casos represivos de Madrid.

Durante este evento, miembros de la Policía Local y Nacional se personaron en la sede por una supuesta queja vecinal, con intención de acceder al interior del local. Los compañeros les requirieron la orden judicial que justificase esa actuación. La Policía no solo no portaba orden judicial alguna, sino que entraron por la fuerza en la sede y detuvieron a Jesús, quien les había requerido esa orden. Posteriormente, comenzó una carga policial en el interior del local, que se saldó con cinco heridos y otra detenida, Elena.

La Policía registró la totalidad del local, insistimos, sin orden judicial. Por si fuera poco, todo fue grabado por una cámara de televisión, la del programa “Policías en Acción” de La Sexta, que acompañaba a la Policía aquella noche. En esta grabación se oye a uno de los agentes indicar que su actuación era “Por vuestra ideología”.
Elena y Jesús fueron puestos a disposición judicial y acusados posteriormente de atentado contra la autoridad, resistencia y desobediencia. A ambos, jóvenes estudiantes de en torno a 20 años, se les impusieron medidas cautelares viéndose obligados a ir a firmar al Juzgado 2 veces al mes.

Tras una larguísima instrucción, la Fiscalía solicitó para ellos 2 años de prisión. A día de hoy, 10 años después, aún no se ha celebrado el juicio, pero sí hay ya prevista una vista preliminar para el próximo 16 de febrero. Todos estos años de proceso lo que han supuesto es una especie de precondena para estas compañeras, que han tenido (y aún tienen) sus vidas en suspenso, con todas las implicaciones que, a nivel personal, familiar y de militancia política, supone.

Estos montajes policiales tienen como objetivo inocular el miedo en los sectores más avanzados de la clase obrera, utilizando “cabezas de turco” de cara a eliminarles de la lucha e infundir temor en su entorno político. Además, programas como el de “Policías en Acción” buscan criminalizar a los movimientos sociales y políticos organizados a la vez que ensalzan la labor represiva de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.

Podríamos deducir tras todo lo expuesto que no hay duda en que este es un ataque ideológico y político tanto a la labor del Centro Social 13 Rosas en Alcalá de Henares, como a la militancia política de Elena y Jesús, pero no es algo que digamos nosotras, sino que es algo que han reconocido ellos abiertamente. Nunca se aportó la queja vecinal, ni la orden de “inspección administrativa rutinaria” que, en una enésima versión de los hechos, fue argumentado por la Policía como motivo para su entrada en el local. A pesar de todas las evidencias y de lo escandalosamente ilegal de su actuación, las compañeras pueden ir a prisión. Esto nos hace comprender de un mejor modo el carácter de clase del Estado, capaz de saltarse sus propias normas y utilizar cualquier medio que tenga a su alcance para lograr sus objetivos.

Es evidente, y otros casos cercanos como el de Altsasu, Alfon, Hasel, y un largo etcétera así lo atestiguan, que, frente a la maquinaria del Estado y su Justicia burguesa, no solo hay que oponer una táctica jurídica inteligente, pues ellos tienen mecanismos para acabar imponiendo su voluntad, sino también el arma más poderosa con la que contamos aquellas que sufrimos las consecuencias del sistema capitalista: la solidaridad.

Ciertamente los casos de represión política suelen generar una reacción más o menos espontánea de solidaridad. Es fundamental organizar esta reacción, dirigirla de cara a logar una plataforma potente que permita visibilizar la existencia de montajes policiales, el carácter de clase e irreformable del Estado, la necesidad de generar redes de apoyo entre las diferentes afectadas por la represión y la capacidad no solo de movilización sino también de presión popular que tiene nuestra clase. Porque sí, es posible presionar al aparato judicial, dejar al cubierto sus costuras, señalar a sus agentes y sus cómplices. Estas deben ser tareas fundamentales de la lucha antirrepresiva.

Hoy nos toca solidarizarnos con Elena y Jesús, y estar pendientes de cómo evoluciona su caso, pero sin olvidarnos de todos los casos por los que ya hemos pasado y de los que quedan por llegar, pues seguirá existiendo la represión a la clase trabajadora mientras exista el Estado capitalista. Frente a ello opondremos nuestra solidaridad de clase, porque ésta nos hace invencibles.

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