Die Linke ha ganado las elecciones al Parlamento de Berlín y lo ha hecho con una ventaja suficiente sobre sus principales rivales como para situarse en el centro de cualquier conversación sobre el próximo Gobierno de la capital alemana. Finalmente, el partido se ha quedado con el 25,7% de los votos, por delante de la CDU, con 18,8%, los Verdes, con 14,3%, AfD, con 16,3%, y una SPD que cae hasta el 12,1%.
El resultado no supone una sorpresa completa. Die Linke llevaba meses apareciendo en los primeros puestos de las encuestas y llegó a la jornada electoral como una de las opciones con posibilidades reales de quedar primera. Lo que sí cambia es la magnitud del resultado y, sobre todo, la posición política desde la que Elif Eralp afrontará ahora las negociaciones.

La formación ha conseguido además atraer votos de distintos espacios. El modelo de transferencia elaborado por infratest dimap estima ganancias netas procedentes de antiguos votantes de los Verdes y de la SPD, pero también, y de manera especialmente significativa, de personas que no habían acudido a votar en la anterior elección.
Una campaña para convertir a Die Linke en el problema
El resultado llega después de una campaña en la que Die Linke ha sido sometida a una fuerte ofensiva política. La CDU convirtió a la formación en su principal adversario y presentó la posibilidad de que llegara al Gobierno como una amenaza para la ciudad. El discurso no se limitó a las propuestas actuales del partido: también recurrió a su historia y a su relación con la tradición política de la antigua Alemania Oriental.
Die Linke procede, en buena medida, de la antigua PDS, heredera del Partido Socialista Unificado de Alemania (SED), la formación que gobernó la República Democrática Alemana. Ese pasado forma parte de la historia política de la organización y la propia Die Linke no lo borra de su genealogía. Al mismo tiempo, la formación actual mantiene posiciones y debates internos que se distancian de distintos aspectos de aquel periodo y ha experimentado una transformación profunda en su composición y programa.
La utilización electoral de ese pasado ha convivido con otra línea de ataque: las posiciones de la formación sobre Palestina y las discusiones internas acerca del antisemitismo. Durante la campaña, CDU y SPD cuestionaron la posición de Die Linke sobre Israel y Palestina y acusaron a sectores del partido de tolerar expresiones antisemitas. El asunto se convirtió especialmente en un problema para Eralp después de un acto de la organización de Neukölln en el que intervino un rapero con consignas consideradas antisemitas y que posteriormente fue objeto de una investigación policial.
Eralp, sin embargo, ha defendido públicamente una posición que distingue entre la protección de la población judía y la solidaridad con la población palestina. Ha reivindicado tanto la seguridad de la comunidad judía como la de las poblaciones musulmana y palestina y ha defendido el derecho de los palestinos a la autodeterminación, al tiempo que sostiene que la existencia de Israel y el derecho de los judíos a vivir con seguridad no son cuestiones negociables.
La controversia ha sido utilizada durante la campaña para cuestionar la capacidad de Die Linke para formar parte de un Gobierno. Los Verdes también han expresado dudas sobre algunos episodios, aunque su candidato Werner Graf se pronunció durante la campaña a favor de una posible coalición con Die Linke y la SPD.
La vivienda como explicación del resultado
Frente a esta ofensiva, Die Linke ha mantenido una campaña centrada fundamentalmente en la cuestión material que más preocupa a los electores berlineses: la vivienda. El coste de los alquileres ha sido el principal asunto de la campaña y la formación ha construido alrededor de él buena parte de su identidad electoral.
Su propuesta más controvertida es también la que ahora puede convertirse en uno de los principales obstáculos para formar Gobierno: la expropiación y socialización de las grandes empresas inmobiliarias. Die Linke defiende llevar a la práctica el mandato del referéndum de 2021, en el que un 57,6% de los votantes apoyó que las grandes compañías inmobiliarias fueran socializadas. El referéndum no tenía carácter vinculante, pero se ha convertido en una referencia central para la política de vivienda de la izquierda berlinesa.
Eralp ha mantenido esta posición hasta el final de la campaña y ha insistido en que los berlineses ya expresaron su voluntad sobre la cuestión. La propuesta, sin embargo, no cuenta con el respaldo de la SPD. Su candidato, Steffen Krach, había situado la expropiación de las grandes empresas inmobiliarias entre sus líneas rojas para una eventual coalición.
El choque es especialmente significativo porque la vivienda puede ser también el punto de encuentro que permita articular un Gobierno alternativo al actual. La CDU ha descartado gobernar con Die Linke y el escenario que queda para que Eralp pueda intentar ocupar el Rotes Rathaus pasa por un acuerdo con Verdes y SPD. La otra combinación que aparece sobre la mesa es CDU, Verdes y SPD.
El dilema de la SPD
Ahí aparece el principal interrogante de la noche electoral. La SPD queda reducida a un 12%, muy lejos de sus resultados tradicionales en Berlín, y pierde votos hacia Die Linke. Al mismo tiempo, tendría que decidir si permite que la formación vencedora encabece un Ejecutivo tripartito.
La cuestión no es únicamente aritmética. La SPD tendría que negociar con una Die Linke que coloca la vivienda pública, la intervención sobre los grandes propietarios y la socialización de parte del parque inmobiliario en el centro de su programa. También tendría que hacerlo después de una campaña en la que ambas formaciones se han atacado duramente.
Para Die Linke, la victoria abre una etapa distinta. Ya no se trata de demostrar que puede ganar unas elecciones en Berlín. El siguiente paso será comprobar hasta dónde puede trasladar al Gobierno las reivindicaciones que han articulado su crecimiento electoral: alquileres asequibles, ampliación de la vivienda pública y recuperación para el sector público de parte del poder perdido frente a las grandes empresas inmobiliarias. El resultado no elimina las contradicciones internas de la formación ni las controversias que han acompañado su crecimiento. Pero sí modifica el punto de partida: después de años en los que la política berlinesa estuvo dominada por la CDU y la SPD, Die Linke se presenta ahora como la fuerza más votada y obliga al resto de partidos a responder a una cuestión que hasta hace poco parecía mucho más lejana: qué significa que la izquierda pueda dirigir Berlín. Esto es, hasta dónde van a permitir que se ejecuten políticas de izquierdas en la capital.







