La república como única alternativa

República para la paz 13J

Hace unos días debatía con una compañera sobre la necesidad y la urgencia de la construcción de la III República y, por tanto, de la militancia en el republicanismo. A menudo nos sitúan a las republicanas en un papel de revanchismo, de pasado y de polarización extrema, pero nosotras sabemos muy bien la importancia de hablar de República. Con memoria, pero sobre todo, con perspectiva de futuro ante todas las problemáticas a las que se enfrenta la clase trabajadora cada día.

Vivimos en un régimen del 78 que no ha sabido o no ha querido en ningún caso desprenderse de las estructuras franquistas, que no realizó una ruptura con la dictadura sangrienta que vivió nuestro país durante más de cuarenta años. Un Régimen del 78 sustentado por la monarquía y por las élites y poderes económicos que se han beneficiado del mismo. Un sistema que abandona a su suerte a la clase trabajadora, en el que la vivienda no es considerada un derecho sino un negocio con el que especular, en el que se permite la asfixia y mercantilización de la sanidad y la educación públicas, un sistema atravesado por la precariedad. Todo un sistema sostenido por una clave de bóveda como es la monarquía.

En este país la República va mucho más allá de la elección de la figura de la Jefatura del Estado. En España, la proclamación de la Segunda y también de la Primera República han supuesto triunfos y conquistas para la clase trabajadora. Aspiramos a la construcción de la III República con perspectiva de futuro, porque sin duda será un triunfo para nuestra clase.

En la actualidad oímos constantemente hablar de la monarquía, por supuesto, siempre en los mismos términos. Los cincuenta años de la muerte del dictador Francisco Franco y la desclasificación a cuentagotas de la documentación del 23F ha situado de nuevo en el centro mediático a Juan Carlos I, quien aparece en los medios de comunicación como el salvador de la democracia, siendo precisamente el principal heredero del dictador y todo lo que ello supone. En cambio, pocas veces nos recuerdan los delitos fiscales y su inviolabilidad ante la ley.

También es habitual ver lo mediático de Leonor de Borbón, sus aventuras militares, realizando en tres años unos estudios que deben realizarse en nueve, nos cuentan de la misma forma que el año que viene irá a la Universidad, por fin a la pública, tras cursar la educación infantil, primaria, secundaria y bachillerato en millonarios centros privados con el dinero de todos y de todas. La famosa “Operación Leonor” está presente en cada portada o noticia en las que se pretende limpiar la imagen de una monarquía que está sin lugar a duda, deslegitimada, obsoleta y cada vez más cuestionada.

Sobre el cuestionamiento de la monarquía es por donde comenzaba el debate con el que he iniciado este texto, pues puede parecer, por el auge en todo el mundo y también en nuestro país de la extrema derecha, que el cuestionamiento de la monarquía está disminuyendo, que el proceso intencionado de los medios de comunicación está funcionando, pero sostengo firmemente la negativa ante esta idea. Pertenezco a una generación que no entiende la existencia de una institución completamente arcaica que goza de inviolabilidad, financiada y sostenida con recursos públicos y donde la ciudadanía es vista como súbdita. Las jóvenes de este país nos damos cuenta de que nuestra vida no es como la de la Princesa Leonor, porque mientras nosotras no podemos emanciparnos, nos enfrentamos a listas de espera interminables en la sanidad pública, vemos cómo nuestra educación pública se cae a pedazos y cada vez tenemos empleos más precarios, Leonor de Borbón goza de todo tipo de privilegios de sangre azul.

Somos muchas las que llevamos la bandera republicana en la muñeca como símbolo y reivindicación de una alternativa que acabe con una institución profundamente antidemocrática y que implique avances y conquistas para nuestra clase. Porque el republicanismo es un movimiento profundamente transversal, no es casual que veamos banderas republicanas en cada movilización. Defendemos la República de la paz, la República del feminismo, la República de la educación y sanidad públicas, la de la cultura, la de los derechos LGTB, la del antifascismo, la de los derechos laborales. Reivindicamos, al fin y al cabo, la República de la clase trabajadora.

Es así que debemos dar la batalla, poner el republicanismo en el centro del debate político, hablemos de República en cada espacio de nuestra vida cotidiana, en nuestros centros de trabajo, de estudio, en los bares, con nuestras amigas, con nuestros familiares, hablemos de República como alternativa real a las problemáticas que atravesamos como clase. Un país supuestamente democrático no debe tener ni coronas ni privilegios de sangre, no debe permitir que siga en pie una institución medieval que sostiene todo un sistema y entramado en el que nuestras vidas son mercancía y negocio.

Por ello, porque no podemos permitirlo más tiempo, ante la urgencia de un cambio de sistema, el próximo 13 de junio tenemos una cita importante en Madrid, desde todos los lugares del Estado, con la tercera Marcha Republicana estatal consecutiva. Salgamos a las calles, inundémoslas de banderas tricolores, movilicémonos en el republicanismo, apostemos por la República como única alternativa y como garante de derechos. Marchemos por la República y dejemos clara la voluntad republicana sin fisuras de la mayoría social de nuestro país.

La defensa de la República está inherente a nuestra historia, nuestra memoria y nuestra tradición política de lucha. La República ante la barbarie imperialista, frente al sistema que oprime y asfixia a nuestra clase: república como vía al socialismo.

(*) Secretaria de Republicanismo de la UJCE