En el marco de la ola reaccionaria que estamos sufriendo, los distintos actores que la promueven han situado a las políticas de cooperación internacional y, en especial, a las organizaciones sociales que la ejecutan, en objetivos prioritarios de sus ataques. Llama la atención cómo son atacadas no sólo las que conciben la cooperación como un instrumento transformador que potencie las alternativas desde el sur global, sino también agencias más neutras con discursos y formas de actuación que han sido sometidas a crítica desde posiciones más reivindicativas. Desde las medidas tajantes de la administración de Donald Trump para desmantelar el sistema de ayuda al desarrollo norteamericano a los discursos incendiarios de Benjamín Netanyahu que vinculan a las entidades humanitarias con lo que califica de terrorismo, pasando por las reiteradas exigencias de Vox en España para condicionar sus pactos con el PP a la eliminación de estas partidas, la cooperación se ha convertido en un espantajo en la ofensiva ultraderechista.
Con este trasfondo, bajo el título “Por una cooperación pública de cooperación internacional para la transformación social” se presentó el pasado 25 de marzo en el Congreso de los Diputados un manifiesto promovido por la Fundación Mundubat, en el que se alerta del crecimiento de las fuerzas reaccionarias que nos sitúa ante una amenaza global. Según su redactado, está en riesgo la propia existencia de unas reglas básicas que ordenen las relaciones internacionales, la participación democrática de las mayorías sociales, la paz y los derechos humanos como valores máximos civilizatorios. Pero el peligro no sólo radica en la actuación de la extrema derecha sino también en su capacidad de penetración a todos los niveles, como lo demuestra el incremento de los gastos en seguridad y defensa previstos en el seno de la Unión Europea, en una magnitud incompatible con el mantenimiento de derechos básicos y servicios públicos, que alimenta la actual espiral belicista.
Frente al belicismo más cooperación internacional
Frente a quienes se han dejado arrastrar por la escalada guerrerista, incluso en determinados sectores de la izquierda, el manifiesto apuesta por una política pública de cooperación internacional, defendiendo conceptos clave que es preciso reivindicar en la lucha ideológica actual como los de seguridad humana, la prevención de los conflictos, el diálogo y la construcción de la paz. Justo en el segundo aniversario de la aprobación en el Congreso de la Ley de Cooperación para el Desarrollo Sostenible y la Solidaridad Global, una de las medidas estrella de la anterior legislatura que salió adelante con el apoyo de todos los grupos a excepción de Vox, que sitúa el presupuesto para 2030 en el 0,7% de la Renta Nacional Bruta, se denuncia que en 2023 sólo se alcanzó el 0,24%, situándose España a la cola de los países de la OCDE, por lo que se reclama el cumplimiento de una senda de incremento que se refleje en un 0,4% en los presupuestos de 2025, del 0,55% en los de 2027, y que cristalice en el objetivo de 2030.
Ante la próxima celebración en Sevilla, en el mes de junio, de la IV Conferencia Internacional de Financiación del Desarrollo, los firmantes del manifiesto destacan la oportunidad de anunciar nuevos compromisos y profundizar en la coherencia de las políticas públicas, porque, ante la desestabilización y el retroceso que estamos viviendo, la cooperación internacional es el mejor antídoto, ya que, concebida desde el respeto de la autodeterminación de los pueblos, contribuirá a la generación de relaciones internacionales simétricas y de respeto del derecho internacional.
Una apuesta de la izquierda política y social
Los ámbitos de desarrollo de estas políticas no son sólo estatales, por lo que se apuesta por una cooperación descentralizada, recordando el papel que tradicionalmente han desempeñado las comunidades autónomas y los municipios. Asimismo, ante la utilización que en más de una ocasión se ha hecho de la “ayuda al desarrollo” como medio para construir la externalización de fronteras, se insiste en el derecho a migrar, el anticolonialismo y el antirracismo como elementos básicos para la convivencia y como brújula que oriente la definición de prioridades de una agenda de cooperación internacional realmente transformadora.
El manifiesto ha sido suscrito por los diputados de Compromís, Águeda Micó y Alberto Ibáñez Mezquita, Comunes, Viviane Ogou, EH Bildu, Olaia Duarte López y Marije Fullaondo La Cruz, ERC, Sara Bailac Ardanuy y Jordi Salvador i Duch, Més Per Mallorca, Vicenç Vidal Matas, Movimiento Sumar, Verónica Martínez Barbero y Agustín Santos Maraver, Podemos, Ione Belarra Urteaga y Javier Sánchez Serna, e Izquierda Unida, Enrique Santiago Romero, secretario general del PCE, y Francisco Sierra Caballero, portavoz en la Comisión de Cooperación Internacional para el Desarrollo.







