La apertura de la XVII legislatura de la Asamblea Nacional francesa arrancó esta pasada semana, tras las elecciones legislativas anticipadas en las que el Nuevo Frente Popular se convertía en la primera fuerza política del hemiciclo, consiguiendo frenar al Rassemblement National de Marine Le Pen y alejar a la extrema derecha francesa del poder.
La composición de los órganos de gobierno de la cámara baja del parlamento francés confirmó los rumores: un pacto entre el macronismo y Les Républicains que hacía caer la presidencia de la Asamblea Nacional del lado del campo presidencial gracias a los votos de los diputados de la derecha. De esta forma Yaël Braun-Pivet revalidó el cargo frente al candidato del Nuevo Frente Popular, el diputado del Partido Comunista de Francia André Chassaigne.
Sin embargo, a pesar del acuerdo con los Republicanos, Macron no las tiene todas consigo: sus partidarios son hoy aún más débiles que hace dos años, la izquierda es la primera fuerza en número de diputados, controlará el bureau de la Asamblea y sigue presionando para que el Presidente respete el resultado de las elecciones y llame al Nuevo Frente Popular a formar gobierno.
La izquierda encabeza un hemiciclo muy plural
La composición final de la Asamblea Nacional muestra claramente la enorme fragmentación surgida de las últimas elecciones legislativas. El Nuevo Frente Popular suma finalmente de 193 escaños, 42 más que los obtenidos por la NUPES en 2022; la coalición macronista se queda en 166, perdiendo 84 representantes tras la decisión de su Presidente de disolver la Asamblea y convocar nuevas elecciones; la Agrupación Nacional sube hasta los 126 escaños, 37 más que en las últimas legislativas; Los Republicanos obtienen 47 diputados y pagan la escisión de Eric Ciotti, que consigue 16 escaños para su nuevo grupo parlamentario À droite. Finalmente, el grupo LIOT queda compuesto por 21 diputados. 


Sin embargo, cabe recordar que las formaciones que componen el Nuevo Frente Popular acordaron constituir grupos políticos propios, por lo que habrá un total de 11 grupos parlamentarios esta nueva legislatura, todo un récord en la Vª República. Los 193 escaños de la izquierda francesa quedan divididos entre los 72 diputados de Francia Insumisa; los 66 del grupo Socialista y sus aliados; los 38 del grupo Ecologista y Social, que acoge a varios exdiputados expulsados de Francia Insumisa, y el grupo de la Izquierda Demócrata y Republicana, que incluye a los diputados y diputadas del Partido Comunista Francés y a sus aliados de la izquierda de ultramar, contará finalmente con 17 miembros. Para completar este rompecabezas, el campo presidencial estará dividido entre los grupos de Ensemble pour la République (99 escaños), Les Démocrates (36) y Horizons (31).
“Se ha robado el voto de los franceses”
Como mencionaba mi anterior artículo para Mundo Obrero: “en estos siete años Macron ha dejado claro que la supervivencia de su Monarquía-Republicana es su principal objetivo. El electorado progresista francés ya vio como Macron les traicionó en 2017 y de nuevo en 2022, y a buen seguro que la oficina del presidente ya está trabajando en alternativas que pasen por dejar a las fuerzas del Nuevo Frente Popular fuera del poder para conseguir una mayoría relativa que permita a Ensemble seguir gobernando, por ejemplo, junto a Los Republicanos en una difícil unión conservadora-liberal aunque suponga pervertir el resultado de las urnas”. Lamentable no andaba muy desencaminado.
En este contexto de fragmentación, los diputados y diputados estaban llamados a elegir la Presidencia de la Asamblea Nacional así como el resto de órganos de gestión de la cámara baja del parlamento francés. Si bien podía esperarse una votación reñida entre las seis candidaturas en liza, el desenlace fue más justo de los esperado y se decantó en la tercera y última votación del lado de la coalición presidencial, que se imponía con el apoyo de Los Republicanos, y gracias a la participación de los 17 ministros dimisionarios del gobierno de Gabriel Attal, desatando una gran polémica. Estos 17 votos hacían que la candidata macronista Yaël Braun-Pivet alcanzara 221 apoyos y superara a los 207 del candidato del Nuevo Frente Popular André Chassaigne.
A este respecto, cabe señalar que la Constitución francesa, en su artículo 23, deja claro que “las funciones de miembro del Gobierno son incompatibles con el ejercicio de cualquier mandato parlamentario” y, por tanto, ninguno de los miembros del actual gobierno en funciones podría haber emitido voto alguno. Para André Chassaigne “se ha robado el voto de los franceses”. En una carta emitida a la finalización de las votaciones, Chassaigne señalaba que “las maniobras del Elíseo con Los Republicanos han dado lugar a un verdadero golpe democrático que traiciona el veredicto de las urnas. Los votos de los 17 ministros dimisionarios han pesado en la balanza presidencial. Por sí solos, estos votos son un signo de la injerencia del presidente Emmanuel Macron, que confirma así su desprecio por la democracia y su falta de respeto por el principio de la separación de poderes”. Atendiendo a esta situación, el grupo parlamentario de Francia Insumisa anunció horas después de la votación la interposición de un recursos ante el Consejo Constitucional que, de aceptarse, puede tener importantes consecuencias.
Emmanuel Macron perdió las elecciones europeas de mayo, perdió las elecciones legislativas que convocó de manera unilateral y en las que consiguió salvar los muebles gracias, una vez más, a la altura de miras del electorado de izquierdas que mantuvo en pie el Frente Republicano. Y aún así, el agotado Presidente de la República no ha parado de maquinar contra el resultado electoral para mantener el control de la Asamblea Nacional. Sin embargo, su jugada no ha sido completa. Las fuerzas del Nuevo Frente Popular han logrado 12 de 22 puestos en el bureau de la Asamblea, su máximo órgano ejecutivo colegido. Con esta mayoría absoluta el NFP acaba con las posibilidades del macronismo de mantener el control férreo de una Asamblea Nacional en la antigua mayoría presidencial, ya no es mayoría y ni siquiera es la principal fuerza del hemiciclo.
Un empate con vistas al siguiente objetivo: Matignon
Podríamos decir que, a pesar de la voluntad del Presidente de la República, la apertura de esta XVIIª legislatura se ha cerrado con un empate: el campo presidencial consigue mantener la Presidencia de la Asamblea a un alto precio, pactando con la derecha y saltándose la Constitución, pero se ha visto forzado a cargar con una cohabitación junto al NFP, que controlará la mesa de la cámara baja y ha demostrado ser el actor parlamentario de más peso. Aunque pueda parecer algo nimio, incluso enormemente burocrático, que la izquierda francesa haya sido capaz de aguantar el tirón del rodillo autoritario macronista es de enorme importancia habida cuenta de la batalla que aún queda pendiente: la elección del Primer Ministro.
El Nuevo Frente Popular sigue instando a Macron para que les llame a formar gobierno. Como hemos visto, Macron no solo se ha negado hasta ahora, sino que la oficina del presidente ha dilatado premeditadamente los plazos para tratar de construir una mayoría que le asegurara el control de la Asamblea Nacional como primer paso para poder mantener el control del gobierno, obviando así el resultado de las urnas.
Urge que los partidos que componen el NFP acaben con el ruido y las discrepancias públicas y se pongan a trabajar en cerrar un acuerdo a la mayor brevedad
Para acabar con esta situación es fundamental que los partidos que componen el NFP acaben con el ruido y las discrepancias públicas de estos últimos días en cuanto a la figura a proponer para el cargo de Primer Ministro y se pongan a trabajar en cerrar un acuerdo a la mayor brevedad. Una opción se abre camino: que sean los 193 diputados y diputadas de los grupos parlamentarios del Nuevo Frente Popular quienes elijan democráticamente al candidato o candidata de la izquierda para Matignon. Esta opción, que fue puesta sobre la mesa en primera instancia por el grupo de la Izquierda Demócrata y Republicana, ha ido ganando cada vez más peso.
La situación ha de resolverse en los próximos días. El tiempo juega en contra de las fuerzas de izquierda. El gobierno de Attal se mantiene en funciones y la ciudadanía expresa cada vez más abiertamente su hartazgo ante la incapacidad de los partidos para alcanzar un acuerdo en una situación tan delicada como la actual. La arrogancia y prepotencia de Macron ha llevado a las instituciones republicanas a una crisis de régimen, social y democrática consecuencia de sus siete años de Monarquía presidencial, con medidas antisociales y neoliberales impuestas por la fuerza y políticas copiadas a la extrema derecha que han posibilitado que la Agrupación Nacional pase de la irrelevancia parlamentaria a obtener sus mejores resultados electorales convocatoria tras convocatoria.
En las pasadas legislativas el pueblo francés dijo que no quería a la extrema derecha en el poder, castigaron las políticas del presidente e hicieron a la izquierda el grupo mayoritario en la Asamblea. Por eso, la solución a esta situación de inestabilidad pasa por que Macron reconozca el resultado electoral y llame a la izquierda a formar gobierno. De lo contrario, si el Presidente insiste en mantener el poder a toda costa, al margen de la voluntad expresada en las urnas, posiblemente vayamos a una nueva repetición electoral tras un año de bloqueo, caldo de cultivo perfecto para que la extrema derecha siga creciendo hasta alcanzar su ansiada mayoría absoluta. O rectifica, o quizás, cuando abandone la Presidencia en 2027, Macron sólo dejará ruinas tras de sí.







