Hace 41 años que no se reduce la jornada laboral legal. En este tiempo, el trabajo, la empresa, la economía y la sociedad se han transformado radicalmente. En 1983, se tardaba 60 horas en hacer un coche en nuestra industria automovilística. Ahora, se tarda 16. Y no es solo en la industria: la tecnificación y la digitalización abarcan todos los sectores y también los servicios. El comercio, la limpieza urbana, la comunicación… En 1983 en los comercios había solo cajas registradoras manuales, en ocasiones ni eso, se contaba y se hacían las notas en papel. Ahora todo funciona en códigos de barras, digitalmente, y aún se va a revolucionar mucho más. Vivimos en la edad de la inteligencia artificial y en la de una creciente hiperproductividad. Reducir la jornada es una manera de repartir la riqueza que se genera. Si no, el aumento de la productividad es la causa del aumento de las desigualdades.
En España ya, por negociación colectiva, se trabajan 38,3 horas de media. Allí donde hay fuerza sindical se trabaja ya por debajo de las 40 horas legales. Con acuerdos como las 35 horas de la administración o las 36 horas pactadas en el convenio de Telefónica. Pero aún hay sectores en los que se trabaja 40 horas y más: en la hostelería, en el comercio, en el campo… con un control horario que no termina de funcionar, con muchas horas extras ilegales sin cotizar y en muchos casos sin pagar.
Los datos extraídos de los convenios colectivos firmados hasta septiembre del 2023 nos muestran que el 50,21% de las personas trabajadoras está afectada por una jornada media entre 38,5 y 39,5 horas semanales (de 1.712 a 1.758 horas anuales). El 29,82% trabaja de media entre 37,5 y 38,5 horas (de 1.712 a 1.758 horas/año) y el 11,90% tiene una jornada media inferior a 37,5 horas semanales (menos de 1712 horas al año).
El sindicalismo y el movimiento obrero siempre han reivindicado la reducción de la jornada laboral. En la huelga general de La Canadiense, de febrero y marzo de 1919, se consiguieron las 8 horas diarias y la jornada de 48 horas semanales, en la que se trabajaba el sábado.
Antes de 1919 se trabajaba de 12 a 16 horas diarias. Con la Ley 1919, 8 horas diarias, y 48 horas semanales. En 1957 se abre la posibilidad de una semana de 44 horas semanales en algunos sectores. No es hasta 1983 que se llega a las 40 horas semanales con la modificación del Estatuto de los Trabajadores.
Los 30 días de vacaciones legales también son del 1983. No es hasta la 2ª República, en 1931, que se hace la Ley de contratos de trabajo que contempla los 7 días de vacaciones pagadas. El 1944 (durante el franquismo) se hace la ley de descanso dominical y vacaciones pagadas y se mantienen 7 días. La ley de relaciones laborales de 1976 llega a 21 días y con la democracia y el Estatuto de los Trabajadores son 23 días naturales, no es hasta la ley 4/1983, que se alcanzan los 30 días naturales.
Trabajar menos sirve para vivir mejor, pero también para trabajar mejor
Hoy, como en 1983, y antes, la patronal utiliza los mismos argumentos, que ya sabemos que son visiones fatalistas que no corresponden a la realidad. “La reducción de la jornada aumenta los costes laborales, la empresa será menos productiva…” todos son erróneos. La patronal estaba en contra de las vacaciones pagadas: y ahora el turismo es un motor económico.
Las empresas no son más productivas por trabajar muchas horas, todo lo contrario. El modelo con la mano de obra intensiva y jornadas largas es el pasado. Si no se reduce la jornada laboral, hay sectores y empresas que no tienen incentivo para modernizarse.
Trabajar menos sirve para vivir mejor, pero también para trabajar mejor. Tener mejores condiciones laborales, más conciliación, el teletrabajo, un buen uso de la tecnología… hace mejorar la productividad. Tener más tiempo libre también genera más actividad económica y creación de empleo en el ocio, en la cultura y sectores en los que influya esa actividad.
Para el sindicato, la jornada de 37,5 horas es el paso hacia las 35 y las 32 horas y la semana de 4 jornadas laborales
Para el sindicato, la jornada de 37,5 horas es el paso hacia las 35 y las 32 horas y la semana de 4 jornadas laborales. Europa ha empezado a caminar hacia una jornada laboral más corta.
El Gobierno laborista del Reino Unido está estudiando la posibilidad de que las personas trabajadoras británicas puedan plantear a sus empleadores una jornada laboral semanal comprimida en cuatro días.
El primer ministro polaco, el conservador Donald Tusk, se ha comprometido a que antes de acabar la legislatura, en 2027, la semana laboral en ese territorio europeo sea de ocho horas en cuatro días o de siete distribuidas en cinco.
En Francia, que estableció la semana laboral de 35 horas en el año 2000, se exige avanzar hacia una semana laboral de 32 horas.
En países como Alemania o Dinamarca, donde también se encuentra instalado el debate de la reducción del tiempo en el trabajo, la media de las horas realmente trabajadas, para un contrato a tiempo completo, se encuentra actualmente por debajo de las 35 horas semanales.
Nos gustará que este cambio salga pactado en el ámbito del diálogo social, involucrando a sindicatos, empleadores y al Gobierno, y así asegurar que se implementa de la manera más justa y eficaz posible. En primer lugar, para avanzar en el contenido de un posible acuerdo, la patronal nos tiene que decir que comparte el objetivo. Que quieren ser un empresariado moderno y de futuro.
Luego, el Gobierno y el conjunto de las fuerzas políticas deben escuchar a la ciudadanía y actuar conforme a la voluntad popular, cumpliendo con las expectativas de las trabajadoras y los trabajadores de tener mejores derechos laborales.
Para todo el arco parlamentario la dignidad laboral y la mejora de las condiciones de vida de las personas deben ser una prioridad. La evolución de los derechos sociales y transformación de la sociedad española no puede depender de las batallas y conjeturas partidistas. Le pido a sus señorías responsabilidad.
La competitividad y el aumento de la productividad no se logra a través de la explotación, sino mediante la inversión en tecnología, formación y, sobre todo, en el bienestar de las personas trabajadoras
Tiene que haber un equilibrio entre el respeto a la legitimidad de la soberanía popular, que tienen que hacer su trabajo legítimo, y la legitimidad de la autonomía de negociación de las partes del diálogo social en los temas que les son propios. Llevamos suficientes años y acuerdos en el diálogo social para saber hacerlo.
UGT y CC.OO., con la fuerza de la unidad de acción, iniciamos una campaña de movilización y concienciación para trasladar a la patronal inmovilista, y también a los grupos parlamentarios, que no se puede permanecer al margen de la sociedad a la que pertenecen, aferrándose a una norma del siglo pasado.
La reducción del tiempo de trabajo en nuestro país no es solo una necesidad social, sino una estrategia económica fundamental para el futuro. La competitividad y el aumento de la productividad no se logra a través de la explotación, sino mediante la inversión en tecnología, formación y, sobre todo, en el bienestar de las personas trabajadoras.
La fuerza del sindicato está en la empresa y en la calle, en la mesa de negociación se consiguen los acuerdos, pero nunca vamos, ni podemos, renunciar a la movilización. Este es nuestro modelo sindical: somos un sindicalismo de movilización y acuerdo.
Ahora es el momento de actuar, porque ya toca reducir la jornada. No hay ninguna excusa para no reducir la jornada. Casi 13 millones de personas lo están esperando. La reducción de la jornada es una demanda asentada en la sociedad.







