Tras tres años fuera del poder, la democracia cristiana (CDU) vuelve a la cabeza de la tercera economía del planeta. Al colapso de la “coalición semáforo” (SPD, verdes y liberales) le han seguido las elecciones generales con mayor participación desde 1990. Con toda probabilidad, la CDU regresará de la mano del SPD a una cancillería que ya ha ocupado durante 52 de los 75 años de existencia de la República Federal. La ultraderechista AfD pasa de quinta a segunda fuerza, lo cual no es del todo nuevo. AfD dio el “sorpaso” al SPD en las encuestas en 2023 y desde entonces se ha consolidado en segunda posición, tanto en las elecciones europeas como en las regionales de 2024. Gana en el Este con más del 30%. AfD gana también entre los trabajadores (38%), seguida por CDU (22%) y SPD (12%).
Tres años de gobierno sin estrategia, buscando la cuadratura del círculo combinando progresismo, neoliberalismo, ecologismo, militarismo y deportaciones, han costado al SPD el peor resultado de su historia. También los liberales, responsables de la ruptura, han sido castigados con la expulsión del parlamento. Solo el electorado verde (urbano y con profesiones bien remuneradas) parece avalar el desastre político del «semáforo». El partido ha bajado ligeramente, pero lejos del batacazo de sus compañeros de coalición. Además, ha basado su campaña en hacer guiños a la CDU para entrar en el próximo gobierno (en paralelo a los intentos de la CDU por distanciarse de ellos).
Un gobierno de AfD aún parece lejos, pero el cordón sanitario es más endeble que nunca y CDU sigue escorándose hacia los ultras en posiciones económicas y migratorias
La campaña tuvo un punto de inflexión: el intento (fallido) de la CDU de aprobar una ley antiinmigración con apoyo de liberales, AfD y BSW en la última sesión parlamentaria. Fue la primera vez que la democracia cristiana lanza una propuesta en el parlamento contando con el apoyo de AfD para hacerla prosperar. Esto supone la ruptura del cordón sanitario alemán, que excluye no solo las coaliciones, sino votar con o contar con los votos de la extrema derecha. Esto ha dado a verdes y SPD su narrativa de campaña: “devolver a la CDU al centro“, mantener el cordón sanitario y ser los socios que la CDU necesita para hacer a AfD irrelevante en su aritmética. Además ha definido la migración como el tema central. Por último, es cierto que más de dos tercios de la población rechaza aún una coalición con AfD, los que por contra rechazan aprobar leyes que requieran la cooperación de la extrema derecha son solo el 49%. El cordón sanitario es más endeble que nunca y amenaza con convertirse en irrelevante dada la cercanía de las posiciones económicas y migratorias entre CDU y AfD. Un gobierno de AfD aún parece lejos, pero el “centro“ sigue escorándose hacia los ultras.
Die Linke saca músculo
Hasta aquí la parte derecha del tablero político. La izquierda, aunque irrelevante para la formación de gobierno, ha dado más sorpresas de las esperadas.
Empecemos por lo obvio: Die Linke, el principal partido a la izquierda del SPD, ha resurgido de las ruinas tras años de caída y habiendo estado ya en 2021 al borde de salir del parlamento. Su figura más popular, Sahra Wagenknecht, fundó a finales de 2023 una nueva organización, la «Alianza Sahra Wagenknecht» (BSW), con la que pretendía liberarse del lastre de la izquierda «liberal» de su antiguo partido. El objetivo era superarla con una izquierda «conservadora» (oposición tajante al envío de armas a Ucrania e Israel y a las sanciones a Rusia, política social, política migratoria restrictiva, aderezada con un espíritu “antiestáblisment” y la reivindicación de los combustibles fósiles), más capaz de alcanzar mayorías. Fundado como plataforma electoral de cara a estas elecciones federales, el BSW fue ganando escaños con contundencia en las europeas y las regionales del Este de 2024. En paralelo, Die Linke seguía en caída libre, perdiendo un feudo tras otro y al borde de la desaparición. Ambos partidos han revertido las tendencias: Die Linke regresa a sus valores precrisis y Sahra Wagenknecht no tendrá escaño por primera vez desde 2004.
En primer lugar, BSW ha perdido apoyo desde su entrada en gobiernos regionales con SPD y CDU. El hecho de que el primer acto político de un partido protesta haya sido apoyar a aquellos contra quienes protestaba ha sido un error reconocido por la propia Wagenknecht. Además, su tema estrella, la paz, ha quedado en segundo plano por el debate migratorio, donde ha tenido que competir con la derecha, la ultraderecha y el “centro” por el voto «antiinmigración». Fiel a su tesis de que el cordón sanitario solo refuerza a la ultraderecha, el BSW se ha mostrado ambivalente en su colaboración parlamentaria con AfD. La «izquierda conservadora» ha terminado difuminándose en una combinación de elementos y vocabulario de los demás partidos. Con menos de 2.000 militantes (frente a 90.000 de Die Linke) y el «hiperliderazgo» de su fundadora, el BSW no ha tenido el músculo en la calle ni la solidez programática de Die Linke. El resultado: 4,97%, a penas le faltaron 13.000 votos para entrar en el Parlamento. Pese a lo ajustado del resultado no hay que desdeñar su dimensión. En el Este mantiene el 9% de los votos y en total ha ganado votantes respecto a las europeas.
Más sorprendente aún ha sido la resurrección de Die Linke, quien hace poco más de un mes no parecía tener opciones de entrar en el Bundestag. Consciente de jugarse su existencia, el partido lleva en campaña desde antes del colapso de la coalición. Ha puesto en marcha su vasta maquinaria militante y todos sus recursos para hacer una campaña de base: entrevistas puerta a puerta en decenas de miles de hogares, dos aplicaciones para que cualquiera compruebe si su alquiler y calefacción son excesivos, movilización de todos los pesos pesados del partido y una intensa presencia en redes y medios, destacando en TikTok, donde su candidata Heidi Reichinnek acumula cientos de miles de seguidores. Esta movilización de recursos logró mejorar ligeramente las encuestas, pero el verdadero impulso lo dio la CDU con su ruptura del cordón sanitario. Con SPD y Verdes cortejándola en materia migratoria y el BSW compitiendo con la derecha por cerrar las fronteras, Die Linke es la única fuerza declaradamente de izquierdas, enfrentada con AfD y CDU a la vez, y opuesta al cierre de fronteras y al aumento de las deportaciones. A estos dos elementos (campaña de base y movilización contra la derecha) se suma una campaña focalizada en temas materiales: el problema de la vivienda y la desigualdad. Por último, al contrario que anteriores ocasiones, no había aspiraciones a un «gobierno progresista» con verdes y SPD, sino que la campaña ha sido exclusivamente de oposición.
Su mapa y base electoral han mutado: el que hasta hace poco era un partido envejecido, del Este, ha logrado «romper el muro» con resultados por encima del 5% en todo el territorio, incluyendo el oeste y el sur, conservador y anticomunista. Desde la salida de Wagenknecht y sobretodo durante esta campaña, Die Linke ha aumentado su militancia hasta superar los 90.000 afiliados poco antes de las elecciones. El partido se ha “especializado” en un electorado joven, urbano y en parte nutrido por el desencanto de las alas izquierdas de SPD y Verdes con la “coalición semáforo”. BSW apela a votantes del Este y al voto periférico y rural, movilizando a abstencionistas y socialdemócratas decepcionados, pero también ex votantes de la CDU, verdes y liberales y tan solo unos pocos de AfD. A pesar de la obvia competencia, existe una cierta complementariedad de ambos partidos, en parte cada uno llega a un electorado que el otro no alcanza.
Superada la resaca electoral, la izquierda se enfrenta a varios desafíos. El más obvio para Die Linke es la integración súbita de decenas de miles de militantes en sus filas y las consecuencias programáticas que pueda tener la llegada en masa de simpatizantes de los verdes y SPD. Con BSW fuera del Parlamento, Die Linke tendrá que compartir con los verdes el papel de oposición, a quienes la CDU parece no necesitar para gobernar. En la oposición, los verdes pueden tratar de recuperar el voto urbano y progresista que ahora ha ido a Die Linke. Sin embargo, más allá de lo que ocurra en las próximas semanas, las lecciones están claras: gobernar es arriesgado, especialmente gobernar sin estrategia y más aún para partidos de oposición al sistema. Los hiperliderazgos y las plataformas electorales personalistas tienen límites. Las condiciones particulares son decisivas, es cierto, pero las mejores condiciones no son suficientes sin trabajo de la militancia de base.







