Oriente Próximo en crisis

Siria, otra víctima del conflicto de Oriente Próximo

La caída del presidente Al-Assad redibuja el mapa geopolítico en Siria, mientras potencias y actores regionales maniobran en medio del caos.

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La insurgencia en Siria, liderada por grupos como Hayat Tahrir al Sham, ha tomado el control del país, provocando la huida del presidente Al-Assad. La guerra ha dejado más de 500.000 muertos y millones de refugiados. La geopolítica regional se complica, con múltiples intereses en juego y llamados a preservar la soberanía de Siria.

En pocos días, la insurgencia siria liderada por grupos armados terroristas como Hayat Tahrir al Sham (Organización para la liberación de Levante), se hizo con el control militar de la mayoría del territorio sirio, incluida la capital Damasco, precipitando la huida del presidente Al-Assad. El genocidio contra el pueblo palestino y la guerra de Israel contra Líbano, la guerra de Ucrania y las agresiones contra Irán han posibilitado la caída del gobierno del presidente Al-Assad, apoyado por Rusia e Irán, frente a Israel y EE. UU. (y aliados) que no dudaron en combatir a Al-Assad en coincidencia con grupos terroristas vinculados a Al Qaeda.

Siria, fronteriza con Turquía por el norte, con Iraq por el este, con Israel y Jordania al sur y Líbano por el oeste, siempre ha sido objetivo del sionismo y de la política exterior estadounidense. Ocupa un lugar crucial en el mapa de Oriente Próximo, siendo un puente entre Asia, Europa y África. Su acceso al Mediterráneo y su proximidad a rutas comerciales importantes la convierten en un punto de interés estratégico.

Su influencia en el mundo árabe y su papel en conflictos como el árabe-israelí y el apoyo a grupos como Hezbolá, han elevado su importancia en la política regional. Desde la creación de Israel en 1948, Siria ha sido uno de sus principales oponentes en la región. Han librado varias guerras, incluidas la Guerra de los Seis Días (1967), cuando Israel ocupó los Altos del Golán, un territorio sirio estratégico. Durante la Guerra Fría, Siria se alineó con la Unión Soviética, posicionándose como un adversario del bloque occidental liderado por Estados Unidos. Este alineamiento fortaleció la percepción de Siria como un obstáculo para los intereses estadounidenses en Oriente Próximo. Tras el fin de la Guerra Fría, EE. UU. ha actuado contra regímenes considerados adversarios o no alineados con su visión geopolítica. En el caso de Siria, su relación con Irán, Rusia y su postura frente a Israel lo ha convertido en un blanco político. Los recursos energéticos de Siria y su posición estratégica como potencial ruta de transporte de gas y petróleo han aumentado el interés de las potencias internacionales.

En 2013 EE. UU., a través del programa de la CIA «Timber Sycamore», y en colaboración con Arabia Saudita, financió, armó y entrenó a grupos armados, algunos relacionados con organizaciones terroristas como el Frente al-Nusra (la filial de Al-Qaeda en Siria). El New York Times publicaba en 2017 que el programa invirtió 1.000 millones de dólares en esa operación de apoyo a los grupos terroristas[1]. La fundación estadounidense «Carnegie para la Paz internacional» evaluó esa ayuda concluyendo que exacerbó la fragmentación del conflicto, ya que aumentó la militarización y la competencia entre los grupos opositores y contribuyó a un conflicto prolongado, con repercusiones negativas para países vecinos como Turquía, Jordania y Líbano.

La guerra iniciada en 2011 ha tenido un impacto devastador en la vida y economía del país. Según las Naciones Unidas, más de 500.000 personas han muerto desde el inicio del conflicto y 6,5 millones de personas se convirtieron en refugiadas[2]. Con datos del Banco Mundial de 2017, se calculaba que la guerra había causado una pérdida de 226.000 millones de dólares en el producto interno bruto (PIB), equivalente a cuatro veces el valor del PIB en 2010[3]. Además de la guerra, el bloqueo criminal de EE. UU. y la Unión Europea, contribuyó a empobrecer a la población siria.

La caída del régimen de Al- Assad precipitará movimientos geopolíticos de los diferentes actores de la región interesados en convertir a Siria en un territorio neutralizado para que Israel, EE. UU. y Arabia Saudita pueda seguir apoyando el genocidio palestino, continuando con su política agresiva hacia el Líbano e Irán. En el caso de Turquía, su interés seguirá siendo la lucha contra los kurdos del norte de Siria. Para Rusia, preservar la base naval de Tartus, su única base permanente en el Mediterráneo (operativa desde 1970), será una de sus prioridades en el proceso de transición política que se abre en los próximos días. Todos estos movimientos hay que inscribirlos en el marco de la batalla principal que libra el imperialismo para evitar el fin de su hegemonía frente al ascenso de los BRICS ampliados y el papel preponderante de la República Popular China.

En ese proceso de transición, serán determinantes los esfuerzos diplomáticos para evitar el desmembramiento territorial de Siria entre las diferentes facciones rebeldes. En ese sentido, el pasado 7 de diciembre, se reunieron en Doha los ministros de Asuntos Exteriores del Estado de Qatar, el Reino de Arabia Saudí, el Reino Hachemita de Jordania, la República Árabe de Egipto y la República de Iraq, representando a los países árabes junto a los países participantes en el Proceso de Astana[4], los ministros de Asuntos Exteriores de la República Islámica de Irán, la República de Turquía y el representante de la Federación Rusa. Los países participantes aprobaron una resolución[5] que apuesta por la implementación de la resolución 2254 del Consejo de Seguridad de las NN.UU.[6], para preservar la unidad, la soberanía, la independencia y la integridad territorial de Siria y protegerla de caer en el caos y el terrorismo y garantizar el retorno voluntario de los refugiados y desplazados.

Esa propuesta puede y debe garantizar un proceso que permita mantener la soberanía de Siria dando protagonismo exclusivo a sus habitantes para realizar una transición pacífica e inclusiva.

Frente a esa posición diplomática, el jefe del estado mayor del ejército israelí, el teniente general Herzi Halevi, añadía a Siria a sus frentes de combate: «Las tropas terrestres están inmersas en combates en cuatro frentes: contra el terrorismo (las milicias palestinas e Hizbulá) en Cisjordania, Gaza y Líbano, y anoche desplegamos tropas en territorio sirio»[7].

Acompañar la transición pacífica de Siria y los esfuerzos diplomáticos de la resolución de Doha del 7 de diciembre y el cumplimiento de la resolución 2254, debe ser una prioridad de la comunidad internacional.


Notas:

[1] https://www.nytimes.com/2017/08/02/world/middleeast/cia-syria-rebel-arm-train-trump.html

[2] https://news.un.org/es/focus/siria

[3] https://www.bancomundial.org/es/news/press-release/2017/07/18/the-visible-impacts-of-the-syrian-war-may-only-be-the-tip-of-the-iceberg

[4] https://mid.ru/es/foreign_policy/news/1479033/

[5] https://www.qna.org.qa/es-ES/News-Area/News/2024-12/08/declaraci%C3%B3n-conjunta-de-ministros-de-exteriores-de-pa%C3%ADses-%C3%A1rabes-y-del-proceso-de-astana-sobre-la-situaci%C3%B3n-en-siria

[6] https://documents.un.org/access.nsf/get?OpenAgent&DS=S/RES/2254(2015)&Lang=S

[7] https://www.swissinfo.ch/spa/israel-a%C3%B1ade-siria-a-sus-frentes-de-combate-junto-a-gaza,-cisjordania-y-l%C3%ADbano/88542320