Un árbol de raíces sesenteras,
Tal vez un roble o una ceiba
Criado entre sabanas y mesetas,
Quizá un olivo o un guayacán
Una planta cargada de historias que contar
Que no pensaba cumplir sesenta y cinco
Y que quiere estar dos décadas más
Que no imaginaba alcanzar esta altura
Y que desea crecer un poco más
Un árbol de raíces ancladas en dos continentes
Que le han dado peso y sentido a su navegar
De cimientos sembrados allá y acá
Tierras por las que ha sido un lujo caminar
Movido por el viento, bañado por el mar
Soplando ilusiones, regando sueños
Subiendo cuentos y sosteniendo quimeras
Que ha escrito con sus ramas cien palabras que narrar
Que ha cantado con sus hojas mil canciones para recordar
Que ha construido amor dentro de su corteza
Que está enraizado con su socia y a su hogar
Que ha creído desde su copa en la vida y la amistad
Que sigue atravesando el tiempo, que mantiene viva la esperanza
Que lucha a su manera por lo que cree, traficando con palabras
Un árbol privilegiado agarrado a la tierra y surcando el cielo
Que es, que va, que siente, que viene, que está
Sí, como esos viejos árboles
Yarumos, encinas, palmas, sabinas
Que se baten con el viento y que se mecen en el mar








