Con la mayor desfachatez del mundo, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, acaba de hacer el anuncio de un acuerdo para controlar 65 mil millones de barriles de petróleo de Venezuela, con lo cual se autoproclama, de facto, dueño y señor de toda la faja del Orinoco.
Como diría Cristo en la cruz, «consumado es» lo que empezó brutalmente con asesinatos en altamar en una mentirosa lucha contra el narcotráfico, continuó con la movilización de toda su flota de guerra frente a las costas venezolanas, y concluyó con el bombardeo de Caracas y secuestro del presidente constitucional Nicolás Maduro.
Todo el mundo lo denunció entonces: no era una acción contra el narcotráfico, ni le interesaba tampoco acabar con ese flagelo que tiene su centro en los propios Estados Unidos por ser el mayor consumidor de estupefacientes en el mundo.
Se sabía que el objetivo era el petróleo, como lo fue en Iraq bajo los Bush padre e hijo, o Libia, Siria, Irán, Nigeria y otros países productores, y lo seguirá siendo mientras el combustible fósil sea imprescindible para mantener el imperio, al igual que lo son las tierras raras.
Desde esa perspectiva es difícil que las guerras terminen si no se hunde primero su gran generador.
Desde la primera lanchita hundida —posiblemente de infelices pescadores pues jamás presentaron prueba alguna de que se trataba de narcotraficantes y no dejaron huellas para averiguarlo pues todas fueron reventadas para que no quedaran ni astillas de sus cascos—, se supo que Venezuela era víctima de corsarios y piratas yanquis, cuyo oro era negro como las alas del totí.
¡Qué interesante el momento en el cual Trump hace el anuncio en sus redes! Es decir, cuando la campaña contra él y su gobierno con vistas a las elecciones intermedias del 3 de noviembre está en pleno apogeo, el «rey león» le ofrece el gran «regalo» de lo ajeno al elector, y lo empalaga con promesas que no cumplirá porque todo el dinero que deje el botín venezolano se sabe a qué manos irá.
Trump informó este viernes que Estados Unidos y Venezuela acordaron el negocio petrolero «más grande» de la historia del mundo de más de 65 mil millones de barrilles, a través de su cuenta de Truth Social.
Fue una forma de decir. No hay tal negocio con Venezuela. Eso está claro. Es robo grosero y descarado resultado de la alta traición al bolivarianismo. Lo confesó el propio Trump con palabras melosas que lejos de almibarar la vergüenza la hace más penosa:
«Bajo mi dirección, el secretario de Estado, Marco Rubio, y el secretario de Guerra, Pete Hegseth, en estrecha colaboración con la muy respetada presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, y a través de una alianza con el sector privado, han conseguido que Estados Unidos obtenga el control mayoritario de más de 65 mil millones de barriles de reservas probadas de petróleo en Venezuela, sin coste alguno para el contribuyente estadunidense», escribió en su sitio.
Y la connotación no puede ser más terrible y dolorosa para los venezolanos, y en general para América Latina:
«Esta transacción histórica duplica con creces las reservas de petróleo estadunidenses, aumenta considerablemente nuestro suministro de petróleo y reducirá sustancialmente los precios de la gasolina para todos los estadunidenses a largo plazo, al tiempo que contribuye a que Venezuela continúe encaminándose hacia un éxito rotundo y una gran prosperidad”, añadió.
Tales expresiones confirman que es una falacia la declaración del PSV para justificar su flaqueza y la conculcación de un partido que enalteció al Libertador Simón Bolívar y a su mejor alumno en toda la historia heroica de Venezuela, Hugo Chávez Frías quien, como Nicolás Maduro, ha sido vilmente traicionado.
Ojalá que la piratería y el corsarismo imperialista despierten a América. Que se tome en cuenta las consecuencias del entreguismo.
Ya desde este continente sale casi la mitad del petróleo que se comercia y consume en el mundo, y eso cobra mayor importancia en el contexto del fracaso de la guerra criminal contra Irán, el bloqueo del estrecho de Ormuz y los ataques cruzados contra la infraestructura energética de Oriente Medio.
Según Bloomberg, este hemisferio produce actualmente 39,5 millones de barriles diarios de crudo y otros derivados del petróleo, además de 2,5 millones de barriles diarios de etanol y biodiésel. En total, 42 millones de barriles más que en cualquier otra región del mundo, incluido Oriente Medio.
Hay una decisión fascista de controlar todo el continente y sus riquezas, y de tal amenaza no escapan los grandes como Canadá, México, Brasil y los que ya están sometidos como Argentina, Chile, Perú o Colombia.
Es obvio que la era de Trump tiene muy en cuenta el cambio de época y busca fortalecerse y garantizarse sus cadenas de suministro de materiales estratégicos, casi vírgenes en Latinoamérica.
Y para obtenerlos y decidir sobre ellos, la tecnocracia multimillonaria fascista tiene a su Hitler, el hombre sin escrúpulos y ambición desmedida que puede convertir al planeta en un asteroide fantasmal, silencioso, en escombros y sin vida.







