«No pienso acabar en urgencias por 6 €/hora»: la juventud trabajadora rompe el silencio del verano precario

La campaña de la UJCE en Andalucía recoge testimonios de jóvenes trabajadoras para denunciar los abusos del verano laboral
Cartel de la campaña Sin derechos no hay verano. Fuente: UJCE en Andalucía

Con agosto llega el calor, el turismo masivo… y también “los abusos de siempre”. Así resume la Unión de Juventudes Comunistas de España (UJCE) lo que representa el verano para miles de jóvenes trabajadoras, a través de su campaña Sin derechos no hay verano, lanzada a finales de junio y reforzada ahora con la publicación de algunos testimonios anónimos recogidos en un buzón digital.

Jornadas de nueve horas sin poder sentarse, trabajo al aire libre a más de 40 °C sin uniforme adecuado ni agua fresca, descansos no reconocidos, contratos en negro, salarios miserables o acoso por parte de superiores. Estas son solo algunas de las situaciones que han llegado al buzón abierto por la organización en Andalucía, que busca convertir “el malestar individual en lucha colectiva”.

“Soy guía turístico en un sitio que depende de la Junta de Andalucía, aunque la parte de los guías la lleva una empresa privada. El espacio es al aire libre y en verano llegamos a registrar 43 °C. Las visitas de las 13h y las 14h son absolutamente insoportables, pero mi superior dice que no podemos traer gorras de casa porque ‘no es formal’. También nos obliga a ir todo el año en pantalón largo y no nos renuevan el uniforme, que es un polo y un pantalón del Zara. Tampoco nos dejan ir con ropa de casa ni más fresca”, relata un joven. “Este año pusieron una nevera para vender agua a los visitantes, pero no nos permiten coger nada, ni siquiera si a alguien le da un golpe de calor. Tampoco podemos meter nuestras botellas al fresco. Yo todo esto me lo salto continuamente, porque no pienso acabar en urgencias por un trabajo de 6 €/hora”.

Otra denuncia, desde una heladería en la provincia de Cádiz, relata turnos de nueve horas por 40 € al día, sin contrato o asegurando solo dos horas. “No nos dejaban sentarnos. Si te apoyabas en el mostrador te llamaban la atención. Un día me mareé y me dijeron que, si no aguantaba, había más gente queriendo el puesto”.

Estos relatos no son excepciones, señala la UJCE, sino expresión de una estructura laboral basada en la precariedad sistemática, que se intensifica en el periodo estival. “La hostelería, principal destino del empleo joven de verano, se salta sistemáticamente las condiciones más básicas: convenios, descansos, salarios dignos. Y lo hace sabiendo que la temporalidad y el miedo a represalias dificultan la denuncia”, advierten desde la organización.

A esta explotación habitual se suman los riesgos derivados de las condiciones climáticas extremas. La UJCE denuncia que, en numerosos centros de trabajo, no se aplican medidas básicas de prevención frente al calor, como pausas suficientes, acceso a agua o ropa adecuada. En palabras de la organización, el calor extremo se ha normalizado como parte del trabajo, a pesar del peligro que representa para la salud de las plantillas.

También han llegado al buzón experiencias que ilustran hasta qué punto la precariedad laboral se cuela en todos los espacios de la vida cotidiana. Una joven recuerda sus primeros trabajos no regulados durante la adolescencia, cuando acompañaba a su hermana embarazada de ocho meses a limpiar zonas comunes de un bloque de pisos por 60 € al mes: “Yo me iba con ella a ayudar con 13 o 14 años. Fue uno de mis primeros ‘trabajos’”.

Frente a este panorama, la UJCE defiende una respuesta organizada desde la clase trabajadora joven. “Estudiar en invierno y trabajar en verano no es un mérito, es precariedad”, denuncian en el manifiesto de la campaña. “La patronal se enriquece con el turismo mientras nosotras somos mano de obra barata, desprotegida y aislada”.

Por eso, además de visibilizar la realidad cotidiana del empleo estacional, la campaña insiste en la necesidad de organizarse y denunciar colectivamente. El buzón de testimonios anónimos sigue abierto (enlace aquí), y desde la UJCE anuncian que seguirán llevando esta lucha a “cada restaurante con turnos partidos, cada almacén sin ventilación y cada chiringuito de la precariedad”.

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