Melba Newell Phillips, la física frente a las guerras

Trabajó con Oppenheimer y después de ver los efectos del Proyecto Manhattan, como muchos científicos, pasó al activismo organizando la Federación de Científicos Estadounidenses, cuyo objetivo principal era evitar las guerras nucleares
Melba Phillips. Científica norteamericana

Melba Newell Phillips, física destacada, vivió un trayectoria marcada por su contribución al Proyecto Manhattan y su activismo por la igualdad de género y la paz. A pesar de enfrentar la caza de brujas, se convirtió en la primera mujer en presidir la Asociación Estadounidense de Profesores de Física y dejó un legado académico significativo.

“Ahora, todos somos unos hijos de puta”.
Kennet Bainbridge, físico participante en el Proyecto Manhattan, después de contemplar el estallido de la bomba en el desierto Jornada del Muerto, cerca de Los Álamos.

Poca presentación merece el Proyecto Manthattan y Oppenheimer, de los que se vertieron ríos de tinta y reflexiones a cuenta de la afamada película estrenada en julio del pasado año. Y la persona que traemos aquí tuvo, como veremos, su relación con ambas cuestiones. Aunque su paso a la historia quedó algo más ensombrecido.

Melba Newell Phillips fue una reputada física norteamericana, nacida en Indiana y de familia de maestros y granjeros, que vivió su infancia y juventud en un momento difícil en su país. Cuenta ella misma, en una interesante entrevista allá por 1977, que se graduó del instituto a los 15 años. Recuerda que tuvo muy buenos profesores: quien la formó en historia y casi consigue que decidiera emprender esa carrera, y quien le dio matemáticas y ciencias que, es de suponer, consiguió acaparar su atención e inclinar la balanza hacia la rama científica.

Se graduó y, además, consiguió la licencia para ser profesora en Indiana. Eso sí, le faltaban aún 3 años para poder ejercer, por lo que tuvo que ir a la universidad (según sus propias palabras).

Le preguntaron, una vez, sobre por qué, siendo tan brillante, acabó matriculada en la Universidad de Oakland: “¿Y por qué fui al Oakland City College? Nací en 1907, me gradué de la escuela secundaria en 1923 y fui a la universidad, la más barata y la más cercana, porque los años 20 eran tiempos muy malos para los agricultores y no teníamos dinero”. Y la pregunta era, sin duda, maliciosa por el desprecio que destila, pero la realidad es que allí recibió clases con profesores que le dieron una importante base en física y matemáticas.

Además de esto, y repasando brevemente, dio clases en esa misma universidad, se fue becada a otra y se matriculó del máster de física obteniendo la titulación en 1928. Todo en dos años y teniendo la jovencísima edad de 21.

Y siguió formándose y participando en espacios académicos. Uno de ellos tuvo un impacto que marcaría su vida académica: un seminario sobre física teórica en Michigan a cargo de Edward Condon. ¿No saben quién es? Pues uno de los físicos que formaría parte del Proyecto Manhattan y, por ende, del desarrollo de la bomba atómica. Y que quedó gratamente impresionado con Phillips hasta el punto de recomendarla para el programa de doctorado de la Universidad de California. Y poca broma: esta universidad se estaba convirtiendo en el epicentro del talento en física. Si tenemos en cuenta el papel que la física tuvo en el devenir de la Segunda Guerra Mundial y posteriores, podemos hacernos una idea de qué estamos hablando. Muchos de los profesores y estudiantes estuvieron también implicados en el Proyecto Manhattan (además de conseguir, muchos de ellos, el Premio Nobel).

Phillips trabajó estrechamente con un físico prometedor…¿se imaginan quién? Oppenheimer, efectivamente. Y además de alguna anécdota poco creíble y fruto del puritanismo de la época, la verdad es que ambos tuvieron una fructífera relación de amor por los problemas por resolver dentro de la física teórica que cuajó en algo que recibió el nombre de proceso Oppenheimer-Phillips, publicado en 1935. ¿En qué consiste y qué importancia tiene? Pues es considerada una aportación básica a la teoría cuántica y, en brocha muy gorda, consiste en la reacción de fusión producida en determinadas circunstancias entre un neutrón y el núcleo de un isótopo, que se transforma en un elemento más pesado, permitiendo que una interacción nuclear a energías más bajas de lo esperado.

Phillips se implicó en la Asociación Americana de Mujeres en la Universidad, para combatir la desigualdad de género que afectaba también al mismo progreso científico

Este hecho reseñable y que hubiera significado un ascenso directo en un hombre no representó un gran cambio en su vida profesional.

Por eso, y por inquietudes propias que ya tenía desde joven, Phillips se implicó en la Asociación Americana de Mujeres en la Universidad, con el objetivo de combatir la desigualdad de género que sufrían las mujeres y que afectaba también al mismo progreso científico.

Sufrió la caza de brujas y perdió su empleo. Con los años volvió y se convirtió en la primera mujer en presidir la Asociación Estadounidense de Profesores de Física, recibió medallas, disculpas públicas y crearon becas con su nombre

Pero si por algo se conoce a Melba Phillips, sobre todo, fue por ser una de las personas afectadas por la caza de brujas. Después de ver los efectos del Proyecto Manhattan, muchos científicos entre los que se encontraba nuestra protagonista pasaron al activismo: Phillips fue una de ellas, impulsando y organizando la Federación de Científicos Estadounidenses, cuyo objetivo principal era evitar las guerras nucleares. A consecuencia de esto fue llamada a declarar ante el infame Comité de Actividades Políticas en el Congreso de los EE.UU. en 1952. Phillips se negó a participar en la caza de brujas, se acogió a la quinta enmienda y, por supuesto, perdió su empleo.

Sin embargo no dejó de investigar y trabajar por la ciencia: escribió dos imprescindibles en la formación académica en física, Electricidad y Magnetismo Clásicos y Principios de la Ciencia Física durante el ostracismo anticomunista.

Y volvió, vaya que volvió: fue profesora en la Universidad de Chicago, se convirtió en la primera mujer en presidir la Asociación Estadounidense de Profesores de Física, recibió medallas, disculpas públicas y crearon becas con su nombre.

Murió el 8 de noviembre de 2004, involucrada hasta el final con una ciencia para el progreso y la paz.