“Uno puede escribir ‘Cien años de soledad’, un cuento de marineros, o describir un partido de fútbol y siempre habrá un contenido ideológico”.
García Márquez
En realidad no hay una efemérides que justifique esta columna, aunque el asunto llevaba tiempo pidiendo su oportunidad, y esa ocasión ha llegado ahora que tanto hablamos de Venezuela. El hecho ocurrió hace más de sesenta años y el protagonista fue el argentino Alfredo Di Stéfano, estrella de River, Millonarios de Colombia (donde conoció a Ernesto Che Guevara) y el Real Madrid, con el que ganó cinco Copas de Europa. Así, el 24 de agosto de 1963 a las seis de la mañana, un comando guerrillero venezolano capturó en el hotel Potomac de Caracas a la máxima estrella del club, destacado en aquella ciudad para unos partidos amistosos.
Eran los tiempos de la dictadura de Rómulo Bentancourt y su feroz aparato represivo. Ya el 23 por la noche durante el encuentro entreel Real Madrid y el Sao Paulo, las cosas empezaron a complicarse. “Estábamos en medio del partido y se escuchó un disparo, el jugador que llevaba el balón se metió corriendo en el túnel”,recordóel uruguayo José Emilio Santamaría, compañero de habitación de Di Stéfano. Los desmanes ocurrían afuera del estadio, pero en un momento se trasladaron al interior. Era el anticipo de lo que habría de ocurrir al día siguiente, en una urbe que intentaba disimular con la organización de un torneo de fútbol internacional la violencia política que convulsionaba Venezuela en esa época.
Sobre las seis de la mañana llamaron a la puerta de la habitación 216, donde dormían Di Stéfano y Santamaría. Al abrir, el futbolista se encontró frente a un empleado del hotel y tres hombres que se identificaron como policías. A punta de pistola, el grupo armado obligó a Di Stéfano a subirse a un auto. Le vendaron los ojos, hicieron varias escalas de despiste y finalmente recalaron en un piso en el centro de la ciudad. Las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN), una organización guerrillera creada en 1962 por el Partido Comunista de Venezuela (PCV) para luchar contra la dictadura de Betancourt, se atribuyó la autoría.
Alfredo de pronto estaba rodeado de pinturas cuyo autor era Paúl del Río, dueño del piso, artista plástico y líder de los secuestradores. Su nombre de guerra, Máximo Canales. Era uno de los que había estado en el hotel fingiendo ser policía. Nacido en Cuba, hijo de republicanos españoles anarquistas, se había sumado a la guerrilla latinoamericana en los 60. En Caracas entró al Partido Comunista Venezolano (PCV) y al Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). La operación de secuestro de Di Stéfano llevaba por nombre: Julián Grimau, en memoria del histórico dirigente comunista español fusilado por el franquismo el 20 de abril de ese año. El objetivo, propagandístico, era doble: protestar contra la dictadura de Bentancourt y contra la dictadura de Franco. Nadie pidió rescate por el futbolista.
Los captores intentaron tranquilizar a Di Stéfano, ya sin venda en los ojos, y le aseguraron que no le harían daño… La primera señal positiva fue el catering guerrillero. De entrada le ofrecieron perritos calientes, sandwiches, pizza, incluso paella, con gaseosa, jugos y cerveza. El futbolista, que no había querido siquiera quitarse los zapatos o cambiarse de ropa, apenas probó bocado. Después llegaron los juegos de mesa y finalmente los cigarrillos y los habanos.
El 25 de agosto le permitieron escuchar por radio el partido Real Madrid-Oporto. Di Stéfano se enteró de que, tras su secuestro, la delegación madridista había sido trasladada a la embajada de España. Al tercer día, los secuestradores le comunicaron que lo liberarían. A las 2:45 pm del lunes 26 de agosto lo trasladaron hasta la calle Libertador con instrucciones y dinero para que tomara un taxi hasta la embajada española. Unas horas después, durante la conferencia de prensa para anunciar su liberación, reconoció a dos de sus secuestradores entre los periodistas, pero no dijo nada. Tras la celebración por su regreso sano y salvo, se enteró de que debía jugar al día siguiente, decisión de Bernabéu.
Y jugó uno de los peores partidos de su vida, pero faltaba un detalle. En el aeropuerto un policía le guiñó un ojo y le dijo al oído: “Gracias, Alfredo, te portaste como un fenómeno”. Apenas despegó, Di Stéfano se tomó una gaseosa…







