El cuento de la lechera (segunda parte)

Que la ciudadanía page más barata la electricidad, tiene muy poco que ver con la alta disponibilidad de «energía renovable»
Torres de electricidad
Foto: Béria L. Rodríguez / CC BY-SA 3.0

Me temo que ha llegado el momento de cumplir lo prometido en la primera parte de este «Cuento de la lechera» tan particular. Como bien sabía nuestro querido Víctor Mora, el creador del Capitán Trueno que dedicó media vida a combatir al fascismo desde los tebeos, nada como dejar al héroe en una situación comprometida en la última viñeta del cuaderno, para tener a la semana siguiente a toda la rapazada esperando a que el kiosco levantara sus persianas para comprobar si ya estaba el nuevo número en sus anaqueles.

Por vertido se entiende la electricidad -eólica o solar- que no puede ser inyectada a la red porque en ese momento la demanda es escasa y no «cabe» más energía en el sistema. En ese escenario, el operador del sistema eléctrico nacional, Red Eléctrica de España (que es la entidad encargada de casar oferta y demanda, o sea, de conseguir que no haya apagones «por falta de» o sobrecargas «por exceso de» energía eléctrica en un momento dado) manda parar los aerogeneradores o manda «desenchufar» las instalaciones solares, lo que conlleva perjuicios diversos: (1) para el generador, que no puede vender electricidad que no va a poder almacenar, o sea, que va a perder sí o sí una cierta cantidad de ingresos; perjuicio directo también para el medio ambiente, porque el lugar que no ocupa la electricidad limpia lo ocupa la electricidad sucia (gas o nuclear); y perjuicio por fin para la ciudadanía, que pagará más cara la electricidad, pues está más que demostrado que cuanta más energía renovable hay en el sistema más barata es la electricidad.

Cierto es que en mi caso la situación comprometida no tiene que ver con piratas berberiscos, aunque sí con gentes que ejercían y ejercen la tiranía sobre las personas y el planeta. Desde la mesa del computador el recorte de la revista de energías renovables que Ramiro me había entregado hace ya un par de semanas, mantiene, con la indiferencia propia de la letra impresa, su desafío. ¡Aquí estoy, llévame la contraria si tienes conocimientos suficientes! —parece decirme. Y no seré yo quien desdeñe esta oportunidad.

Dejando a un lado la crítica del empleo del término vertido como sinónimo de un fluido que desborda la capacidad de un recipiente —“Por vertido se entiende la electricidad -eólica o solar- que no puede ser inyectada a la red porque en ese momento la demanda es escasa y no «cabe» más energía en el sistema” — cuya inexactitud teórica ya hemos comentado en el artículo anterior[1],  esta primera frase contiene un error garrafal, no menos grave por habitual. Intentaré explicarme.

La energía que «cabe» en un sistema tiene que ver con la capacidad para la cual ha sido diseñado, no con la magnitud de la demanda. Recurriendo al socorrido símil hidráulico, podemos entender el sistema eléctrico como un depósito de agua totalmente lleno cuya presión de salida debe mantenerse constante. La cantidad de agua que podemos —y debemos— añadir en cada instante es exactamente la misma que la que sale. Si añadimos menos el depósito tenderá a vaciarse y la presión de salida disminuirá, y si intentamos añadir más, se irá por fuera: se verterá, que a lo mejor es la imagen que quiere sugerir el redactor. Y por supuesto que el símil es válido tanto para “la electricidad eólica o solar” como para la generada con cualquier otro sistema.

Continúa nuestro osado redactor sentenciando que:

En ese escenario, el operador del sistema eléctrico nacional, Red Eléctrica de España (que es la entidad encargada de casar oferta y demanda, o sea, de conseguir que no haya apagones «por falta de» o sobrecargas «por exceso de» energía eléctrica en un momento dado) manda parar los aerogeneradores o manda «desenchufar» las instalaciones solares, …

Dejando a un lado que no es precisamente REE la encargada de “casar la oferta y la demanda” y que esta misión es mucho más compleja que la que se describe, un sistema de energía eléctrica no se entiende sin comprender algunas cosas muy sencillas:

  1. La energía eléctrica presenta la particularidad de que debe ser utilizada, (directamente para el consumo o para su almacenamiento) en el mismo instante en el que se genera.
  2. La energía eléctrica del SEP[2] en el que estamos conectados está en la forma de una red alterna trifásica a tensión y frecuencia constante.
  3. La variación de frecuencia de la red por encima de unos ciertos límites debe ser inmediatamente corregida por el sistema. De mantenerse originará lo que nuestro redactor llama “apagones”.
  4. En un sistema interconectado como el nuestro la alteración del equilibrio entre consumo y generación provoca variaciones de frecuencia.
    1. Si la carga tiende a crecer la frecuencia tiende a disminuir. La velocidad de caída dependerá de la cantidad de energía rodante y de la constante de inercia del conjunto de los medios de generación conectados a la red que tengan esta reserva.
      1. Si la carga tiende a disminuir la frecuencia tiende a aumentar. Podremos intentar restablecer el equilibrio actuando sobre los sistemas de regulación de los generadores que dispongan de esta capacidad.

Supongo que los subrayados ya os han dado una pista de por dónde van los tiros. Solamente unos pocos modelos de aerogeneradores disponen de una limitada reserva de energía rodante utilizable, y desde luego ningún sistema fotovoltaico dispone de estas capacidades.

Pongámonos ahora en la situación en la cual dicha demanda disminuye por encima de la capacidad del control del sistema. En ese momento REE procederá a la desactivación de algunas plantas de generación en un orden específico hasta conseguir reequilibrar oferta y demanda. Orden que se basa en el costo de operación de las plantas y en la flexibilidad del sistema, por lo que las plantas de energía renovable como la eólica y la solar suelen ser las últimas en desactivarse dentro del grupo regulador[3]. Tampoco haremos sangre con el vocabulario empleado para describir la separación de la red de unas y otras plantas.

Vayamos ahora al análisis de los: perjuicios diversos. Copio la frase entera:

para el generador, que no puede vender electricidad que no va a poder almacenar, o sea, que va a perder sí o sí una cierta cantidad de ingresos;

En este primer perjuicio, se nos informa que el pobre y bienintencionado inversor, cuya única motivación es cuidar el planeta tierra, va a perder sí o sí una cierta cantidad de ingresos. ¡Como la lechera, vamos! También va a perder una cierta cantidad de ingresos si de repente entra un frente nuboso, si la temperatura sube por encima de 25º C, o si una bandada de gaviotas come algo en mal estado y pasan sobre las placas en pleno proceso de deposición, cosas que no cita.

¡Es cierto! Debo reconocer que estoy retorciendo el argumento porque lo que preocupa a nuestro periodista no son los ingresos no habidos por no poder generar sino aquellos que, pudiendo generar, no puede tener porque no tiene quien le compre la energía. ¡Y no la va a poder almacenar! Aspecto este más importante que lo que se sugiere.

Vayamos con el siguiente perjuicio directo también para el medio ambiente.

¡Eso sí que ya no es tan cierto! Si las razones para la desconexión de algunas centrales eólicas o fotovoltaicas es la baja demanda de energía no debemos de quejarnos sino felicitarnos, ya que «No hay energía tan limpia como la que no se consume». Energía limpia; aunque no esté muy de acuerdo con esa adjetivación de la energía, pero mucho más que con la propuesta por nuestro redactor de cabecera de electricidad limpia y electricidad sucia, incluyendo, sin ninguna argumentación adicional, a la producida en las centrales nucleares entre las sucias. ¡Se ve que nunca ha visitado una nuclear! Todo allí está muy limpito.

Para terminar con … y perjuicio [por fin] para la ciudadanía.

Veamos. Que la ciudadanía page más barata la electricidad, tiene muy poco que ver con la alta disponibilidad de «energía renovable». Podría ponerme en plan científico y explicar pormenorizadamente —moi polo miúdo, como decimos los galegofalantes— qué es un mercado “spot”[4], qué agentes pueden actuar en este mercado y el mecanismo de «casación» de oferta y demanda, pero prefiero dejar que sea un famoso ministro de economía del gobierno de España el que nos proporcione el mejor resumen de la situación en una frase que se ha hecho famosa: ¡Es el mercado amigo! Lo que, pese al optimismo de nuestro redactor, es lo único que está sobradamente demostrado.

—¿Con que tiene que ver entonces? —Podrá objetar nuestro redactor en un rapto de ira.

—¡Pues verás! Para poder discutir de este tema lo primero que deberíamos acordar es el significado de las palabras. Por ejemplo, de la palabra «barato»; ¡o incluso del propio «discutir»! No olvides que, para la RAE en su primera acepción, discutir es sinónimo de disputa, bronca, altercado o pelea; mientras que en la segunda acepción discusión es “Análisis o comparación de los resultados de una investigación, a la luz de otros existentes o posibles”.

—No creo que barato esté en la misma situación. Según la misma RAE que cita, barato es “Que tiene un precio bajo o más bajo de lo normal”. Y no creo yo que eso tenga discusión o segundos significados.

—¡Pues va a ser que sí que los tiene! Barato es un Rolex para alguien como Amancio Ortega; y caro, muy caro, para el resto de la humanidad. Y barato es un recibo de electricidad de 100 € para el mismo personaje y caro muy caro para una familia sin recursos.

Dejaba abierta en esta comparación la puerta de la trampa para mi imaginario adversario dialéctico. A poco leído que fuera entraría a discutir de la teoría del valor en Marx, o en la escuela austríaca, la botella de agua en el desierto, etc.

Seguí un rato imaginando el posible desarrollo de la conversación, hasta darme cuenta de que era muy posible que mi imaginario interlocutor, redactor de una revista de energías renovables, no estuviera muy predispuesto a discutir de estas cosas de los precios y la disponibilidad de la energía bajo una perspectiva de clase, en una publicación del Partido Comunista, con lo que toda mi artillería dialéctica tan cuidadosamente dispuesta fuese tan inútil como un cenicero de moto.

Aunque, por otra parte, tampoco tienen estos artículos una intención de ofender a nadie, sino la de cumplir con eficacia la sabia máxima del poeta Horacio en su Epistula ad Pisones de «Docere delectando«, enseñar deleitando.


Notas:

[1] Como indicábamos en el artículo anterior de “El cuento de la lechera” (https://mundoobrero.es/2024/04/18/el-cuento-de-la-lechera/ (Mundo Obrero, Abril 2024), el autor no ha sido capaz de encontrar una definición normativa para el concepto “vertido de energía a la red”. Lo más aproximado ha sido el enunciado de la norma UNE 217001:2015, actual UNE 217001:2020, “Requisitos y ensayos para sistemas que eviten el vertido de energía a la red de distribución”. El sentido del término vertido parece evidente cuando su traducción al inglés es “Requirements and tests for systems intended to avoid the energy transmission to the distribution network”.

[2] Un sistema eléctrico de potencia es una red de componentes eléctricos instalados para suministrar, transferir y usar energía eléctrica. Un ejemplo de un sistema de potencia es la red que proporciona energía a un área extendida.

[3] El proceso concreto seguido por Red Eléctrica, el Operador del Sistema en España para adaptar la capacidad de generación a la demanda, garantizando la seguridad y continuidad del sistema, así como la correcta coordinación entre el sistema de producción y la red de transporte, excede con mucho de las intenciones de este artículo.

[4] Alguien en un rapto de humor ha comparado el mercado mayorista de la electricidad con una piscina (pool), en la que generadores, comercializadores y consumidores cualificados emiten sus ofertas de venta y demandas de compra de energía eléctrica. Estos agentes deben presentar una oferta de venta o demanda de compra para cada hora del año, al precio que consideren rentable para sus intereses, ante un operador independiente del mercado de electricidad al por mayor (mercado “spot”), que en el caso de la Península Ibérica recibe el nombre de OMIE. Los precios se casan cruzando oferta y demanda, teniendo en cuenta que la energía eléctrica presenta la particularidad de que debe ser utilizada, (directamente para el consumo o para su almacenamiento) en el mismo instante en el que se genera.

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