Ciotti fue cesado por unanimidad inmediatamente pero ya había dado a la ultraderecha la victoria final en la batalla cultural

Fin del Pacto Republicano: la derecha francesa se recompone en torno a la Agrupación Nacional

El reposicionamiento de las derechas tendrá su eco en Europa y también terminará llegando a España
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Éric Ciotti, EPP Summit, 23 March, Brussels
Éric Ciotti, EPP Summit, 23 March, Brussels | European People's Party / CC BY 2.0

La derecha francesa ha saltado por los aires y el 12 de junio será recordado durante mucho tiempo como el día en que una fuerza capital de la V República francesa se convirtió en un sainete del que reírse a carcajadas si no fuese porque el gran beneficiado ha sido, sin duda, el Rassemblement National de Marine Le Pen. El motivo: las últimas elecciones al Parlamento Europeo.

El resultado de los comicios del pasado domingo en Francia ha supuesto tal seísmo que casi ningún actor se ha salvado de sus sacudidas. Les Républicans, afiliados al Partido Popular europeo, obtuvieron el 7,26% de los apoyos y seis eurodiputados, siendo la quinta fuerza política y viéndose ampliamente superados por el partido de Le Pen, claro ganador de las elecciones con un 31,37% de los votos y 30 eurodiputados. Incluso antes de hacerse oficiales los resultados, Emmanuel Macron disolvió la Asamblea Nacional y convocó elecciones legislativas para el 30 de junio en primera vuelta y el 7 de julio en segunda vuelta.

A partir de ahí todo se aceleró. Este miércoles el presidente de Los Republicanos, Éric Ciotti, en una entrevista en el principal informativo del país vecino soltó la bomba: había sellado una alianza con la extrema derecha francesa para ir juntos a las legislativas. Comenzaron unas horas locas en las que se sucedieron las críticas prácticamente unánimes en el seno de su partido, desde senadores a diputados, alcaldes, direcciones, presidentes de región… Todos le reprochaban a Ciotti haber tomado una decisión puramente personal, al margen de cualquier órgano, que suponía una traición a los valores de la derecha gaullista. Los trabajadores de LR cambiaron las contraseñas de las redes sociales para que Ciotti no hablase en nombre del partido, la dirección se organizaba para forzar su destitución, a lo que el todavía Presidente respondió encerrándose bajo llave en la sede central mientras algunos dirigentes amenazaban con “desalojarlo físicamente” si fuese necesario. La jornada terminaba con Ciotti cesado por unanimidad de la dirección nacional pero negándose a abandonar su cargo, dejando abierto el culebrón que ha convertido a LR en un parido totalmente roto.

Desde España a buen seguro que llama la atención la contundencia y rapidez con las que Los Republicanos, aliados del Partido Popular, han respondido a la propuesta de pacto de Éric Ciotti con la extrema derecha. Unas formas que ponen en evidencia al Partido Popular de Feijóo, que no solo permite sino que fomenta acuerdos de gobierno en comunidades autónomas y ayuntamientos con VOX. Al fin y al cabo, hablamos de una derecha española fundada por los herederos del franquismo frente a una derecha francesa que puede incardinarse en acontecimientos históricos como la Revolución de 1789 o más recientemente la lucha contra el fascismo durante la 2ª Guerra Mundial.

Aunque el paso dado por Ciotti, que lo convierte en el primer líder de un partido de gobierno dispuesto a entenderse con Marine Le Pen, ha supuesto una ruptura moral con los valores de Los Repúblicanos y un punto de inflexión para la vida de la derecha en la Vª República, también era un movimiento esperable, que llegaría tarde o temprano para culminar la peligrosa convergencia LR-RN iniciada hace mucho tiempo. Porque a pesar de todo, los vasos comunicantes entre la derecha conservadora y la extrema derecha siempre han existido y se han multiplicado estos últimos años.

Vasos comunicantes

El camino ha sido largo, pero la deriva ha sido constante. En 1990, el entonces Rassemblement pour la République abogaba por la inmigración cero y Jacques Chirac denunciaba “el ruido y el olor de los inmigrantes”. Años más tarde fue Nicolas Sarkozy con su efímero Ministerio de Identidad Nacional y su Discurso de Grenoble, en el que ligaba abierta y públicamente inmigración con delincuencia. François Fillon, Laurent Wauquiez, Nadine Morano o más recientemente Gérald Darmanin y el propio Macron son algunos de los dirigente que durante estos años han normalizado poco a poco los postulados de la extrema derecha y llevado a cabo sus medidas por puro cálculo electoral sin darse cuenta, como suele decirse, que entre el original y la copia la gente siempre va a preferir el original.

El daño ya está hecho. Ciotti ha regalado a la Agrupación Nacional el momento que más anhelaba: el fin de la ‘desdiabolización’ de la extrema derecha, el reconocimiento público como la referencia del conservadurismo francés, la alternativa a Macron y al Frente Popular. Ciotti les ha dado la victoria final en la batalla cultural, porque si bien es cierto que desde los años ochenta se han sucedido pactos y acuerdos puntuales sobre todo a nivel local entre ambos espacios políticos, la declaración de Ciotti se sitúa en una escala totalmente diferente: es la voladura definitiva del Pacto Republicano que ha mantenido a la extrema derecha alejada del gobierno francés desde el fin del régimen de Vichy. Normal que desde el pasado miércoles Marine Le Pen y Jordan Bardella, su candidato a las europeas, estén dando saltos de alegría y llamando a la unidad en torno a su partido y su programa reaccionario.

Éric Ciotti ha cruzado la última línea roja que le quedaba a la derecha gaullista francesa, sumiendo a Los Republicanos en una crisis que amenaza la propia existencia de un partido que lleva años sufriendo reveses electorales, superado por la extrema derecha y devorado internamente por una nueva generación de jóvenes dirigentes que han construido su identidad política renegando del cordón sanitario y tejiendo relaciones cada vez más solidas con los cuadros políticos de la Agrupación Nacional o de Reconquête, el partido fundado por Éric Zemmour hace escasos tres años que también ha saltado por los aires cuando su vicepresidenta, Marion Maréchal, ha pedido abiertamente el voto para el parido de su tía.

Estos días están siendo momentos cruciales para la historia de la Vº República Francesa. El sistema de partidos que ha regido la vida política francesa en las últimas décadas ha certificado su muerte en estas europeas y tras las próximas legislativas será muy diferente, con una nueva derecha francesa hegemonizada por el neofascismo de la Agrupación Nacional, con un Presidente de la República incapaz de hacerle frente y con el nuevo Frente Popular como última trinchera de defensa los valores democráticos y republicanos franceses tal y como los conocemos desde la Revolución. Una batalla que no solo tendrá implicaciones para Francia, sino que tendrá su eco en Europa y también terminará llegando a España.

(*) Miembro de la Coordinadora Federal de IU

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