Colombia vive momentos de especial agitación política y social. El 14 de mayo el Senado de la República en forma fraudulenta le dio carpetazo a la Consulta Popular, mecanismo constitucional propuesto para la recuperación de derechos laborales cercenados por el uribismo, y para la conquista de otros nuevos en beneficio de sectores históricamente excluidos. Simultáneamente en Pekín se producían tres hechos de trascendencia económica y política. Se realizó la Cumbre de la República Popular China con la CELAC, organización regional presidida hoy por Gustavo Petro; Colombia se adhería al proyecto de la Ruta de la Seda e iniciaba el proceso para ingresar al sistema bancario de los BRICS. Para completar el cuadro, en el juicio que se le adelanta al expresidente Álvaro Uribe sucedían episodios dignos de una película de Al Capone.
Colombia no había presenciado un hecho tan bochornoso como el sucedido en el Congreso con ocasión de la votación de la Consulta Popular, aunque es conocido el deterioro de los debates por la presencia de un sector parlamentario experto en gritos y pataletas, y por la obstruccionista estrategia de la oposición. En la sesión de marras, la vieja clase política mostró que no tiene escrúpulo alguno en hacer sus trapisondas en vivo y en directo para todo el país, en alianza con el delfinato político de la aristocracia bogotana, clanes políticos de otras regiones y algunos y algunas tránsfugas que aprovechan el desorden, y lo especial de la disputa, para vender al lumpen parlamentarismo su voto o su precipitado ausentismo al momento de votar. Las decisiones tomadas en China por el presidente Gustavo Petro espantaron al cipayato nacional, subordinado incondicionalmente al Tío Sam y temeroso de los regaños de Trump. Es bastante curioso que los furibundos ideólogos del libre mercado y promotores de los llamados Tratados de Libre Comercio, que de libertad poco o nada tienen, se oponen a que Colombia amplíe sus fronteras comerciales y defienden el comercio tutelado por los gringos, con la misma pasión con que el ahorcado defiende la cuerda que lo asfixia.
En el juicio al expresidente Uribe hubo episodios dignos de una película de Al Capone. Nunca habían desfilado como testigos tantos bandidos y delincuentes unidos para defender al capo del embrujo autoritario
Pero, pese a los neoliberales gritos de espanto, Colombia ya es parte del arrollador proyecto liderado por China de la Ruta de la Seda y ha iniciado el proceso para integrarse al banco de los BRICS. Agreguémosle, a este escenario, el juicio a Álvaro Uribe por la presunta manipulación y soborno de testigos. Continuaban los testimonios del largo centenar de testigos llamados para la defensa del expresidente. Nunca en tan corto tiempo en ningún juicio en el mundo habían desfilado como testigos tantos bandidos y tantos delincuentes, unidos por una misma causa, defender al capo del embrujo autoritario, pero sumidos en contradicciones, falsedades y enfrentamientos entre sí.
Esa convulsa semana culminó con la realización de Cabildos Populares en todo el país en los que el movimiento social y político discutió estrategias de organización y movilización popular para defender la consulta, fortalecer la unidad, y los procesos organizativos de base, con una clara perspectiva de poder popular. Propuestas que fueron sintetizadas el día lunes 19 con la convocatoria por las centrales obreras y el movimiento social de un Paro Nacional de 48 horas de apoyo a la Consulta Popular a realizarse los días 28 y 29 de mayo. Experiencia inédita vive Colombia en la implementación de la táctica de tener un pie en las instituciones, otro en el gobierno y millones en las calles.








