El libro de historietas Que no se olvide, escrito y dibujado por Marina Velasco (Zaragoza, 1997), es un canto a la solidaridad intergeneracional dentro de la comunidad LGTBIQ+ que ha obtenido un gran reconocimiento de público y crítica, y ha sido galardonado con el XVI Premio Internacional Fnac-Salamandra Graphic.
En palabras de la propia autora, «escribí Que no se olvide con la clara intención de difundir la memoria histórica del colectivo LGTBIQ+ y dar voz a las historias que durante tanto tiempo se habían silenciado».
La historieta actual refleja una mayor apertura hacia la diversidad afectivo-sexual y los distintos modelos de familias. Dan testimonio de esta tendencia pioneras como Alison Bechdel y sus libros Fun House o ¿Eres mi madre?, éxitos recientes como Heartstopper de Alice Oseman, modalidades del manga LGTB volcadas hacia lo romántico o lo erótico, e incluso la recepción de esta temática por parte de las grandes editoriales estadounidenses con casos como Marvel Pride o DC Orgullo 2023.
Esta no fue la situación con la que tuvieron que convivir los autores de cómic adulto que se abrieron paso en la transición a la democracia en nuestro país. Valga por todos la mención a Nazario (Castilleja del Campo, Sevilla, 1944), uno de los emblemas del cómic underground, quien comienza publicando en revistas contraculturales como El Rrollo Enmascarado o Star, hasta dar a conocer a su personaje más emblemático, Anarcoma, en las páginas de Rampa primero y de El Víbora después. Adalid de la llamada «línea chunga», Nazario se caracteriza por su retrato de una Barcelona canalla, plagada de situaciones y personajes provocadores, en la que la presencia del sexo explícito es una constante.
A la altura de 1978, el entonces conocido como «cómic gay» tenía como única condición de posibilidad la ruptura total con los modelos establecidos, pero no albergaba ninguna vocación de retratar la situación real de una comunidad de personas que vivían su sexualidad prácticamente en una situación de clandestinidad. Conviene recordar que la enmienda del PCE que consiguió eliminar las conductas homosexuales de la Ley de Peligrosidad Social alcanzó las páginas del «Boletín Oficial del Estado» en una fecha tan tardía como el 11 de enero de 1979.
Marina Velasco declara que con Que no se olvide busca «recuperar, poner en valor y dar visibilidad a las vidas de las generaciones de más edad de la comunidad LGTBIQ+». Esas vidas condicionadas por unas normas represivas y un entorno familiar, social y laboral muchas veces tremendamente asfixiante. La autora da voz a seis personas mayores (Paquita, Arnau, Santiago, Manuel, Carmen y Olivia), cuyos testimonios, recogidos a modo de encuesta, van recorriendo los distintos capítulos de que se compone el libro, con títulos tan explícitos como «Encontrarse», «Salir», «Consecuencias», «Evasión y libertad», «Amores» o «El presente».
Un denominador común que atraviesa las voces de los distintos intervinientes es el lamento por la ausencia de referentes que les hubiesen servido de guía para interpretar sus propios deseos, imaginar una diversidad en la expresión de los afectos o, incluso, desarrollar una vida sexual plena. La propia autora y su pareja, que se integran en el libro como unos personajes más, son conscientes de que, aunque ellas sí han encontrado algunos puntos de referencia en figuras del cine, la televisión o la música de su tiempo, estos han sido incompletos y, a veces, equívocos.
Desde un punto de vista estético, la autora piensa que el arte puede ayudar a mejorar el mundo y por ello —declara— «me gusta crear imágenes que no se ciñen a las normas convencionales, en las que se muestran personas diversas, cuerpos grandes, mujeres fuertes…». Puesto que la belleza de lo cotidiano recae en la imperfección, Velasco considera que la deformación de la anatomía es una herramienta más al servicio de su cómic e intenta ganar la mayor expresividad a través, principalmente, de la gestualidad de las manos.
El juego de transiciones, tanto en el tiempo como en el espacio, es una constante a lo largo de toda la obra. Vemos a los distintos personajes respondiendo a unas entrevistas desde el presente, pero sin solución de continuidad: Paquita retrocede a la vida cotidiana de Calzadilla de los Barros en 1952, Santiago se viste con ropas de mujer en la habitación de sus padres en 1963, Manuel vuelve a ser aquel niño solitario en el Ainzón de 1960, Arnau cruza miradas de reojo con otros chicos de Sant Martí en 1968, Carmen se siente un bicho raro en Azpeitia hacia 1965 y Olivia afronta su bisexualidad en el Madrid de los años de la Movida.
La cercanía en el tratamiento de los temas y vivencias facilita la empatía con las personas de carne y hueso que están esperando nuestra respuesta ocultas tras la máscara de trazos y colores que ha dibujado Marina Velasco. Dirigiéndose a ellas, la autora exclama al final del libro: «Ya es hora de romper el silencio al que durante tanto tiempo se nos ha condenado. Necesitamos que se nos escuche, que se reconozca todo lo que vosotros tenéis que contar y ¡que no se olvide! Porque jamás aceptaremos un presente en el que se niegue nuestro pasado».







