Llamemos genocidio al genocidio

Genocidio palestino. Fuente: Olmo Calvo
Fuente: Olmo Calvo

Han pasado casi dos años desde que el régimen criminal de Israel iniciara su último plan de exterminio de la población palestina. El saldo es estremecedor: cerca de 70.000 muertos, de los cuales aproximadamente un tercio son niños. El bombardeo de hospitales y campamentos de refugiados, el uso del hambre como arma de guerra, el plan de anexionarse Gaza y Cisjordania o el asesinato de más de 200 periodistas son parte de la larga lista que conforma la estrategia genocida de Netanyahu y su gobierno.

Las palabras son importantes. Lo que ocurre en Palestina no es una “guerra” ni un “conflicto”, sino un genocidio, reconocido ya por organismos de Naciones Unidas y denunciado por cada vez más voces en todo el mundo. Nombrar el genocidio es un acto político y moral. Callarlo, disfrazarlo o minimizarlo es colaborar con la impunidad.

Frente a la complicidad de la Unión Europea —que mantiene acuerdos comerciales, militares y diplomáticos con Israel— y la pasividad de una comunidad internacional, cada vez más responsable de los crímenes internacionales que comete Israel, el gobierno de España tiene una responsabilidad histórica. No basta con declaraciones, es imprescindible concretar medidas: embargo inmediato de armas y materiales susceptibles de ser usados en la represión, ruptura de relaciones diplomáticas y comerciales con Israel, y apoyo decidido a los tribunales internacionales para que los responsables políticos y militares rindan cuentas por crímenes de guerra y de lesa humanidad. Cada día que se demora en adoptar estas decisiones, aumenta la complicidad de nuestro país con la barbarie.

Resulta alentador que en España y a nivel global se multipliquen las iniciativas ciudadanas, institucionales y culturales que rompen el cerco del silencio. La presión popular ha abierto grietas que señalan un camino de dignidad. Lo vimos en las carreteras y en las cunetas de la Vuelta ciclista a España, donde manifestantes levantaron la voz contra la presencia del equipo “Israel”, utilizado como herramienta de propaganda para blanquear el genocidio. Lo vemos con la salida desde Barcelona de la Global Sumud Flotilla que desafía el bloqueo ilegal a Gaza y transporta ayuda humanitaria.

Frente al horror, la solidaridad crece. Desde las calles, desde las aulas, desde las embarcaciones que surcan el Mediterráneo, miles de voces nos recuerdan que no podemos permanecer indiferentes. Llamar genocidio al genocidio es el primer paso. El segundo es actuar en consecuencia. El gobierno de coalición ha impulsado y liderado los pasos de cada vez mas países de la UE para denunciar el genocidio cometido por Israel. No es suficiente. Hay que detener el listado de crímenes contra la humanidad de Netanyahu. Situarse y mantenerse en el lado correcto de la historia exige ir más allá con más medidas, hasta poner fin al genocidio. Que nunca más se diga que no sabíamos lo que estaba ocurriendo.