Por culpa de esta serie de artículos a los que en un momento de inspiración hemos bautizado con la expresión conminatoria de “¡Menos lobos, Caperucita!” el número de los conocidos que deciden que cualquier oportunidad es buena para hacerme saber sus disconformidades con mis afirmaciones, no para de crecer. Sin haber leído a Linus Pauling opinan que “Cuando una persona mayor y distinguida te hable, escúchala atentamente y con respeto —pero no la creas—. Nunca pongas tu confianza en algo más que en tu propio intelecto”. Y así nos va, porque Pauling habla de «intelecto», entendimiento, potencia cognoscitiva racional del alma humana, y no de opinión, que es lo que tiene cualquier botarate.
Así que lo que tenía que pasar pasó, y hoy, en una de esas interminables colas que se forman estos días en el supermercado, me encontré con Faustino, uno de esos ingenieros que desarrollaron toda su actividad en las oficinas de una energética, razón por la cual su contacto con la realidad del SEI ha sido más bien escasa. Esto le tiene bastante frustrado, y como su interés por entenderlo es auténtico, aprovecha para leer compulsivamente toda cuanta documentación del tema cae en sus manos, y consultarme sus dudas, que suelen ser muchas.
—¡Felices los ojos, don Manoel! ¡Que sepa que le sigo en sus artículos de “¡Menos lobos, Caperucita!” Lo cierto es que aprendo mucho con su forma de explicar las cosas. Aunque he de decirle que, en el último de los publicados, prometió usted exponer los argumentos en contra de establecer precios diferentes de la energía para los territorios generadores y los territorios consumidores, y tal explicación se le debió quedar en el tintero.
—Buenos días Faustino. Pues, como en ti es costumbre, aciertas en la reclamación. Creo que me dejé llevar por el entusiasmo y al final cambié de opinión.
—¿Cambió de opinión en que, don Manoel?
—En proponer unilateralmente fórmulas de compensación para estos territorios generadores. Ahora creo que es mucho más interesante que sea la propia sociedad civil que sufre los efectos de la implantación en sus territorios de estas instalaciones la que proponga las mencionadas fórmulas.
—¿Y si lo que propone es lo de los precios?
—Estaré en minoría y a ella me plegaré.
No dio tiempo a mucho más. Nuestro turno en las cajas había llegado y, por lo menos en mi caso, muchas tareas pendientes esperaban mi atención. Pero al despedirme le prometí que en el próximo artículo de la serie intentaría explicar un poco las razones en las que basaba mi rechazo al establecimiento de un mecanismo de compensación para las CC. AA. exportadoras basado en el precio de la energía. Artículo que, precisamente, es este que con tan largas explicaciones empieza.
Si seré tonto que sigo pensando que el acceso a la energía es un derecho, y que como tal está recogido en el articulado de la Constitución Española. No me ofendo si me lo reprocháis porque sigo «civilitando»[1] en las huestes de Julio Anguita defendiendo los avances que aún se pueden lograr simplemente cumpliendo lo en ella escrito. Y en su artículo 47 se declara que todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada, vivienda que no puede ser ni una ni otra cosa si su acceso a la energía no está garantizado. Este derecho a una vivienda adecuada entraña tener seguridad de la tenencia[2], sin la amenaza del desalojo o la expulsión del hogar. Significa vivir en un lugar acorde con la cultura propia y tener acceso a servicios, escuelas y empleo adecuados.
De igual forma que proponemos que el precio a pagar por esta tenencia debe estar basado en un porcentaje de los ingresos de la unidad familiar que la disfruta, sostenemos que el precio de la energía eléctrica consumida debe basarse en esos mismos criterios, y no en consideraciones de su cercanía a una Central de Generación. Porque tal criterio rompe la solidaridad de clase, primando la residencia en un territorio concreto sobre la posibilidad de satisfacer las necesidades energéticas. De esta forma un trabajador de Madrid, territorio importador de energía, tendría (a igualdad de otras circunstancias) una tarifa de energía más cara que un rentista extremeño, territorio exportador de energía.
¡Pues que se joroben los de Madrid! ¡O que pongan eólicos![3] ¡Que cierto es que cuando hay una discusión de este tipo todo el mundo pone encima de la mesa lo que aporta, pero siempre se olvida de lo que recibe! En el fondo es un problema de ideología: algunos apostarán siempre por las soluciones que beneficien «a los suyos» mientras que otros buscarán las que sean más adecuadas al interés común. Bajo una perspectiva como la que defendemos es importante no caer en la trampa: nuestras propuestas deberán ser tales que estén siempre orientadas al beneficio de la sociedad en su conjunto, defendiendo siempre el bien común por encima de los intereses de ciudadanos concretos, o de grupos específicos.
Lo cierto es que el criterio de discriminación por precio es muy atractivo bajo el punto de vista propagandístico. No muy claro, pero sí efectivo, sobre todo porque, recordemos, propagandístico es todo lo que apela a los sentimientos y no a la razón. No es extraño, por tanto, que la propuesta tenga sus principales defensores en los grupos nacionalistas. Veamos brevemente como propone aplicar esa diferencia de tarifa uno de esos grupos, y cuáles son sus argumentos. En el Programa Electoral para las Elecciones Generales 2023 podemos leer la propuesta siguiente:
Impulsar una tarifa eléctrica […] que considere, a través de reducción en los peajes del transporte, el papel de […] de nación excedentaria en la producción eléctrica, compensando el impacto ambiental y social derivado de su producción.
Bueno, menos mal que no es por la reducción tarifaria pura y dura porque el primer problema de aplicación sería proponer una tarifa para los operadores del mercado libre. El argumento parece de peso: “si somos excedentarios ¿para que vamos a pagar el peaje del transporte? Los peajes de las autopistas de la energía que los pague quienlos utilice”. Lo malo es que el argumento “hace agua por toda la obra muerta”.
Para explicar dónde están esos agujeros no vamos a tener más remedio que explicar algunos conceptos. Ya sabéis lo que decía Manquiña en Airbag: “el conceto es el conceto y esa es la cuestión”.
Empecemos pues por los peajes de transporte. Peaje es el pago que tienes que hacer por el uso de las redes de transporte y distribución de la electricidad, necesarias para hacer llegar la energía desde la producción al consumo. Como las redes de transporte y distribución son, por sus características intrínsecas, monopolios naturales, los costes de esas redes deben ser repercutidos a todos los consumidores, independientemente de que se adquiera la energía en el mercado libre o en el regulado. Estos peajes son determinados por la CNMC[4], y son únicos en todo el territorio español, con independencia de las particularidades económicas y geográficas de las redes en las distintas zonas en las que se sitúan los consumidores.
Como el peaje pretende distribuir de la forma más equitativa posible los gastos que la existencia de un Sistema Eléctrico Interconectado, uno de los grandes logros de la ingeniería eléctrica en términos de optimización de los recursos energéticos, seguridad y continuidad del suministro, eficiencia, estabilidad y garantía de la frecuencia, comporta, los peajes de acceso están compuestos de un término de potencia (Tp) y un término de energía (Te). De esta manera, su importe depende tanto de la potencia que el consumidor tenga contratada[5], como del consumo que realizara. Asimismo, con el fin de intentar suavizar la curva de carga y promocionar la recarga nocturna del vehículo eléctrico, el peaje tiene en cuenta el tramo horario, punta, llano o valle, en el que se consume.
Volviendo a la propuesta del Programa Electoral: la nación excedentaria se librará de pagar, o mejor dicho propone dejar de pagar, la parte de los peajes correspondientes al resto del territorio español. No la suya propia, porque también tiene en su territorio una parte de la red de Transporte e Interconexión. Y la totalidad de la red de Distribución cuyos peajes habría que desagregar del total, y se deberían de seguir pagando lo mismo que antes. ¡No parece que sea una propuesta que, en caso de ser aceptada, pudiera ser valorada positivamente por la ciudadanía, pero ¡todo sea por el autogobierno!
El pequeño problema de tal propuesta es que, como comentamos en un artículo anterior excedentaria no es lo mismo que autosuficiente, así que, si no contribuye a los gastos generales del resto del SE de fuera de sus pretendidas fronteras naturales, tendrá que pagar los peajes que le correspondan cuando esté en una situación de importador[6] —por muy transitoria que esta sea— al precio que al suministrador le dé la gana.
En resumen:
Si eres insolidario cuando te sobra, los demás lo serán contigo cuando te falte.
NOTAS:
[1] Propuesta de palabra para sustituir la raíz miles (y su genitivo militis = «soldado») de la acción conjunta por mejorar el estado de las cosas.
[2] No se habla de propiedad sino de tenencia “derecho a disfrutar los bienes ajenos con la obligación de conservar su forma y sustancia”
[3] La Comunidad de Madrid no tiene parques eólicos debido —oficialmente— a dos razones principales:
1. Según los técnicos del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), aproximadamente el 4 % del territorio madrileño dispone de un recurso eólico aprovechable a 80 m de altura, con la tecnología disponible en el horizonte 2020. Ese porcentaje es seis veces inferior a la media española del 23,43 %.
2. Madrid está rodeada de parques naturales, y en estos no se pueden construir parques eólicos. Para levantar un parque eólico, es necesario tener una declaración de impacto ambiental positiva, que no se supera si el proyecto está dentro de un parque natural, si afecta a la biodiversidad o al entorno natural, o si está previsto en una zona de paso de aves.
[4] La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) es un organismo público con personalidad jurídica propia que promueve y preserva el buen funcionamiento de todos los mercados en interés de los consumidores y de las empresas.
[5] Como es lógico: puesto que las redes deben ser diseñadas para garantizar en cualquier momento el suministro de las potencias que los consumidores tienen contratadas, quien quiera disponer de más potencia más deberá de pagar.
[6] Las centrales generadoras de un territorio concreto no vierten la energía directamente a los abonados próximos, sino a un Sistema Eléctrico Interconectado. Como los flujos de potencia en un SEI están cambiando constantemente en función de la demanda, cada abonado no puede saber de qué central procede su energía —lo de verde te lo explican aquí: https://cye-energia.com/como-saber-si-la-energia-que-consumes-es-100-verde/— tú no sabes de dónde te está llegando la energía, y que parte del transporte te corresponde. Además, hay una serie de Servicios por los que tienes que pagar tu parte proporcional… o desconectarte del sistema y constituirte en una isla eléctrica. Los más importantes de estos servicios son: Coordinación y Operación del Sistema; Control de Frecuencia; Control de Voltaje; Reposición del Sistema y el Manejo de la Congestión.







