Francisco Rabal

Amante furibundo de la cultura y cualquiera de sus manifestaciones. Amigo de pintores, escultores, escritores, poetas… Amante de la vida, de los amigos, de la conversación. Defensor respetuoso de sus ideas políticas, amante de la justicia y del diálogo.
Paco Rabal con Rafael Alberti y el periodista y cronista murciano Salvador Jiménez | Álbum familia Rabal Balaguer
Paco Rabal con Rafael Alberti y el periodista y cronista murciano Salvador Jiménez | Álbum familia Rabal Balaguer

Cuando yo era niño, Paco trabajaba como eléctrico en unos estudios de cine madrileños. Subido a las pasarelas desde donde se dirigían los focos, miraba aquel mundo de luces y sombras que se extendía abajo; aquel mundo deslumbrante de ficción donde se recreaban pasiones inexistentes. Seguramente le resultaban tan lejano e inalcanzable como la distancia que promediaba entre las pasarelas y aquellos decorados.

Poco tiempo después el destino le colocó bajo la luz de aquellos focos que él dirigía aunque antes la vida le llevó al teatro, donde su presencia y su voz hicieron que destacara rápidamente. Paco actúa en una película titulada “La pródiga” y allí coincide por vez primera con alguien de mi familia, con mi madre Irene Caba Alba. A partir de su rápida incorporación al mundo del cine sus coincidencias con miembros de mi familia son constantes. Trabaja con mi tía Julia Caba Alba, con mis hermanas, Irene y Julia Gutiérrez Caba y finalmente conmigo.

Describir cómo era Paco es muy difícil. En primer lugar era un trabajador, un trabajador como somos todos nosotros le pese a quien le pese. Nunca olvidó de donde venía y quién era. Una persona que, al menos yo lo creo así, nunca tuvo un mal gesto con una compañera o compañero durante su trabajo, siempre dispuesto a ayudar, a echarte una mano si la precisabas. Era estupendo rodar con él, sentir su afecto y su buena disposición siempre.

Amante furibundo de la cultura y cualquiera de sus manifestaciones. Amigo de pintores, escultores, escritores, poetas…Él mismo solía hacer deliciosos versos sobre la película que estaba rodando, sobre sus compañeros, sobre la vida. Toda su vida está plagada de anécdotas muchas de ellas falsas pero otras auténticas y brillantes.

Amante de la vida, de los amigos, de la conversación. Defensor respetuoso de sus ideas políticas, amante de la justicia y del diálogo.

Recuerdo a Paco en La Alberca donde rodábamos juntos una película titulada “ El gran secreto ” dirigida por un hombre notable, Pedro Mario Herrero. Mes de enero en aquel pueblecito tan hermoso. Las mañanas son claras y soleadas, el cielo azul intenso. Ni los más viejos del lugar recuerdan un invierno tan benigno: justo lo contrario del argumento del film donde el frío, la nieve y la bruma eran fundamentales. Pero todo el equipo se resignó a soportar aquella anomalía que tanto perjudicaba al rodaje.

Una de esas mañanas me asomo al balcón de mi habitación y me fijo en Paco que, sentado en la cafetería del hotel, toma el sol mientras bebe un café y fuma un cigarrillo. Está tranquilo y disfrutando del vientecillo suave que, de vez en cuando, sopla. Es la imagen de la serenidad, la imagen de un hombre, que ha vivido y está viviendo la vida que le gusta. Estiradas las piernas parece absorber por cada poro de su piel la energía del universo, la razón de la existencia.

Sin casi abrir los ojos toma su taza de café y bebe de ella un trago muy corto; fuma con calma. Pienso ¡cuántas vidas hay en esa vida, cuántas miradas en sus ojos, cuántos buenos y malos momentos!

También pienso en lo afortunado que soy habiendo conocido a gente como Paco, por poder compartir trabajo y mesa con él, por cenar  en un humilde restaurante cercano a La Alberca con los demás compañeros y compañeras de rodaje una carne deliciosa con berros y disfrutar en la sobremesa del largo anecdotario que Paco lanza a los cuatro vientos junto a un buen fuego haciendo que todas y todos lo pasemos en grande con su peculiar sentido del humor y de la vida.

Sé que estoy ante una personalidad irrepetible, ante uno de esos seres luminosos con los que uno tropieza pocas veces.

Por eso, aquella luminosa mañana de La Alberca, Paco sentado en el bar, yo en el balcón de mi habitación y al descubrirnos esbozamos ambos una sonrisa y nos saludamos con la mano.

El mejor recuerdo que tengo de Paco Rabal es Paco Rabal tomando el sol en una placita.

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