En los últimos tiempos vemos cómo ese “Segundo Turno” en América Latina de gobiernos progresistas y de izquierda deben continuar enfrentándose a la defensa de la propuesta de integración e independencia para la región, defendida por el Libertador, Simón Bolívar, frente a los continuos ataques del monroísmo, derivado de la Doctrina Monroe, que busca la dominación y el control de la región por parte de Estados Unidos.
La ofensiva imperialista que comenzó a partir de 2015-2016 ha llevado a un cierto retroceso de los gobiernos progresistas en la región. Las estrategias y tácticas utilizadas por Estados Unidos y sus aliados para desestabilizar y derrocar a gobiernos progresistas, se ha agudizado utilizando herramientas como medidas coercitivas unilaterales e ilegales (mal llamadas sanciones), bloqueos criminales, campañas mediáticas y golpes de Estado.
La arquitectura institucional que ha desplegado EE.UU. en la región, en particular lo vinculado al ámbito de la comunicación y la cultura, así como la asistencia económica, le permite una presencia permanente en asuntos internos, con el potencial de incidir o liderar procesos de desestabilización y golpes de Estado.
En 2010 el periodista argentino Gregorio Selser compiló más de ciento cincuenta intervenciones de los EE.UU. en la región, solo hasta el año 1978. El Continente no vive en paz, y no precisamente porque existan guerras en la región entre naciones hermanas, sino por las continuas injerencias de Washington. Solo hay que escuchar las palabras de la Jefa del Comando Sur, la Generala Laura Richardson: “En este “nuestro vecindario” hemos convivido armónicamente durante dos siglos y no tenemos que permitir que vengan intrusos, gente de fuera del vecindario a perturbar las armónicas relaciones que hemos tenido durante tanto tiempo”. “Armónicas relaciones”: Como he señalado anteriormente, solo hasta 1978 hay contabilizadas más 150 intervenciones estadounidenses. “Que vengan intrusos”: En clara referencia a los gobiernos revolucionarios de Venezuela o Cuba, y a las relaciones de multilateralidad que la región pueda tejer con China, Rusia o Irán.
Por tanto, América Latina y el Caribe no viven en paz. A la brutal injerencia y ataque que está recibiendo de nuevo Venezuela ante la reelección del presidente Nicolás Maduro el pasado 28 de julio, se suma Colombia. El presidente Gustavo Petro está haciendo un esfuerzo enorme para pacificar el país, enfrentándose a continuas arremetidas golpistas; tentativas de asesinato como la sufrida por la vicepresidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner, en septiembre de 2022; las numerosas amenazas contra la vida de la vicepresidenta Francia Márquez en Colombia; la última arremetida contra el gobierno de la presidenta Xiomara Castro en Honduras…, y un largo etcétera.
Como está ocurriendo en Venezuela y el ataque imperialista, la agresión fascista, a la que están haciendo frente, EE.UU. despliega sus tentáculos de ataque a través de medios o redes sociales. El recurso mediático ha sido cuidado y cultivado con máxima atención por la derecha. En cambio, del lado de la izquierda o del progresismo hay una especie de subestimación del rol de los medios de comunicación, inclusive de las RR.SS. A esto hay que sumar la eficacia de las estrategias de la neurociencia y los algoritmos. Así han llegado a producirse fenómenos como el de Milei o Bolsonaro, “obras maestras” de Steve Bannon (ex asesor de Donald Trump).
Ante esta radicalización de las derechas, ¿cuál debe ser la respuesta de las fuerzas populares y gobiernos? ¿La moderación o la radicalización?
En tiempos de polarización política y fortalecimiento de los instrumentos políticos del capital financiero trasnacional los gobiernos que supieron y pudieron enfrentar a las clases dominantes o bien resistiendo duras embestidas, o bien avanzando con reformas progresistas, son los que permanecen, renuevan y dan la tónica a esta nueva fase repleta de tensiones y contradicciones. En todos esos casos se han propuesto trabajar para fortalecer a los sujetos populares que caracterizan a cada país y a sus expresiones organizativas sociales y políticas, con la enorme riqueza, variedad y singularidad de cada territorio.
A pesar de las virulentas arremetidas imperialistas, en América Latina o en el Caribe se están dando las condiciones necesarias para la consolidación de un nuevo turno del ciclo progresista, aunque quizá todavía no las suficientes. La consolidación del gobierno del presidente Maduro en Venezuela, el éxito que tenga el gobierno de Petro en la aprobación y aplicación de las reformas en Colombia; el despliegue de aquellas pendientes en el gobierno mexicano que, ahora con el triunfo de Sheinbaum y de la 4T en México; la consolidación del gobierno de Lula en Brasil que le permita avanzar con políticas populares aunque tenga el parlamento en contra, así como la capacidad de fortalecer la construcción de ámbitos de integración y unidad regional, sorteando los obstáculos que pondrá Estados Unidos a través de sus operadores directos como son los gobiernos de Argentina y Ecuador, serán algunas de las más importantes claves para afianzar el segundo turno progresista en la región.








