En las últimas décadas hemos observado una implantación paulatina del modelo neoliberal en el sistema educativo, especialmente agravada en la educación universitaria superior. Esto responde a la lógica burguesa de concebir la educación como la punta de lanza de su ofensiva contra la clase trabajadora, puesto que a través de ésta implanta su visión del mundo, formando y disciplinando a las generaciones más jóvenes. Para que sean trabajadoras útiles a las nuevas demandas del modo de producción capitalista, y para que carezcan de un espíritu crítico que les permita adquirir conciencia de clase y cuestionar la realidad en la que vivimos, y organizarse políticamente contra el sistema.
A medida que el capitalismo avanza, observamos cómo se da una mayor acumulación de capital que va de la mano de un mayor desarrollo tecnológico, lo que deriva en una hiperespecificación de los puestos de trabajo que la clase obrera debe cubrir. Esto se relaciona estrechamente con el sistema universitario, ya que no es casualidad que una de las principales consecuencias del proceso neoliberalizador de la Universidad Pública haya sido cambiar la estructura de los planes de estudio, disminuyendo el peso de materias generales de las diferentes doctrina científicas.
Necesitamos un movimiento estudiantil combativo que defienda la Universidad pública como espacio formativo y de difusión del conocimiento y no el lugar de reproducción de la ideología y de los intereses capitalistas
O directamente, como se hizo con la homogeneización del Plan Bolonia, eliminando un curso universitario y buscando su sustitución por un máster que permita la especificación formativa requerida por las relaciones de producción a las futuras trabajadoras. O el posterior intento de la reforma del 3+2 propuesta por el exministro Castells, que ahondaba más si cabe en esta situación.
Este proceso capitalista de hiperespecificación de la Universidad Pública y su objetivo de convertirla en una fábrica de trabajadoras útiles, que sean eslabones de la perfectamente engrasada cadena de producción, tiene además otras vertientes que afectan a la educación superior y su configuración tal y como se venía entendiendo. Podemos observar cómo se potencian determinados grados universitarios que se consideran útiles para los intereses capitalistas, en detrimento de disciplinas científicas que en la actualidad no se consideran productivas como la filosofía, las humanidades o determinadas ciencias sociales. Lo han hecho eliminado los planes de estudios de las mismas o disminuyéndose al extremo las plazas ofertadas en la Universidad Pública.
A todo esto se le suma otra de las graves consecuencias derivadas del plan del capitalismo respecto a la Universidad Pública. La infrafinanciación de las universidades públicas y la proliferación de universidades privadas controladas por grandes empresas. Promoviéndose además, a través de los Consejos Sociales de las Universidades la llamada “colaboración público-privada” que no es sino la privatización encubierta de los servicios públicos. Esto permite que los empresarios tengan poder de decisión en las Universidades, en cuestiones tan relevantes como la creación de los nuevos grados, del presupuesto de la propia universidad o la modificación de los planes de estudio, siendo esto un ejemplo más de lo que venimos denunciando.
Ante esta situación la juventud obrera ve dificultado notablemente su acceso a la Universidad Pública, habiéndose cumplido el objetivo político de las numerosas reformas del sistema que buscaban expulsarla masivamente de las universidades, promoviendo planes de estudios que impiden compatibilizar el estudio con el trabajo, y configurando la Universidad como un espacio hostil para nuestra clase.
Por esto debemos participar de nuevo en la articulación de un movimiento estudiantil combativo que defienda la Universidad Pública como espacio formativo y dé difusión del conocimiento y no el lugar de reproducción de la ideología y de los intereses capitalistas que se utiliza como arma dentro de la lucha de clases.







