Contra la austeridad y la extrema derecha, otro camino para Francia y Europa

La alternativa del Partido Comunista Francés para la industria, el trabajo y la democracia

La desindustrialización debilita la soberanía: en veinte años, Francia ha perdido la mitad de sus fábricas ¿Cómo redistribuir la riqueza cuando ya no se produce en nuestro país?
(*)

·

·

Movilización sindical en Francia el pasado 18 de septiembre | @lacgtcommunique
Movilización sindical en Francia el pasado 18 de septiembre | @lacgtcommunique

La pobreza no es una estadística, sino millones de vidas rotas: madres solas que se saltan comidas, jubilados que tiritan de frío, jóvenes titulados encadenados a la precariedad. El pueblo de Francia se hunde en la pobreza y, al mismo tiempo, la crisis democrática francesa se agrava, consecuencia directa de las políticas de Macron al servicio de los más ricos. En 1996, las 500 mayores fortunas poseían el 6 % del Producto Interior Bruto; en 2024, ¡es el 42 %!

El informe dirigido por el senador comunista Fabien Gay demuestra la apropiación de 211.000 millones de euros de dinero público por parte de las grandes empresas, al mismo tiempo que eliminan empleos. La extrema derecha es hija de la crisis del capitalismo. Al mismo tiempo, adopta los métodos de Trump: desinformación, racismo, antifeminismo, rechazo de la ciencia. Socava la democracia con la ayuda de las redes sociales y de los medios populistas.

Los sindicatos movilizaron a un millón de manifestantes el 18 de septiembre y la Fiesta de l’Humanité, reunió a 610.000 personas. La resistencia existe

Sin embargo, la resistencia existe. Los sindicatos movilizaron aún a un millón de manifestantes el 18 de septiembre en Francia; la Fiesta de l’Humanité, con el PCF, reunió a 610.000 personas, organizando la apertura política de la izquierda.

La justicia francesa, independiente y profesional, condenó en 2025 a Reagrupamiento Nacional por malversación de fondos europeos (3,5 millones de euros) y a treinta de sus dirigentes; y después a Sarkozy, expresidente de la república francesa, a cinco años de prisión por financiación ilícita vinculada a Gadafi. La corrupción corroe a la derecha y a la extrema derecha.

Pero la desindustrialización debilita la soberanía: en veinte años, Francia ha perdido la mitad de sus fábricas; la industria ha pasado del 20 % a menos del 10 % del Producto Interior Bruto. Importamos el 92 % de nuestra ropa y el 87 % de nuestros medicamentos. ¿Cómo redistribuir la riqueza cuando ya no se produce en nuestro país? ¿Cómo construir una estrategia industrial cuando nuestras herramientas pertenecen a fondos especulativos?

Por eso el PCF hace de la industria un eje principal, vinculado a la defensa de los servicios públicos, bienes comunes del pueblo. Elegir el trabajo es rechazar la uberización. Debemos garantizar la igualdad salarial y profesional entre mujeres y hombres, erradicar el desempleo y devolver sentido a la creación de riqueza. Cada empleo industrial genera tres o cuatro más: se trata de financiar salarios, protección social y presupuestos públicos sin cargar sobre los trabajadores, trabajadoras ni jubilados. Eso implica también otorgar nuevos poderes a los asalariados, hasta la reapropiación nacional de los medios de producción. Desde siempre, los comunistas se oponen a una Europa construida para el capital y no para los pueblos. Tras la crisis de 2008, la UE no ofreció más que austeridad y el rescate de los bancos, alimentando el auge de la extrema derecha. Macron intenta reducir el debate a “a favor o en contra” de la UE, pero existe una alternativa: una Europa de pueblos libres, soberanos y asociados, orientada hacia la justicia social y ecológica. Una Europa del ser humano primero, y no más de las finanzas.

(*) Miembro del Ejecutivo del PCF y del Secretariado Político del Partido de la Izquierda Europea (PIE)