La dirección del Partido Popular se esfuerza por blanquear una decisión que ha encendido todas las alarmas en el ámbito de los derechos fundamentales. Tras haber aprobado en el Ayuntamiento de Jumilla (Murcia) una moción que vetará actos públicos de la comunidad islámica —una medida impulsada por Vox—, el PP trata ahora de presentarse como garante de la libertad religiosa y constitucionalismo, en un ejercicio de cinismo político que no ha pasado desapercibido.
“Es absolutamente inaceptable que se pretenda presentar al PP como un partido xenófobo”, declaró este jueves Jaime de los Santos, vicesecretario de Educación e Igualdad del partido, a las puertas de la sede nacional en Madrid. Una defensa tibia que contrasta con la realidad: el PP no solo no frenó la propuesta de la extrema derecha, sino que la hizo suya, dando cobertura institucional al veto de una comunidad religiosa en el espacio público.
Mientras organizaciones sociales y partidos progresistas alertan de la “deriva racista” de la derecha española, la cúpula del PP se aferra a un relato de tolerancia vacío, incompatible con sus actos. De los Santos intentó incluso diferenciar la moción finalmente aprobada de la propuesta original de Vox, pese a que ambas comparten el mismo efecto práctico: la exclusión de la comunidad musulmana de los espacios públicos.
Lejos de asumir responsabilidad, el dirigente popular arremetió contra el Gobierno y contra el PSOE, a quienes acusó de “querer polarizar” con este asunto. Una maniobra ya habitual del PP, que, incapaz de controlar la agenda marcada por Vox, termina asumiendo su lenguaje y políticas mientras se victimiza cuando recibe críticas.
“La resolución no hace referencia a ninguna religión”, se defendió también Elías Bendodo, coordinador general del PP, desde Marbella. Una justificación tramposa que ignora el contexto y el resultado de la medida: la prohibición explícita de actos religiosos islámicos, precisamente en un momento en que la ultraderecha azuza el odio contra esta comunidad.
El Gobierno, por su parte, ha anunciado que vigilará los discursos de odio tras esta moción, advirtiendo de que decisiones como la de Jumilla podrían vulnerar la libertad religiosa y alimentar la islamofobia. No es la primera vez que el PP se alinea con Vox en medidas que excluyen o estigmatizan a minorías. Lo preocupante es que mientras lo hace, intenta presentarse como un partido de “libertad” y “respeto”.
De los Santos llegó incluso a afirmar que en España “nunca” ha habido problemas con la inmigración, en un intento burdo de desviar la atención hacia la gestión del Gobierno central. Sin embargo, lo ocurrido en Jumilla no es un fallo de gestión: es una decisión política que apunta directamente a una comunidad concreta y que refleja el rumbo ideológico del PP actual, cada vez más escorado hacia postulados ultraconservadores.







