Mientras en nuestra provincia se celebraba la llegada del nuevo año 2025, nos dejó Anita Molina. Sus sobrinas, sobrinos y allegados estuvieron acompañando el cuerpo que aunque pequeño, estuvo cargado de fuerza y firmeza. Después de una ceremonia laica en el Cementerio, en el Patio de San Diego tuvo lugar un homenaje, donde yacen las víctimas y está el monumento de los fusilados por la dictadura en Linares. Anita falleció a los 104 años, dejando un legado de valentía y compromiso que difícilmente será olvidado.
Anita Molina Gil había nacido el 1 de marzo de 1920 en Mogón, una pequeña pedanía de Villacarrillo, en la provincia de Jaén. Cuando Anita tenía tres años sus padres Nemesio y Francisca se fueron a vivir a Linares, donde vivió hasta su reciente muerte.
Nemesio, su padre, era electricista y más tarde, en el contexto minero de la ciudad de Linares, trabajó en la mina «La Minera». Francisca, su madre, nunca aprendió a leer ni a escribir algo a lo que sí pudo acceder Anita en su niñez, que asistió al colegio del Ayuntamiento situado en la conocida Fuente del Pisar.
Esta mujer valiente contaba que la época de su juventud fue de las más interesantes que ha vivido España. La proclamación de la Segunda República, acogida y esperada por las mujeres jóvenes de la época, fue una gran conquista que aspiraba a dar respuesta al anhelo de la deseada igualdad de derechos y libertades que tantas mujeres habían reivindicado a lo largo de varios siglos.
Con la edad de 14 años, Anita decidió elegir una opción política y fue la influencia de su querida amiga Rosario Perales la que determinó su ingreso en las Juventudes Comunistas allá en el año 1934. Anita acudía a la casa de su amiga Rosario y disfrutaba al escuchar las conversaciones de la familia; le parecían buena gente.
Anita recordaba con cariño y nostalgia su juventud. Nos contó cómo en el grupo de amigos y camaradas de su padre se vivió la proclamación de la Segunda República como una oleada de esperanza y sueños de igualdad. En aquella convulsa época Anita comprendió que tenía que tomar partido. No quiso ser mera espectadora y se convirtió en una gran protagonista del transcurso histórico de los años 30.
Linares, conocido por sus minas y por su olivar, albergaba una clase trabajadora en condiciones laborales deficientes. Además, esta ciudad contaba con un gran desarrollo industrial que generó un contexto propicio al surgimiento de movimientos obreros y de defensa de la igualdad de las mujeres. Anita, estuvo allí. Y no solo ella, otras compañeras de la provincia de Jaén la acompañaron. Nuestra protagonista recuerda emocionada a Rosario Perales, Manuela Cantero, Alejandra Galindo y Carmen Martín, éstas dos últimas fusiladas posteriormente tras la guerra civil.
Recordaba con orgullo cómo en 1935 con quince años, bordó la bandera de las Juventudes Comunistas y la del Partido Comunista de Valdepeñas de Jaén. Muchos años después en un acto de la Memoria Histórica pudimos compartir con ella cómo en el pueblo de Valdepeñas se la recordaba.
Durante su joven militancia en las Juventudes Comunistas, conoció a figuras importantes como a Fernando Claudín y Santiago Carrillo, quienes encargaron a un grupo de jóvenes Comunistas la unificación con las Juventudes Socialistas de Jaén, que fraguaron en la JSU de la provincia en cuyos cuadros de dirección participó. Y un grupo de mujeres jóvenes y comprometidas crearon la Unión de Muchachas. En el año 1936 fue secretaria femenina de las Juventudes Socialistas Unificadas del Comité Local de Linares. Dos años más tarde, en 1938, es elegida secretaria general femenina del Comité Provincial de las Juventudes Socialistas Unificadas de Jaén y secretaria general de la Unión de Muchachas de la provincia de Jaén.
En plena guerra civil, en 1937, fue enviada a Valencia para recibir formación política e histórica en la Escuela de Cuadros de Trifón Medrano de las Juventudes Socialistas Unificadas. Recordaba con cariño que uno de sus profesores fue el profesor de Historia Manuel Tuñón de Lara. Una vez acabada su formación fue enviada al frente de Teruel, con el objetivo de arengar y acompañar a las tropas republicanas que estaban en el frente, así como participar en mítines.
Anita participó en mítines con la Unión de Muchachas en la Comunidad Valenciana durante todo el año 1938. En estos mítines, la Unión de Muchachas reivindicaba la libertad de la ciudadanía y la igualdad entre mujeres y hombres, llenando los teatros de gente de los pueblos de Alicante y Castellón, como Segorbe, Benicasim, etc. También lo hicieron en Almería, animando a la población a una resistencia activa.
Creó en Linares talleres de trabajo donde entre cosas se recogían distintos utensilios de aseo para ser llevados al frente en paquetes. Además puso en marcha talleres colectivos de costura y guarderías para las mujeres de la provincia de Jaén, implantación novedosa, inexistente antes de la Segunda República. Anita se sentía parte activa y transformadora de la sociedad.
El tiempo de guerra fue para Anita y para otras muchas mujeres una brecha de libertad que les permitió ser aceptadas y acceder a puestos de responsabilidad. Su personalidad se enriqueció con sus nuevas tareas de tal modo que se sentía igual de importante que los hombres. Anita se sentía un igual.
Para Anita el fin de la guerra supuso acabar con el ideal emancipador que tenían las mujeres. Tras el vencimiento de las fuerzas golpistas sería sometida a una gran represión ejercida por la dictadura fascista, y que acabó con todas sus ilusiones y esperanzas de vivir con libertad e igualdad.

El día 30 de junio de 1939, recién acabada la guerra civil española, su padre fue fusilado en las tapias del Cementerio de Linares. Su sentencia, dictada en Consejo de Guerra sumarísimo, lo condenaba por pertenecer al Partido Comunista y a UGT. Anita siempre recordaba a su padre Nemesio Molina, como un hombre honesto y comprometido con la causa obrera, fue bastante conocido durante la II República y la guerra civil por su militancia comunista. La tragedia continuó. Su madre y su hermano con 16 años, fueron detenidos y encarcelados por su afinidad familiar y estuvieron dos meses en la cárcel, por ir a visitar a su padre a la prisión de Linares. Con la triste tragedia acontecida en su familia por el fusilamiento del padre. Francisca la madre de Anita murió de pena a los 8 días de ser fusilado su marido. La hermana de Anita que estaba embarazada murió de parto ante tanta tragedia. Anita perdía a su padre, a su madre y hermana cuando tenía 19 años. Su vida estuvo cargada de dolor a causa de la guerra civil y con un final de cambios en su vida diaria.
Le resultó muy difícil sobrevivir después de la guerra. Para trabajar necesitaba un Certificado de Buena Conducta que no obtenía por su trayectoria comunista. Ha contado que no se lo daban por «roja». En ningún sitio la admitían sin Certificado por lo que se dedicó a trabajar en el campo. Nos contó que pasó necesidades y hambre.

En aquellos tiempos difíciles y a pesar de todo, no dejó ni en un solo momento su actividad política y así, después de la guerra civil era la persona responsable del “socorro rojo” de recibir fondos económicos de la Unión Soviética y de otros países de Europa para su distribución entre los familiares de los presos políticos de la provincia de Jaén y los que estaban en el penal de Burgos.
En el mes de abril de 1941, fue detenida por su militancia en el Partido Comunista, acusada de rebelión militar y condenada en Consejo de Guerra en el que le pidieron 18 años de cárcel rebajada después en el “consejillo”. Estuvo 1 año presa en la prisión Provincial de Mujeres de Sevilla, de donde salió en octubre de 1942.
El día 14 de julio de 1945, Anita Molina se casó con Raimundo Francisco Cerezuela, un trabajador de la mina. Durante la guerra alcanzó el grado de Capitán y fue comisario político. Tras el fin de la guerra sufrió una dura represión en distintos campos de concentración. La joven pareja se casó y a los 9 días Raimundo fue detenido por la guardia civil. Tras su detención recibió una brutal paliza donde su vida corrió un grave peligro. Más tarde ingresó en la cárcel de Jaén y en octubre de 1945 el Consejo de Guerra le condenó a pena de muerte. Finalmente el Consejillo lo condena a 30 años. Raimundo cumplió 20 años en la prisión de Burgos, dónde compartió celda y amistad con Marcos Ana el escritor. Durante dos décadas Anita tuvo que enfrentarse al miedo diario, alejada de su marido y con su familia destruida por la violencia de la dictadura franquista. Anita no pudo tener hijos, la represión no la dejó ser madre.
Anita nos ha señalado y contado muchas situaciones de rebeldía durante la larga dictadura de Franco. Un día que Franco iba a su pueblo y en trayecto pasaba por la puerta de su casa en la carretera de Pozo Ancho, se presentó un municipal para que pintara la fachada de la casa. Anita le respondió que su casa se caía, que cuando se la arreglaran entonces la pintaría. No la pintó. La mandaron llamar del Ayuntamiento y creía que de allí no salía porque tenía que pagar una multa por no pintar la fachada y no tenía dinero. Alguien que la conocía logró que no ocurriera nada trágico, porque Anita pensaba que no salía de allí. Es el miedo diario al que se enfrentaba Anita. Durante años fue señalada de “roja”, sin embargo su labor social y su lucha por las libertades le ha sido reconocida en 2021 en Linares por el Ayuntamiento. La calle dónde vivía lleva su nombre: “Anita Molina”. Su nombre también figura en los libros de las mujeres republicanas de Jaén y de Andalucía que fueron represaliadas por el franquismo.
Nos ha contado que no se declara creyente, y que no olvida el dolor de la represión y su experiencia en las cárceles. El cura que había en la cárcel de Sevilla, dónde ella estuvo presa les decía: “yo como sacerdote os perdono, pero como hombre os fusilaba a todas”. Fueron muchos los ataques que sufrió por parte de responsables eclesiásticos de Sevilla.
Anita participó durante la clandestinidad en la reconstrucción del Partido Comunista en Linares y en la provincia de Jaén, hasta su legalización. Desde la llegada de la democracia participó en tareas políticas del partido comunista, siendo miembro del Comité Local de Linares. Además intervino en numerosos Congresos de su partido en la provincia de Jaén y en Andalucía. Sólo en los últimos años dejó de participar en la actividad política del Partido Comunista por su avanzada edad. Su momento más feliz cada mes era recibir Mundo Obrero y cada año cuando el secretario de organización de Linares (Mariano) le llevaba a su casa el carnet de su Partido Comunista.
La muerte de su marido y su edad hicieron que poco a poco fuese reduciendo su actividad. Lo que no redujo nunca fue su compromiso y su abierta colaboración con la Asociación de la Memoria Histórica de Jaén, dónde se convirtió en una referencia emocional de muchos, entre otros de su presidente Miguel Ángel Valdivia. No desperdició ninguna de la oportunidades que tuvo ante un micrófono para la reivindicación de los derechos sociales y las libertades públicas. Fue consciente de que la justicia no le llegaría nunca a muchas de las víctimas de la dictadura y que en cada uno de los reconocimientos que recibía lo hacía en nombre de muchas y muchos compañeros de viaje que no tuvieron una vida tan longeva. Pudo asistir como invitada por Micaela Navarro al Parlamento de Andalucía para la aprobación de la Ley de Memoria Democrática de Andalucía y al Congreso de los Diputados para la aprobación de la Ley de Memoria Democrática de España invitada por Laura Berja; de ambos actos guardaba un cariñoso recuerdo. Anita recibió numerosos reconocimientos, como el Diploma a las Víctimas de la Dictadura otorgado por la Junta de Andalucía, el Premio Clara Campoamor, el Premio del Diario Jaén, así como numerosos homenajes en muchos municipios de nuestra comunidad andaluza. Decía que moriría en su casa de siempre de la Calle Carretera de Pozo Ancho pero también pudo decir con orgullo que partiría para siempre desde la calle Anita Molina, pues desde 2021 esa es la merecida denominación de la calle.
A pesar de una vida dura, por su carácter positivo y alegre, por su ideología y clara convicción de lucha de clases, no pudieron doblegarla en su lucha por la emancipación de las mujeres en todos los ámbitos. Era una mujer muy reconocida en esta provincia por su entrega comprometida y solidaria a la historia del siglo XX en España. La democracia está en deuda con mujeres como Anita, responsables de la transmisión de valores igualitarios y democráticos a las generaciones sucesivas.







