Frente al fascismo, frentes populares

Trump no está loco: sabe lo que hace

Biden, representante del capitalismo globalizado y neoliberal, se conformaba con manipular las reglas de la comunidad internacional, Trump se plantea romperlas
Donald Trump ejecutando su característico baile | Gage Skidmore / CC BY-SA 2.0
Donald Trump ejecutando su característico baile | Gage Skidmore / CC BY-SA 2.0

Trump no está loco, como no lo estaba Hitler. Puede ser histriónico, pero sabe bien lo que hace, sabe bien que es el representante de un capitalismo al que le viene grande el propio sistema de reglas y normas surgida tras la Segunda Guerra Mundial, por muy amañadas que estén y por muy útiles que le hayan sido durante décadas para mantener la hegemonía y el dominio sobre amplias zonas del planeta.

No le sirve para culminar su diseño de Orden Mundial unipolar de valores y pensamiento único, a la que creían tener derecho tras su “victoria” frente a la URSS en la Guerra Fría del siglo pasado, pero tampoco le sirve para frenar a los países emergentes, de forma especial a China, que ponen en peligro la dictadura del dólar y de las estructuras financieras y económicas sobre las que ha sustentado la apropiación de bienes y recursos de todo el planeta.

Por ello, una vez más, cuando al capitalismo no le sirven las reglas establecidas para controlar la economía, la política y la sociedad, no tiene ningún problema en cambiar de táctica y romperlas, esta es la diferencia entre Biden y Trump, dos caras de la misma moneda imperialista, o mejor dicho, dos tácticas del capitalismo para tratar de mantener su hegemonía unipolar económica, política y social que reconocen está perdiendo. De esta manera, mientras Biden, representante del capitalismo globalizado y neoliberal se conformaba con tratar de manipular las reglas sobre las que se sostiene la comunidad internacional, Trump se plantea lisa y llanamente romperlas, saltárselas en beneficio de los intereses que representa.

Ni Naciones Unidas, ni tratados internacionales, nada le ata a la hora de imponer sus pretensiones de limpieza étnica en Gaza, al más puro estilo nazi. Nada le frena en sus amenazas a Panamá si no se somete a sus intereses y abandona unas relaciones con China que le eran altamente beneficiosas a la economía panameña. Como nada le preocupa anunciar que no respeta las normas de comercio de la propia OMC, organización nada sospechosa de ser “socializante” y anuncia todo tipo de aranceles y restricciones económicas, utilizadas no solamente como un arma económica en favor del capitalismo “nazional” de EE.UU., sino también como un arma económica a utilizar contra aquellos Estados que se resistan a entregar sus soberanías económicas y políticas en manos del centro de poder imperialista que él mismo representa.

En este marco hay que analizar sus declaraciones de agravamiento de las medidas de bloqueo contra Cuba, el aumento de los aranceles a Europa, los BRICS+ y por supuesto China, en el de un intento doble, en el que por una parte busca fortalecer el capital “nazional” de EE.UU. para que otros países paguen sus crisis —este es el caso de las medidas contra la “sumisa” UE—, y por otra parte frenar el desarrollo de unas relaciones multilaterales como pretenden los BRICS+ y China, porque es evidente que el capitalismo sólo puede existir en un orden internacional en el que sus centros de poder marquen unilateralmente las reglas y normas.

Trump es consciente de que si en dos años no consigue frenar y derrotar a China, la situación se les puede ir de las manos y sus actuales crisis derivar a crisis sistémica de carácter terminal

Trump es consciente de que si en dos años no consigue frenar y derrotar a China, la situación se les puede ir de las manos y sus actuales crisis derivar a crisis sistémica de carácter terminal. Y sabe también que, aunque en crisis, el capital dispone de instrumentos económicos, militares y mediáticos para dar la batalla, por ello cambia la táctica de Biden de configurar una gran coalición internacional para confrontar con China y busca el enfrentamiento directo y para ello pone en marcha medidas que refuercen la capacidad de los EE.UU. para esta nueva táctica.

Pues bien, si están claras las intenciones de capitalismo que representa Trump, ahora falta ver cómo se posiciona cada fuerza política. Desde nuestra responsabilidad como fuerza anticapitalista y antiimperialista, el reto es plantear las contradicciones de una UE que después de décadas de sumisión debería rebelarse contra las agresiones que suponen la implantación de aranceles y la petición de que aumentemos el gasto militar, bajando el gasto social. Desde esta posición, nuestro Gobierno debe priorizar la defensa de los intereses de nuestra economía.

Debemos decir claro a nuestro sector agrícola que su enemigo, quienes lo están arruinando, no es la Agenda 2030, sino quienes imponen medidas contra Rusia que repercuten en nuestra agricultura y encarecen nuestra energía; quienes nos imponen aranceles y tratan de impedir que tengamos unas relaciones comerciales y económicas multilaterales de benéfico mutuo.

Trump no está loco, como no lo estaba Hitler; representa el capital más agresivo y depredador de la historia, el que está dispuesto a utilizar todos los recursos, incluidos los militares, para frenar su pérdida de hegemonía, por ello la batalla no está sólo contra los aranceles, contra las guerras comerciales, la batalla es contra el fascismo que una vez más se torna el brazo armado del capitalismo y que representa el mayor peligro para la humanidad.

Hay que situar a la socialdemocracia ante la disyuntiva de confrontar directa y claramente con el fascismo o “esconder la cabeza bajo el ala” dejándole el paso libre

Desde esta realidad hay que poner en evidencia a la derecha que se viste de patriota y corre a vender la soberanía nacional a una potencia extranjera. Hay que poner ante su contradicción a quienes nos “vendieron” una UE con capacidad para unificar recursos y hacernos más “competitivos” en el concierto internacional y nos llevaron a la guerra de Ucrania para ahora verse atascados por aquella potencia a la que hemos sometido nuestra defensa. Y también hay que situar a la socialdemocracia ante la disyuntiva de tener que elegir entre confrontar directa y claramente con el fascismo o “esconder la cabeza bajo el ala” dejándole el paso libre.

Contra el fascismo hacen falta Frentes Populares y construir una gran alianza en defensa de la paz. La hegemonía ideológica e institucional se disputa en la calle

En nuestro caso, el de las fuerzas anticapitalistas, hago un llamamiento a releer una historia que nos dice que contra el fascismo hacen falta Frentes Populares, recuperar a Dimitrov y construir una gran alianza en defensa de la paz, que en realidad es en defensa de la vida y el progreso de todos los pueblos; una alianza que no se limite a comunicados de prensa y declaraciones publicas, sino a disputar la hegemonía ideológica e institucional al fascismo, y ser conscientes de que esta hegemonía se disputa en la calle, porque uno de los objetivos del fascismo es el dominio de la calle para imponer el miedo y la autorrepresión al pueblo.

En el objetivo de disputar la calle es imprescindible plantearse la batalla mediática, porque para movilizar a la clase trabajadora y las capas populares, lo primero es llegar a ella directamente, sin los intermediarios que están en manos del enemigo. Hoy los medios de comunicación, en el sentido más amplio que incluye a redes y plataformas digitales, están en campaña para trasladar el pueblo los valores reaccionarios, machistas, individualistas, insolidarios y provocan inseguridad ante las incertidumbres que hoy se abren para la mayoría de la población, de manera que quienes hoy ven amenazados su futuro busquen un “Salvador” que lo defienda de un supuesto y prefabricado “enemigo”, ya sea Putin, o el emigrante. Como decía, nada nuevo en la historia, aunque como decía el “Maestro” cuando la historia se repite puede ser como tragedia o como farsa, en nuestro caso parece que puede ser de las dos formas al mismo tiempo: como una farsa trágica.

Dicho todo esto es necesario saber que las movilizaciones que dispute la calle al fascismo, ni se decretan, ni se improvisan, sino se organizan desde la más amplia y plural participación en la que se sea consciente del momento histórico y se dedique toda la energía a desarrollar las iniciativas que, como la Internacional Antifascista o la Conferencia por la Paz están en marcha. El capital sabe que no puede esperar mucho tiempo, seamos conscientes las fuerzas anticapitalistas también de ello.

(*) Presidente del PCE