El calor extremo avanza más rápido que las ciudades: ni las nuevas zonas verdes frenan sus efectos

Las ciudades avanzan en zonas verdes y medidas de adaptación, pero el aumento de las temperaturas y sus impactos exige transformaciones estructurales para hacer frente a un clima cada vez más extremo
Un turista se protege del sol en Berlín, unas de las ciudades que ha alcanzado este verano temperaturas récord. Fuente: Berlin.de

El cambio climático está empujando las temperaturas hacia territorios desconocidos mientras las ciudades europeas intentan adaptarse a un fenómeno que avanza más deprisa que sus medidas de protección. Agosto fue el mes más cálido a escala mundial desde que existen registros, con una temperatura media de 16,96 ºC, mientras que este verano se convirtió en el más caluroso registrado en Europa occidental, según el servicio Copernicus de vigilancia del clima.

El récord de agosto supera los 16,95 ºC registrados en julio de 2023. La temperatura media del pasado mes estuvo además 0,85 ºC por encima de la media del periodo 1991-2020 y 1,65 ºC por encima de las estimaciones para la época preindustrial. Es la primera vez desde noviembre del año pasado que un mes vuelve a superar el umbral de 1,5 ºC de calentamiento respecto a ese periodo de referencia.

En Europa occidental, la anomalía fue todavía más acusada. El verano terminó con una temperatura 2,54 ºC superior a la media, superando ampliamente el anterior récord, registrado en 2003, cuando la desviación fue de 1,98 ºC. En el conjunto del continente, fue el tercer verano más cálido, solo por detrás de los de 2022 y 2024.

Las olas de calor se sucedieron durante un verano marcado también por la sequía. Grandes ríos europeos como el Rin, el Danubio y el Vístula alcanzaron niveles excepcionalmente bajos. El calor se extendió además al agua: la temperatura media de la superficie de los océanos fue de 21,07 ºC en agosto, récord para este mes, mientras que se registraron temperaturas especialmente elevadas en el Atlántico y el Mediterráneo occidental.

El problema no termina en los termómetros. Un informe de Lancet Countdown Europe, que analiza 28 indicadores relacionados con cambio climático y salud en más de 850 ciudades europeas, advierte de que las medidas de adaptación urbana están reduciendo algunos impactos, pero no al ritmo necesario para compensar el crecimiento de los riesgos.

El dato más contundente se encuentra en el sur de Europa. La mortalidad relacionada con las altas temperaturas aumentó un 160,6% entre 2015 y 2024 respecto a la década 1991-2000. Las ciudades meridionales son también las que acumularon más jornadas en las que la temperatura urbana superó en más de 1,5 ºC a la de las zonas rurales próximas.

La mortalidad relacionada con las altas temperaturas aumentó un 160,6% entre 2015 y 2024 respecto a la década 1991-2000.

La propia adaptación demuestra sus límites. El 88% de las ciudades analizadas ha conseguido reducir el efecto de isla de calor urbana en verano, con una disminución media de 0,7 ºC asociada principalmente a la expansión de espacios verdes y a cambios en las superficies urbanas. En las 850 ciudades estudiadas se han desarrollado 1.519 planes de adaptación, centrados en infraestructura verde, participación ciudadana, protección frente a inundaciones y restauración ecológica.

Son avances relevantes, pero insuficientes. “Las olas de calor y los incendios forestales de este año no son catástrofes aisladas, sino síntomas de un clima que se está calentando”, advierte el investigador de Lancet Countdown Europe José Chen. El informe señala que la capacidad de las ciudades para actuar no está creciendo al mismo ritmo que los riesgos climáticos.

La evolución de los incendios ofrece otra muestra de esta aceleración. Este verano ha dejado fuegos de dimensiones extraordinarias en distintos puntos de Europa, como el registrado cerca de Burdeos, en Francia, o el de Niebla, en Huelva, ambos considerados de magnitud récord en sus respectivos territorios. El aumento del peligro de incendios forestales también aparece reflejado en los datos: creció un 7% entre 2003 y 2023.

El calentamiento está generando además nuevos riesgos sanitarios. La idoneidad climática para la expansión del dengue aumentó un 369,3% en las ciudades europeas entre 2015 y 2024 respecto al periodo 1982-2010.

Europa se encuentra, al mismo tiempo, entre las regiones que más están avanzando en adaptación climática. El problema, según los investigadores, es que hacer las ciudades más verdes y resistentes no puede sustituir a frenar el calentamiento que está multiplicando las amenazas. “Debemos aprovechar su ambición y garantizar que las ciudades cuenten con los medios necesarios para proteger la salud y el bienestar”, sostiene Cathryn Tonne, codirectora de Lancet Countdown Europe.

La conclusión del informe es clara: las medidas de adaptación y mitigación están aumentando, pero también deben hacerlo “la escala y la rapidez” con la que se aplican. Las ciudades pueden reducir el calor que generan sus propios espacios urbanos, pero cada vez tienen más dificultades para compensar unas temperaturas exteriores que continúan batiendo récords.

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