Gregorio Morán

Sus inicios periodísticos fueron en el exilio, escribiendo para «Mundo Obrero». En 1976 después de abandonar el PCE continuó trabajando como periodista.
Gregorio Morán | Juan Manzanara (eldiario.es) / CC BY-SA 3.0 ES
Gregorio Morán | Juan Manzanara (eldiario.es) / CC BY-SA 3.0 ES

“Veo amigos y camaradas, sepia, muertos ya, que desaparecieron sin saber en qué nos convertiríamos”
Manuel Fernández-Cuesta, MO. Mayo 2008

Ha fallecido Gregorio Morán (Oviedo, 1947-Barcelona, 2026), importante escritor. De entrada, un par de cosas me han llamado la atención mientras buscaba papers sobre su vida y obra. En primer lugar reflexiono acerca de las “razones” que tendrán los algoritmos para disponer con harta frecuencia, que al lado de las muchas referencias publicadas con Gregorio Morán de protagonista, aparezca por asociación de contenidos con el rostro de Santiago Carrillo en sus aledaños, “¿por qué será?”, exclamaba “La Bombi”. Por ahí andan otros rostros de personajes sobre los que GM trabajó: Adolfo Suárez, Jesús Aguirre, Felipe González, Ortega y Gasset, etc., pero…

En segundo lugar, es también muy curioso que un tipo, digámoslo claro, tan incómodo a ojos de tanta gente que en vida le ninguneó, se haya convertido en la hora de su despedida en un personaje de difícil omisión, lo que vuelve a poner de manifiesto la singularidad de este país de países, del mismo modo que restaura aquella verdad revelada por Alfredo Pérez Rubalcaba, refiriéndose a su propio despelleje político: “en España se entierra de puta madre”.

Claro, lo de Carrillo si nos arremangamos las meninges podemos situarlo, el laborioso firmante de tantas y tantas biografías, resulta que dio en el clavo en 1986 con una obra colectiva, Miseria y grandeza del PCE, 1939-1985, un empeño “incontestable” y al que, eso sí, a lo largo de sus más de mil páginas le sobran un par de cientos dedicadas a insultos. Esa acritud era marca de la casa. Para escribir el libro tuvo acceso a los archivos del PCE recién repatriados. “¡…las cajas documentales, que habían llegado de Moscú, las fuimos abriendo el bueno de Domingo Malagón, archivero único y yo”. Ciertamente la función de Malagón en la España legal fue organizar el Archivo del PCE, para cuya labor tenía como ayudante a Morán. Sin duda, Domingo había oído hablar de ciertas cosas del pasado, incluso él mismo vivió tiempos muy difíciles en la clandestinidad de Perpignan y Toulouse, con los nazis acechando. A lo que se ve, el veterano Domingo entendió la curiosidad del inquieto Gregorio y dejó hacer… fotocopias. El éxito editorial y la repercusión estaban servidos, aún tras haberse descalabrado electoralmente, el PCE de 1986 retenía una gran parte de su legendario músculo ideológico y social, esa circunstancia inserta en el principio del fin de la guerra fría, era el terreno abonado para convertir en referencia histórica el contenido de unos datos muy sensibles. Treinta años después de ese “tocho” monumental, todavía hay quien aprovecha un obituario para sacar a relucir la acusación de “verticalismo”, de GM al PCE, como si fuera un pecado inseparable de los malogrados genes de la izquierda; eso en el campo de la derecha sería un “claro ejemplo de liderazgo”.

Para muchos lectores las “Sabatinas” que publicaba semanalmente en La Vanguardia eran cita ritual con GM, aunque para otros el firmante no dejara de ser un retador

Recordemos que sus inicios periodísticos fueron en el exilio, escribiendo para Mundo Obrero. En 1976, después de abandonar el PCE, continuó trabajando como periodista, en medios como Mundo Diario, Triunfo, Diario 16 y Arreu, una revista en catalán más o menos cercana al PSUC. Así hasta Adolfo Suárez. Historia de una ambición (1979), un libro muy crítico sobre el que acontecieron muchas vicisitudes de todo tipo, incluida una suerte de secuestro en su distribución, pero Morán se había ubicado en la pista de despegue de los grandes proyectos ensayísticos: raros y sesudos, individuales y colectivos, entre estos últimos ya hemos mencionado al que entró a saco en la historia del PCE, pero ahí quedaron igualmente para la historia otros títulos, como Los españoles que dejaron de serlo. Euskadi 1937-1981, o El cura y los mandarines (2014), con el duque consorte de Alba, Jesús Aguirre, en funciones de hilo conductor.

Se asomó y huyó de El País sin romperlo ni mancharlo, Cebrián y él no estaban hechos el uno para el otro. En cambio sí fue productivo y duradero el encuentro con La Vanguardia, desde 1988 hasta 2017, periodo en que tuvieron presencia semanal sus Sabatinas, un alarde de periodismo a la altura de su monumental obra libresca (aún recuerdo la que dedicó a Manuel Fernández-Cuesta, tras su muerte), para muchos lectores las Sabatinas eran cita ritual con GM, aunque para otros el firmante no dejara de ser un retador… Me pregunto si procede acabar esta columna con el topicazo de ¡Genio y figura!, dicho con respeto pongamos que sí…

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