Visita de solidaridad a Cuba de la brigada del Movimiento Democrático de Mujeres «Las Pasionarias»

Las Pasionarias, tras la estancia desde el 16 al 23 de julio en la isla, volvemos con tareas claras: denunciar el bloqueo en cada tribuna, defender la Revolución como se defiende lo propio, y multiplicar la solidaridad, porque Cuba no está sola
A la izquierda de la imagen, Cristina Simó, presidenta del Movimiento Democrático de Mujeres (MDM) con Noemí Rabasa Fernández, presidenta del ICAP | Foto: MDM
A la izquierda de la imagen, Cristina Simó, presidenta del Movimiento Democrático de Mujeres (MDM) con Noemí Rabasa Fernández, presidenta del ICAP | Foto: MDM

Llegamos a Cuba en julio, cuarenta y cuatro mujeres atravesadas por distintas geografías y militancias, pero unidas en una misma convicción: que la solidaridad es el arma más poderosa contra el imperialismo. Nos llamamos Las Pasionarias, no por casualidad, sino en homenaje a Dolores Ibárruri, La Pasionaria, símbolo de la lucha antifascista, el internacionalismo solidario y la lucha por la paz y la justicia social. Como ella, sabemos que «es mejor morir de pie que vivir de rodilla, y en Cuba existe un pueblo que lleva más de seis décadas demostrándolo.

La Habana: Socialismo en pie de guerra

El bloqueo estadounidense es un crimen de lesa humanidad. Pero Cuba no es un país derrotado: es un laboratorio de resistencia. En el Hogar Materno «Leonor Pérez», las embarazadas reciben atención integral, aunque falten medicamentos. En Quisicuaba, las personas excluidas —las sin techo, las adictas— encuentran no caridad, sino un proyecto político de reinserción. «Esto es lo que el socialismo construye cuando no le dejan respirar».

El Convento de Belén es otra prueba: allí, los ancianos no son desechos del sistema, sino sujetos de derechos. Mientras Europa privatiza la vejez, Cuba la convierte en espacio de creación colectiva. Y en el ICAP, celebrando sus 65 años, confirmamos que la solidaridad internacionalista no es retórica: es la red que sostiene a Cuba cuando Occidente aprieta el cerco.

Santa Clara: donde el Che sigue disparando ideas

Santa Clara huele a revolución. En el Mausoleo del Che, comprendimos por qué su figura aterra al imperialismo: no es un bronce, es un proyecto de emancipación y autodeterminación de los pueblos. Los restos del guerrillero descansan junto a sus compañeros de Bolivia, recordándonos que la lucha es continental o no es. A unos pasos, el Monumento al Tren Blindado nos gritaba que la audacia puede derrotar a los tanques. Y frente al Comité Provincial, la estatua del Che con un niño nos interpelaba: «La Revolución se defiende sembrando futuro».

Las Mujeres Cubanas: la vanguardia de la resistencia

La Federación de Mujeres Cubanas (FMC)—que nos obsequió un emotivo reconocimiento por «nuestro solidario y permanente amor hacia Cuba, y por ser dignas herederas de La Pasionaria»— es un ejército sin uniforme. Nos mostraron las Casas de Orientación, donde se libra la batalla cultural contra el machismo, y el CENESEX, trinchera de la diversidad en un mundo que medicaliza las disidencias. Pero lo más contundente fue ver cómo las cubanas han convertido la escasez en victorias: el 53% del Parlamento son mujeres, el Código de las Familias desmonta siglos de patriarcado, y el nuevo Código de Infancia —aprobado durante nuestra visita— garantiza que ni un solo niño quede atrás.

«Al sentir la causa por la cual lucha el pueblo, cada hombre o cada mujer, un miliciano dispuesto a sacrificar la vida». Las mujeres cubanas nos demuestran que no se trata de pedir derechos, sino de conquistarlos. Y así es: mientras el capitalismo ofrece «empoderamiento» individual, Cuba construye igualdad colectiva.

Salimos de la isla con una certeza: el bloqueo es un genocidio, pero también un fracaso. No han podido doblegar a un pueblo que transforma cada agresión en inventiva social. Mientras EE.UU. envía armas a Israel para masacrar al pueblo palestino, Cuba exporta profesionales de la medicina. Mientras Europa levanta muros, Cuba abre escuelas.

Las Pasionarias volvemos con tareas claras: denunciar el bloqueo en cada tribuna, defender la Revolución como se defiende lo propio, y multiplicar la solidaridad, porque Cuba no está sola.

Como dijo Fidel: «Los imperialistas no conocen a los pueblos». Y nosotras, que sí los conocemos, seguiremos su ejemplo: ¡Hasta la victoria siempre!

(*) Presidenta del Movimiento Democrático de Mujeres (MDM)