“Se nos ve como un continente de guerra y hambre y no como uno que puede jugar un papel protagonista en la ciencia y en la tecnología. En mi pequeño alcance quiero cambiar esta percepción”. Tebello Nyokong
La luz está en las cosas más dispares y puede ser el nexo entre cuestiones a priori muy alejadas. ¿Los vaqueros y una alternativa a la quimioterapia? No parece que tengan mucho que ver y, sin embargo, ahí está la luz como denominador común.
Y en breve explicaremos por qué, una vez que presentemos a nuestra protagonista del mes.
Tebello Nyokong nació en Lesotho, en una familia pobre, un 20 de octubre de 1951. Debido a la inestabilidad que sufría su país en aquellos momentos, siendo niña su familia la envió con sus abuelos a vivir en las montañas. Y descubrió, en contacto con la naturaleza, su pasión por la ciencia. No fue fácil: desde los 8 años tuvo que alternar la escuela con su trabajo pastoreando ovejas para ayudar a la familia. Soñaba por entonces, recuerda ella misma, con tener su propio par de zapatos.
La presión social la alejó temporalmente de la ciencia que era considerada “demasiado difícil para una chica”. Pero no duró mucho: en dos años volvió a los estudios de ciencias y completó su curso. ¡Y menos mal! Habríamos perdido a una de las grandes químicas del siglo, no solo africana sino internacional.
Repasando brevemente su paso por la formación académica, señalamos que se graduó en Química y Biología en la Universidad de Lesotho, realizó máster y doctorado en Ontario, Canadá y recibió una beca Fulbright para hacer el postdoctorado en la Universidad de Notre Dame, en EE.UU.
Después de un paso breve por la Universidad de su país a su regreso de EE.UU., empieza a trabajar en la Universidad de Rhodes, universidad pública sudafricana que se encuentra en Grahamstown y donde ha desarrollado su vida y su carrera. Gracias a la alta calificación que la National Research Foundation (agencia sudafricana que hace de intermediaria entre el Gobierno y los centros de investigación) le otorgó, Nyokong pudo acceder a su propio laboratorio de investigación en la universidad y convertirse en profesora.
Y aquí empieza el espectáculo de luz.
Nyokong destaca brillamente en nanotecnología y en terapia fotodinámica. ¿Se acuerdan de lo de los vaqueros y el cáncer? ¡Pues vamos a ello!
Las investigaciones en el ámbito de la química de nuestra protagonista están facilitando el camino para desarrollar un sistema de detección y tratamiento del cáncer de manera más segura y con menos efectos que la quimioterapia. ¿Cómo? Con nanofármacos multifuncionales: mediante la unión química de nanopartículas metálicas, magnéticas o semiconductoras a fotosensibilizadores fotoactivos de ftalocianina.
Y, a menos de que vengan del mundo de la química, igual se preguntan qué será eso de la ftalocianina. Pues se lo explica ella misma: “unas sustancias medicinales que solemos denominar “tinturas” porque sus moléculas son similares a las de los tintes utilizados para colorear la tela de los pantalones tejanos.” Idénticas, aunque los metales que contiene no son los mismos y por ello tienen funciones distintas. ¿No es maravilloso?
Nyonkong se encarga, de hecho, de la fabricación de estas moléculas dentro de un equipo integrado también por personas que provienen de distintas disciplinas: química, biología, biotecnología. Y, es que, como a ella misma le gusta decir, “los químicos somos creadores”.
Este nuevo tratamiento que están desarrollando se llama fotoquimioterapia. Bueno, en rigor no es nuevo ya que se ha venido utilizando contra distintos tipos de cánceres antes. Lo nuevo son las sustancias medicinales utilizadas que, al menos de momento, son esperanzadores por la disminución de los efectos secundarios.
¿Y cómo funcionan esto? Pues el medicamento entra en el organismo para llegar a los tejidos cancerosos y, una vez dentro, se activa con la luz para atacar las células. Ahora bien, el reto es evitar que también se fije en los tejidos sanos. Y para ello, nuestra científica y su equipo están investigando para combinar las moléculas que se activan fácilmente con la luz con algo que podría llamarse “sistema de entrega”. En sus palabras: “las moléculas contienen nanopartículas, denominadas puntos cuánticos, que penetran con suma facilidad en cualquier parte del cuerpo y “entregan” el medicamento allí donde hace falta. Además, emiten luz y esto facilita la localización de las células cancerosas”.
Suena maravilloso, no me negarán. Pero Nyokong es realista también sobre los límites: la nanotecnología es peligrosa porque hablamos de partículas que pueden penetrar fácilmente en el organismo y en este caso, por ejemplo, contienen metales pesados.
Queda sin duda camino por recorrer. Pero cuando hay luz, y aquí hay mucha, sin duda es más fácil.
Podría acabar hablando del rosario de premios y reconocimientos que Nyokong acumula, muy merecidamente, a lo largo de su carrera. Pero prefiero acabar recordando por qué se dedicó a esta investigación.
A Nyokong le apasionan los rayos láser y sus colores brillante. Solo después se interesó por las aplicaciones y, en concreto, por el cáncer. Viva la investigación pura porque quizá, sin ese simple amor a los colores brillantes no habría avances en el tratamiento contra el cáncer.








