Cuestiones marxistas

Una obra simpática, atrevida, diferente…que nos habla de los hermanos Marx, incluido Carlos, desde el cielo
"Cuestiones marxistas", de Manuel Vázquez Montalbán

Gracias al acuerdo de los herederos de Manuel Vázquez Montalbán, la editorial Atrapasueños y el PCE, se ha realizado una tirada conmemorativa de esta novela considerada la última de la época «subnormal» cuando se cumplen casi 50 años de su primera edición. Así el PCE y Atrapasueños se han sumado al XX aniversario del fallecimiento del genial escritor barcelonés, recuperando una obra simpática, atrevida, diferente…que nos habla de los hermanos Marx, incluido Carlos, desde el cielo. No dejen de asomarse a este peculiar cielo imaginario de MVM.

“Precisado de clases de griego en un momento determinado de su vida, Groucho recurre al profesor Menelao el Aeropagita, especialista en griego antiguo y moderno, exiliado exterior e interior, hipocondríaco en las horas libres que le deja la lucha por la vida. La verdad es que lucha poco por la vida, en su despacho viejo, rodeado de libros viejos, viejo él mismo, dentro de una camisa blanca, amarilleada por viejos sudores bajo los sobacos y con el cuello deshilachado. En cuanto puede, el viejo profesor añora y evoca aquellos tiempos en que presentó en Atenas su tesis doctoral ante el mismísimo Aristóteles y la ratificó en Madrid ante el mismísimo Ortega y Gasset, sin que ninguno de los dos advirtiera que el director de la tesis era el profesor no numerario Carlos Marx, adjunto de uno y otro, con una exquisita discreción. Desprecia su condición de profesor de griego y en cuanto puede intenta inculcar a su discípulo el sentimiento griego de la vida mediante la parábola del gusano del maestro Kazantzakis:

—Un gusano se pasa toda la vida reptando por el haz de una hoja, en un esforzado intento de saber qué hay al otro lado. ¿Qué hay al otro lado, Groucho? Un recorrido exactamente igual.

En vano Groucho intenta que le enseñe el alfabeto.

—Es un alfabeto que nunca te servirá de nada. Aprende que el sentimiento griego de la vida enseña que somos víctimas o verdugos y que las víctimas solo pueden subdividirse en humilladas y ofendidas. Si eres alto de tensión serás una víctima ofendida y si eres bajo de tensión serás una víctima humillada. Me parece que ya te lo he enseñado todo. De la literatura griega solo puedo decirte que hay un largo silencio entre Homero y Sartre, un largo silencio lleno de cuchicheos. Jamás la literatura enseñó nada a nadie. Nada enseña algo a alguien. Ni los ojos. Un impulso te hace vivir y tratas de aprender a vivir, y el aprendizaje sin fortuna es la vida misma.

En vano Groucho trata de que le enseñe a traducir la Odisea.

—Ulises lo somos todos. ¿Has reflexionado alguna vez sobre un viaje tan trágico? Ulises regresa a sí mismo. Regresa al templo donde ha dejado su identidad y merece el pequeño premio de que su hijo se la reconozca. A mí me daría miedo y asco viajar tanto para descubrir que soy el que soy. Hay que marcharse al norte, Groucho. Dejar de ser griego. En el norte se terminan las posibilidades de horizonte y las gentes tienen las ventajas de los que miran siempre hacia abajo. Los griegos y las gentes del sur en general miramos hacia arriba. Nacemos geográficamente postrados. Y esto que te enseño es griego, griego auténtico, ni clásico ni moderno, griego auténtico. Por cierto, ¿puedes adelantarme la mensualidad?

Con la mensualidad adelantada, Menelao el Aeropagita se compra queso griego curiosamente importado de Grecia a Grecia. Come el queso despacio, acompañado de tragos de vino resignado y a veces invita a Groucho a cordero asado a la salvia.

—Huele Groucho y paladea el sabor de Grecia. El único consuelo de un griego es el tacto y el olfato. Grecia huele bien y tiene buena textura en las carnes y en las cosas. Pero no la mires, ni la codifiques. No la leas. Te quedarías aterrado y muerto de desesperación.

Menelao aspiraba a ser profesor de griego auténtico en alguna universidad del Norte, especialmente de Estados Unidos.

—¡Enseñar griego a la sombra de los bosques de misiles! ¿Imaginas Groucho? Significa sacudirse para siempre el complejo de hijo del capitán. Recuerda aquella preciosa parábola de Dostoyevski. Mitia golpea a un pobre capitán en presencia de su hijo enfermo y Dostoyevski nos brinda un fin de fiesta aterrador en el que dos víctimas natas, Mitia y el capitán, presencian la muerte del niño. Eso es ser griego, Groucho. Desde Estados Unidos yo vería las Grecias de este mundo desde arriba. Los coroneles me han echado, Groucho. De ellos es el norte, el sur, el este y el oeste… pero desde Estados Unidos yo estaría arriba, por encima de ellos, y sabría que de alguna manera yo pagaría su sueldo al pagar los impuestos, su venta. De alguna manera les convertiría en mis víctimas. Cualquier americano está en condiciones de ajusticiar aunque le ajusticien.

Un día Groucho encontró al viejo profesor sepultado bajo las maletas llenas de libros. Entre alaridos balbuceaba que había conseguido un puesto de profesor en la universidad de Santa Bárbara.

—¿De griego?

—No. De francés. Pero por algo se empieza”.

(De «Cuestiones marxistas» de Manuel Vázquez Montalbán. Capítulo completo, páginas 37-39 edición Atrapasueños/PCE, 2023)